Desmayos

Para subrayar el éxito alcanzado por un cantante moderno en uno de sus conciertos se escribió en la crónica periodística que “se produjeron a lo largo de la actuación decenas de desmayos“. También en el mundo de los toros es moda actual decir que el diestro ha toreado “esmayao” para indicar que lo ha hecho con gusto y arte. El desmayo ha ganado, como se ve, en el mundo de los espectáculos prestigio y reputación.

Hace años, por el contrario, desmayarse era cosa de embarazadas o de tuberculosos y quien se desmayaba era conducido a una casa de maternidad o a un sanatorio bien ventilado con un ejemplar de “la montaña mágica” de Thomas Mann para que con su lectura entonara el ánimo. La gente no se atrevía a desmayarse sino en presencia de su abogado. Los únicos desmayos impunes eran los de mentirijillas, los desmayos de la actriz de teatro o de las bailarinas de ballet que son quizás las personas que mejor se han desmayado a lo largo de la Historia.

Y es que durante siglos el desmayo fue sinónimo de estómago vacío. Los pobres han sido artesanos del desmayo, en rigor un pobre no es sino el desmayo de la sociedad capitalista. El pobre es esa maceta que ponemos en un rincón del jardín con los esquejes muertos. Ahora, si los desmayos se ponen de moda en los conciertos y en las plazas de toros, hay que prepararse para la formulación de una nueva estética del desmayo demasiado vinculado al romanticismo y a la tisis, como ya se ha dicho. Acaso nos encaminamos hacia una nueva edad romántica y los desmayos de este final de siglo son las golondrinas que la anuncian.

Ahora bien, que nadie se haga ilusiones porque un desmayo conseguido no está al alcance de cualquiera. Menos aún, saberlo llevar con dignidad. El desmayo es un arte y a veces con él, como con un cuadro o un cuento, se quiere impresionar, sorprender, contar una historia, crear una complicidad. Quien se desmaya bien puede causar envidia pero también hacer germinar la amistad o, al menos, una solidaridad vagamente evangélica. Si se pudieran pintar los desmayos tendrían el color rosa o el azul, siempre pálido, y las más de las veces exhibirían el semblante positivo de los sentimientos sinceros.

Es paradójico que una sociedad como la nuestra que sacraliza la fuerza y el vigor físico esté al mismo tiempo descubriendo la dimensión artística del desmayo y su condición de señal del entusiasmo, del acierto y hasta del erotismo porque una mujer bien desmayada pone cachondo hasta a un hirsuto eremita. Y es que los labios de la desmayada piden besos de mucha entrega y convicción porque son los únicos que sacan de un desmayo para hacer caer en otro.

Es de prever que pasará a otros ámbitos de la vida cotidiana el desmayo. Y así, en el Parlamento, cuando se quiera resumir la gran faena de un orador, se dirá que durante su intervención se han desamayado siete diputados, dos ministros y la amante de un subsecretario que se hallaba en la tribuna del público. Un conferenciante será tanto más reputado cuanto mayor sea el número de desmayados que sus palabras provoquen y en los viajes de novios se asegurarán los desmayos coitales de la misma forma que ahora se asegura el parabrisas del coche. Quedar enervado por la voluptuosidad del desmayo es cosa fina y con él el paisaje humano gana en claridad y, sobre todo, en galantería.

Se podría instituir un día del desmayo como hay el día del padre y podría erigirse el monumento al desmayado desconocido. La Iglesia debería crear el sacramento del desmayo que se administraría con el máximo esplendor de vestimenta y trebejos litúrgicos y el gran hallazgo sería un ministerio de los desmayos con un hipotenso al frente. Ojalá este artículo no sea leído hasta el final y haya conseguido desmayar a algún lector en la tercera línea.

Tengo para mí que el éxito del desmayo solo se alcanzará plenamente si lo sacamos de la Seguridad social donde vive aherrojado y lo ponemos como asignatura en las escuelas de Bellas Artes. Así habrá museos del desmayo pero no podrá haber ejército ni desfiles de desmayados porque éstos llevan el paso cambiado, que en eso en buena medida consiste el desmayo. Hay que imitar a la Naturaleza y desmayarse con la misma elegancia y naturalidad de la Noche que jamás utiliza ese pomo de sales que es la Luna.

Precisamente cuando la Naturaleza se desmaya es cuando nace el Arte. Velázquez nació de un desmayo de aquella Corte en la que le tocó vivir. Las vanguardias son un desmayo de la tradición y las revoluciones aprovechan para estallar el desmayo de los políticos como los grandes inventos aprovechan para hacerse notar el desmayo de la rutina. Y hasta la justicia solo resplandece cuando se desmayan los profesionales del Derecho. En fin, la Vida misma ¿no está cimentada sobre el desmayo de la Muerte?

 

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Publicado en: Blog, Soserías

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