El Prócer, altivo, ignorante, sectario y plagiario, se hallaba inquieto, observando con determinación, pendiente de todos los detalles, enredado en la maraña burlona de las dudas. El Prócer era la desnuda imagen del titubeo. El Prócer, admitámoslo, se sentía un punto alelado. La Historia, por su parte, oronda, atiborrada de siglos, desparramada en volúmenes y más volúmenes, ahita de fechas, salpicada de sangres, coronada en mil coronaciones y curtida en mil batallas, miraba al Prócer, le confundía con unos guiñosLee el resto…