Panfleto contra la trapacería política. Nuevo Retablo de las Maravillas.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Libros, Portada abajo central

Desde Europa a España

Histórica es la decisión de la Comisión europea de iniciar un procedimiento de infracción contra la República Federal de Alemania motivado por la sentencia del Tribunal Constitucional de Karlsruhe referida a la compra de activos por el Banco Central Europeo para hacer frente a los efectos de la crisis económica y del virus. A juicio de la Comisión – presidida por una alemana, la señora von der Leyen- los jueces alemanes habrían vulnerado “principios fundamentales del Derecho de la Unión Europea” cuando declararon parcialmente inconstitucional el programa de compras del Banco Central que una sentencia del Tribunal europeo – con sede en Luxemburgo- había considerado correcto.

La jurisprudencia alemana sentaba un precedente en extremo peligroso por cuanto amenazaba la unidad del Derecho europeo y abría la vía a configurar una “Europa a la carta”.

La cuestión es clara: ¿qué autoridad tendrían las instituciones europeas para combatir a los Gobiernos polaco o húngaro cuando perpetran infracciones de los valores básicos europeos si se autoriza idéntico comportamiento a la poderosa Alemania? Además, si el juez alemán se permite desafiar la primacía del derecho europeo respecto de los derechos nacionales ¿por qué va a tener prohibida esta licencia el juez español, el portugués o el griego?

Estamos – como se ve- ante una cuestión central de la construcción europea.

El asunto en Alemania está conectado con los celos que el juez alemán viene incubando desde hace tiempo respecto de su colega europeo. A juicio del primero, el segundo corre el peligro de ir construyendo, con sus sentencias, un edificio de corte federal acampado extramuros de los Tratados, criaturas del derecho internacional que, como tales, no pueden convertirse en una auténtica Constitución.

El “bajo continuo” que suena en la jurisprudencia de Karlsruhe es que en Europa no hay más soberanía que la de los Estados, únicos “señores de los Tratados”. Un ex magistrado, influyente por su condición de pretigioso catedrático de Derecho público y de persona activa en los medios de comunicación, Dieter Grimm, lo ha resumido en un aviso amenazante: si a tal fin se llegara por la voluntad de los actores políticos de la escena europea, la República Federal alemana, con gran dolor de sus entrañas y amores europeístas, se vería obligada a abandonar el proyecto europeo por la sencilla razón de que ese viaje no lo permite la Ley Fundamental alemana y ahí estaría el magistrado de Karlsruhe para impedirlo. Tal Ley Fundamental prohíbe sin más – insiste Grimm- la entrega de la soberanía alemana. De ello se sigue otra de las constantes argumentales de Grimm y de los jueces alemanes en activo: la de poner todo tipo de piedrecitas al despliegue del principio de prevalencia del derecho europeo sobre los nacionales, un invento procedente de Luxemburgo que tampoco gusta.

Hay que añadir que, desde el pensamiento filosófico, Jürgen Habermas (en su obra Zur Verfassung Europas, ein Essay, 2011), ha combatido explícitamente esta concepción alumbrada por los jueces.

Hace pocos meses, y siempre con ocasión del debate jurídico acerca de la intervención del Banco central europeo, otro magistrado constitucional alemán – este en activo-, Peter M. Huber, ha señalado en una entrevista que “Europa es una unión de Estados nacionales soberanos, que pueden salirse de ella si les parece”.

Palabras fuertes las de Huber que han encontrado una contundente – e inteligente- respuesta por parte del ex ministro de Finanzas federal Hans Eichel (de todo ello viene dando cuenta el “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, véase, por ejemplo, la edición del pasado 10 de abril de 2021).

Eichel, que pertenece al partido socialdemócrata, ha preguntado a Huber: “Alemania ¿un Estado nacional soberano?”. La Ley Fundamental vigente – razona – en ningún sitio utiliza el concepto “Estado nacional” ni el de “soberanía” porque cuando se elaboró, tras la guerra, Alemania era un Estado intevenido por las fuerzas aliadas y en 1993, cuando Alemania ya había recuperado su unidad, tampoco aparecen estos conceptos por ninguna parte. Ello se debe a una razón elemental: los alemanes desconfían tanto de la nación como de la soberanía porque saben que ambos, nación y soberanía, han erigido Imperios agresivos y han desencadenado dos guerras mundiales a las que los alemanes no han sido precisamente ajenos.

