¡Sin mítines!

Hemos vivido una elección de gran relieve ¡sin mítines!

Y ahora vemos que el tiempo dedicado por algunos a la bazofia mitinera, a decir melonadas y a repetir tópicos, hay quien lo emplea en estudiar matemáticas y filosofía.

El argumentario sustituido por Spinoza, por Kant y por Wittgenstein. O por el álgebra.

Y, en lugar de maltratar la geografía en un Peugeot, el recogimiento domiciliario aprendiendo idiomas, no uno, sino media docena, con ampliación, como aquel que busca un ancla, a las lenguas madre, al latín y al griego.

¿Alguien imagina a España sin discursos zafios? ¿Sin insultos burdos? ¿Sin que el candidato A «arremeta» contra el candidato B? ¿Y sin que el candidato C «arrope» al candidato Z?

Y es que para algunos la palabra es ladrillo, mientras que para otros es metáfora.

Porque hay el bisutero y hay el joyero.

Hay el menestral de la palabra y el orfebre de la alegoría.

Quienes trabajan con la consigna y quien pule la parábola.

Hay quien mece los razonamientos y quien los zarandea.

Hay quienes predican el diálogo y quienes construyen un Muro.

Hay quien procura encender luces y quien provoca el Apagón.

Hay quien se solaza con la pluma chabacana y quien al menos intenta la eminente.

Hay quien hace confites de la chapuza.

Hay mezcla de países y de colores de piel, todos iguales, y hay quienes acumulan los nacionalismos, los privilegios y las lenguas usadas como torpedos, como pedruscos de crueldad.

¿Un modelo a seguir? me pregunta la voz de la conciencia.

– No, no hay modelos limpios porque no hay cultura virgen.

– ¿Entonces?

– Una referencia a meditar.

– ¿Y qué le parece eso de que solo un puñado de ancianos pueda decidir?

– Un poco raro, pero a la vista de los frutos tan desaseados y desalumbrados que dan nuestros votos, habrá que pensarlo.

Por de pronto, se impone declarar la obligación de confesar el aplauso mercenario, aquel que sirve para ganarse el sustento con deshonra.

Y pecado mortal la asistencia a un mitin.

Por supuesto, para la persona que se suba a la tarima y nos aturda con sus decires de calderilla y nos aflija con sus sandeces, procede entregarle al brazo de la Santa Inquisición y aplicarle alguno de sus dulces tormentos.

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Publicado en: Blog, Soserías

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