Postureo

¡Ay, qué mareo me da el “postureo”! No, no es un cachondeo, es como si estuviera en el último jadeo y mi hormigueo en su apogeo.

Hablando en serio anotaré que las idas y venidas de la actualidad política, con su rigodón de reuniones, ruedas de prensa, mohínes y órdagos, traerán avances vagamente positivos. En cualquier caso, contribuyen a renovar el lenguaje. Es la ventaja que tiene el hecho de que el diccionario sea de goma y producto -según los doctores de la Iglesia- del hablar espontáneo del prójimo: cada uno puede aportarle su propia invención y bastante es que no se pidan derechos de autor. La radio y la Sexta hacen el resto.

Es verdad que no vivimos una época de brillantez oratoria ¿para qué engañarnos? pero sí de creación incensante de palabras que dan idea de nuestra fecundidad en el arte de la comunicación. ¿De qué pues podemos quejarnos?

Ahora le ha tocado el turno al “postureo”. ¿Qué quiere decir? Como la Real Academia no da cuenta de la palabra me permito aventurar la siguiente hipótesis.

Antiguamente quien comparecía en la tribuna pública expresaba su “postura” sobre un determinado asunto, es decir, su actitud o su pensamiento a la hora de afrontar el problema de la vivienda, de la sanidad, de los juguetes bélicos o de la paz en el Sudeste asiático. Eran tiempos pacatos en los que el hablante que no sabía de algo se callaba por creeerlo muestra de prudencia y sensatez y de respeto a la persona que había leído libros y le adornaba la sindéresis. La consecuencia es que se oían a la sazón opiniones en sazón, criterios madurados en el estudio o en la observación atenta de la realidad y su circunstancia.

Hoy, cuando realmente se ha consumado la rebelión de las masas (la que describió Ortega en los años treinta era un juego de niños), esa que permite hablar al merluzo y expresarse por la radio o en twitter al ignaro, el vecino que no tiene una postura definida sobre un asunto, en vez de estarse calladito e informarse en el Espasa, practica el postureo de la misma manera que el gobernante que no sabe qué hacer con lo que se lleva entre manos en vez de gobernar practica la “gobernanza”.

De donde me permito sostener que el postureo tiene que ver con la divagación que es hablar de forma desconcertada, sin un guión previo ni plan ajustado a conocimiento alguno. Es una variante del merodeo, del rodeo y del escarceo que son las expresiones más cabales de la vagancia, del atropello a la reflexión y al recto discurrir.

Quien practica el postureo es un tipo dado al pensamiento errabundo y portátil, un sujeto de cabeza destartalada. No tiene voz, es eco.

Allá cada cual. Lo que me molesta es que se identifique el postureo con el pasteleo porque no comparto la definición despectiva del DRAE que lo identifica con el hecho de “contemporizar con miras interesadas”. Un respeto por favor, señores académicos, a quien hace pasteles que es una de las más plásticas formas de expresar el arte. Y quien no lo crea que se asome al escaparate de una confitería.

Postureo es más bien mercadeo. El mercadeo con ideas postizas y compradas en las rebajas. Residuos frívolos que el mar de la actualidad escupe.

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Publicado en: Blog, Soserías

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