En una Historia que está ensuciada por la hipocresía, una de las más ofensivas es la de dedicar un monumento «al soldado desconocido». Porque «desconocido» era sin duda para el gobernante desalmado que le había enviado a la guerra, pero para su madre ¡vaya si era conocido! De ella, de esa madre, no quedan en los libros de historia más que el reguero de sus lágrimas. El malvado sabio que fue don Francisco de Quevedo sostuvo que «la calle másLee el resto…