Ministerios de progreso

Se expande la euforia entre los españoles y no es para menos desde que se conoce que ya disponemos de ministerios y direcciones generales que cuidan con solicitud por todo lo que nos afecta en nuestra vida diaria, nimiedades incluidas.

Cuando antañazo, los ministerios eran artefactos muy pesados y por eso llevaban nombres sólidos como Hacienda, Defensa, Asuntos exteriores y por ahí adelante. ¿Qué se derivaba de este organigrama? Pues que los ministros eran hombres (rara vez mujeres) aburridos, pelmazos insufribles, vestidos con traje gris y corbata ajustada, a veces con leontina, siempre con el ácido úrico elevado y las transaminasas por las nubes con la consiguiente alteración hepática que tan mala leche genera. ¿A alguien le puede extrañar que los Gobiernos y la Administración en general tuvieran tan mala prensa entre los ciudadanos reumáticos y sojuzgados?

Hoy, en la época del progreso y de su hijo preferido, el progresismo, nos hemos liberado felizmente de estas trabas onerosas y por eso los ministerios llevan nombres alados como ocurre con el de Igualdad o el de Inclusión. Subsisten aún algunas denominaciones adustas como es el caso de Interior pero pronto se llamará de “Serenidad y buenas maneras en el tráfico” y contará con la Dirección general de señores y señoras delincuentes / as, cuyo titular / a habrá de ser un forajido / a con trienios y experiencia comprobada en la ergástula. De la misma manera que se ha nombrado ya para la “diversidad racial” a una negra perfectamente “racializada”.

O el de Igualdad (le falta Libertad y Fraternidad pero llegarán) que vela porque todos seamos iguales como en la Venganza de don Mendo: “trece, catorce, quince, dieciséis, todos iguales para mí seréis”. Aquí es donde se alojan la Igualdad de trato y diversidad étnico racial y la Diversidad sexual, direcciones de las que todos esperamos los más granados frutos igualitarios sobre todo porque ya contamos con un “Programa mainstreaming de género”, una joya inesperada en el lenguaje burocrático que hasta ahora a nadie se le había ocurrido. Debemos alegrarnos de la llegada del mainstreaming y no debemos hacer caso a los gruñones de siempre que se quejan por meter palabras inglesas entre las designaciones ministeriales porque si somos así de políglotas y de finos lingüistas ¿por qué razón hemos de ocultarlo? Que rabien y aprendan inglés por la televisión esos envidiosos que buena falta les hace.

Hay otro de Memoria democrática, lo que excluye la autoritaria con lo que desaparecerán de los programas de estudio las etapas de dictadura, por ejemplo, la del general Primo de Rivera con la que tan gustosamente colaboró el socialismo español y, por supuesto, la del general Franco.

Todo estos avances están muy bien y solo los jeremías podrán lamentarlos.

Pero yo no me conformo con ellos. Quiero avanzar más siguiendo la flecha de ese progresismo que nunca claudica. ¿Para cuándo un ministerio de las bienaventuranzas? ¿O una secretaría de Estado de los nobles sentimientos? ¿Y la dirección general de los sueños, habremos de seguir esperándola? ¿Y la de la amistad? ¿O el ministerio de la soledad donde el subsecretario deberá saber recitar entero el poema “A mis soledades voy, de mis soledades vengo ….”? ¿Veremos por fin en las calles de Madrid el flamante ministerio de “las puertas giratorias” que han de estar dando vueltas como un tiovivo? El de Universidades ¿incorporará un instituto especializado en plagios de tesis doctorales?

Con ser estas carencias serias, lo que más añoro es que se ofrezca acogida al ministerio de la Concupiscencia para hacer un Programa y un mapa transversal e interactivo del apetito desordenado de los placeres mundanos que andan sueltos por parlamentos, ministerios, parroquias, ayuntamientos, McDonalds y lupanares.

Me pido la Subsecretaría de la Voluptuosidad o su dirección general de Cosquillas y Carantoñas.

Publicado en: Blog, Soserías

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