Hubo un tiempo en que se hacía el encaje de bolillos, un oficio de artesanos habilidosos que entretejían hilos enrollados en los bolillos. Para sujetar el trabajo culminado se utilizaban unos alfileres clavados en el “mundillo” (en puridad, una almohadilla). En las tiendas del centro de Bruselas solía yo ver en mis paseos crepusculares, cuando ocupaba escaño en el Parlamento europeo, las tiendas donde se exhibían primores que eran justamente “encaje de bolillos”, piezas que combinaban el lino, la sedaLee el resto…