Señala Eichel que lo contrario es la verdad: ya en el Preámbulo del texto de 1949, se habla de Alemania como “un miembro en condiciones de igualdad de una Europa unida”, cuando esta idea aún vagaba borrosa por las mentes de ilustres visionarios europeos. En 1993, cuando se reforma, por la desaparición de la Alemania comunista, el artículo 23, artículo llamado “de Europa”, ya era algo más que una realidad esa “Europa unida”. Pues bien, en ese momento tampoco aparece la idea del “Estado nacional”. Por el contrario, personas con la mirada de larga distancia quisieron que ese artículo 23 recogiera los latidos del empeño europeo de manera renovada. Fijémonos en sus nombres: Helmut Kohl (democracia cristiana), Hans-Dietrich Genscher (liberal, después Klaus Kinkel, también liberal) y Hans-Jochen Vogel (socialdemócrata).

Anotemos, ay, para el paisaje español: en los momentos claves de la clarificación constitucional, las tres grandes formaciones políticas actúan unidas por un objetivo común. ¡Qué diferencia con nuestros partidos enredados en disputas sectarias, en broncas permanentes, hoy capitaneadas desde el Gobierno por los socialistas, ayer por los populares!

Y Eichel sigue puntualizando a Huber: a finales de los años ochenta, al hilo de la creación de la Unión económica y monetaria, Alemania se comprometió con ella dando su consentimiento libre a participar en sus decisiones y a acatarlas. Por tanto, nada de poder salir del marco europeo cuando le parezca, como sostiene el magistrado Huber: caminar en la dirección opuesta es a lo que estimula justamente el artículo 23, el artículo europeo.

En ningún sitio, por consiguiente, aparecen esos conceptos – concluye Eichel- de nación y de soberanía que los jueces constitucionales de Karlsruhe se empecinan en airear y que, en puridad, como vemos, son ajenos a las plumas redactoras de la Ley Fundamental, conscientes de la necesidad de aventarlos para siempre por los “daños que han causado en el siglo XX y que tan inútiles son para solucionar los problemas del siglo XXI” (así, el exministro socialista Eichel).

De nuevo vienen a cuento las consideraciones para España: ¿se advierte cómo un socialdemócrata alemán quiere ver expulsados el nacionalismo y el soberanismo del horizonte europeo? Pues bien, ambos conceptos son los que los socialistas españoles nos ofrecen como el santo y la seña del progresismo. Hasta el punto de que están dispuestos a indultar a quienes han perpetrado un golpe de Estado al grito de nación, Estado independiente y soberanía. ¿Qué hemos hecho los españoles para merecer este castigo infligido por el PSOE, un partido que cultivó algunos años la dignidad política? ¿Piensan algo los diputados y senadores socialistas? ¿Respaldarían que, desde una región, una fuerza política votara la “desconexión” del orden constitucional español para instaurar un Estado corporativo o suprimir las Comunidades autónomas? ¿dialogarían con estos forajidos? ¿constituirían con ellos una mesa de negociación? ¿les otorgarían indultos?

Buena parte de la ciudadanía española espera respuesta.

(Publicado en El Mundo el día 30 de junio de 2021).

Etiquetado con: ,
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Apellidos de infamia

Aunque no está decidido, se ha discutido y el botarate de guardia del ministerio de Madrid lo ha planteado:   

– Debemos suprimir los nombres de Ramón y Cajal, Menéndez Pidal y Gregorio Marañón de cualquier rótulo oficial.

– Y el de Juan de la Cierva – ha añadido el botarate adjunto, sección sectario, del subgrupo de necios sin remedio.

En nuestra ignorancia habíamos tenido estos nombres durante años como ejemplos de  intelectuales de relieve, auténticos sabios, alguno de ellos distinguido con el Premio Nobel, Profesores universitarios solventes, glorias nacionales.

Todo parece ser un espejismo, fruto de la propaganda, mendaz pero sabiamente administrada de las fuerzas reaccionarias que confunden con su perversión ideológica a millones de españoles de buena voluntad. 

En el Congreso de los diputados se ha oído: 

– Vamos a ver – ha dicho desde el banco azul, el (la) portavoz (a)- Marañón escribió un libro, según la Wikipedia, titulado “El Greco y Toledo”. Pues bien, en ningún sitio consta que lo plagiara.

– ¿Es original suyo? han clamado desde los escaños propicios. ¿Cómo se puede consentir este desafuero?

– Quien sostiene haber escrito un libro original es un pedante – cacareó un orador. 

