Virtud de lo virtual

¡Acabáramos! Tanta preocupación por las circunstancias circundantes y circunyacentes, tantos sobresaltos y desvelos desvelados y resulta que todo se puede solucionar recurriendo al último alarido de la moda tecnológica: las gafas de la realidad virtual que se han expuesto en una de las mayores ferias del sector (aunque ahora a las ferias y a cualquier acontecimiento se les llama “eventos”).

Tal como se nos anuncia son gafas que “han llegado para quedarse” (otro hallazgo expresivo propio de la bobería circundante y circunyacente) y además son “implementos” que nos sumergen en “una experiencia increíblemente inmersiva”, así que ¿alguien da más por unos cuantos euros?

Por si fuera poco, cuentan con un casco y auriculares y, ojo, con un “pack con sensor de movimientos” y un “kit de desarrollo OSVR y Team Fortess 2″.

De verdad, lector atolondrado: ¿no te das cuenta del avance vivido?

Que no te gusta la enseñanza que tenemos ni las pérfidas reválidas -esas que tanto inquietan el sueño de nuestros adolescentes- pues miramos por la gafa virtual y veremos a Sócrates en plena faena en Atenas y todo se nos volverá gozo infinito, un escenario color de rosa, con ritmo de ola de playa y con sonido del cantar de los pájaros.

Tampoco te gusta cómo van las cotizaciones de Bolsa porque te tienen al borde de la necrosis isquémica, pues, alma de cántaro, mira por la gafa virtual y advertirás al índice Nikkei, al Dax y al Ibex en sus momentos más esplendorosos. Tus ojos, mimados por la gafa, acariciarán las mejores esperanzas, los verdores de las ganancias y las curvas esbeltas de los dividendos.

Pues ¿qué me dices de los ruidos que te ves obligado a soportar en las calles, en los bares y demás? La gafa virtual te aísla de ellos y te sumerge en un silencio que es pura brisa de oro. Parece que la gafa hasta acaba con esa música ambiental infame que nos vemos obligados a sufrir (en el autobús, en el dentista, en los almacenes …) aunque no creo que hasta esta máxima liberación nos lleve la gafa. Más pienso que habrá que esperar algún modelo renovado del futuro.

¿No entiende usted la factura de la luz ni la del agua ni la del teléfono? Pues pruebe a mirarlas por la gafa de marras y verá la cadencia de sus cifras, el acierto de su combinación, la suave caricia de su mensaje y hasta las luces de sus guiños cómplices.

Es verdad, ay, que a veces producen las tales gafas mareos, fatigas y como náuseas pero son molestias que podemos calificar como bagatelas si se las compara con las mareas, fatigas y náuseas que nos depara la realidad-realidad, la realidad fetén, la de toda la vida, la que viene del Paraíso terrenal, de nuestros primeros padres y nuestras primeras madres.

Si querer cambiar la realidad es un signo de pedantería, mirémosla por la gafa virtual que nos acerca con dulzura a la mentira. Una mentira real pero ¡tan consoladora!

 

 

Publicado en: Blog, Soserías

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