No acabó ahí el escándalo. Salieron a relucir otras obras de este Marañón relacionadas con la endocrinología y un librito titulado “Ensayos liberales” donde el tunante sostiene que “se debe ser liberal como se es limpio o, como por instinto, nos resistimos a mentir”.

– Aclarado, vociferó el secretario del grupo de la mayoría. Es liberal, o sea, de derechas. ¿Escribió algo inclusivo o transversal?

– Ni una palabra, según se afirma en las redes – respondió el (la) portavoz (a).

No pasó desapercibida la referencia a la mentira en el texto de Marañón. Se animó el debate:

– O sea que la cosa más natural y limpia del mundo es no mentir ¿cómo se ha podido consentir esta insolencia hasta ahora?

– La mentira – dijo un diputado que jamás terminó unos estudios, mejor dicho, ni siquiera los empezó- la mentira en la política, sostener una cosa hoy y la contraria mañana es el signo de identidad de nuestro proyecto que rinde homenaje a la mudanza, al cambio ilusionante, al regateo ingenioso… Lo contrario es el inmovilismo, justo lo que nuestro grupo condena y persigue.

Los casos de Ramón y Cajal y Menéndez Pidal hasta ahora se han tratado con cierta prisa, no en vano estamos pendientes de la retransmisión del partido de la segunda vuelta de los cuartos de la Contrachampions.

Pero ya el ponente parece que tiene escrito: 

– Ninguno de los dos se presentó jamás a unas elecciones primarias. Ambos, por si fuera poco, fueron machistas convictos. Con esto ya está dicho todo.

Rugido de asentimiento.

De Juan de la Cierva se ha descubierto que, como era un engreído, inventó el autogiro pero el pobre no cumplió jamás los objetivos de desarrollo sostenible ni supo nunca lo que era la transformación social competitiva.

Con suerte nos libraremos de estas cuatro calamidades.

Y, si no son estas, en todo caso, la limpieza proseguirá. Ningún carca debe esperar el indulto. 

Publicado en: Blog, Soserías

Animalistas

¿En quién se puede confiar? No es ya la polémica embrollada sobre la vacuna Lastra-Séneca, de la que no se saca nada en limpio, es que ahora unos científicos, criadores de embriones mono humano, han asegurado que “no hay necesidad alguna de una criatura mitad animal mitad persona”.

Pero señores sabios ¿qué están ustedes diciendo? ¿es que pretenden suprimir del ser humano lo mejor que tiene que es su parte animal? Pues, si así ocurriera, las peores desgracias pueden fácilmente predecirse. 

Se ve que ustedes no han leído a Baltasar Gracián. Y es grave error porque en “El Criticón” de este jesuita provinciano está todo el saber condensado del mundo. Quien no haya leído esta obra, ya puede saber mucho de Patología o de Derecho hipotecario, incluso de “spin-off”, que es la moda última, pero de lo que no sabrá nada es del hombre y de la sociedad en la que vive. La psicología y la sociología se inventaron antes de ayer como aquel que dice en su versión académico – tecnocrática pero las raíces verdaderas de ambos saberes las dejó plantadas aquel clérigo en el siglo XVII prácticamente sin salir de Aragón más que para ir a Valencia a sufrir el encierro que contra él decretaron sus piadosos hermanos en religión. Pero él no se arredró por el entorno opresivo – como hacen todos los cobardes- sino que puso por escrito, para que el personal se enterara, lo que él tenía por verdades inconcusas. Desnudó el alma o la mente o lo que sea de los humanos y dejó asimismo in puribus todo lo que de falso y pintado tiene la sociedad. Como se suele decir: no dejó títere con cabeza.

De ahí su importancia. Y de ahí que quienes hoy planean la educación progresista, inclusiva y transversal, educación sin venganzas ni revanchas, pasen de puntillas sobre las enseñanzas de Gracián. ¡Cómo se reiría el hijo de san Ignacio hoy de los majagranzas de los ministerios!

Por eso se atreven a decir esa idiotez los científicos de los embriones.

Porque Gracián nos enseña que los hombres “tienen una lengua más afilada que las navajas de los leones y con ella desgarran las personas y despedazan las honras; tienen más mala intención que los cuernos de un toro, unos ojos envidiosos y malévolos más que los del basilisco, un aliento venenoso más que el de los dragones … de modo que solo el hombre tiene juntas todas las armas ofensivas que se hallan repartidas entre las fieras y así él ofende más que todas”.

Como se ve, lenguaje clarito, nada de la lengua de madera del político empoderado. 

Y sigue para que no haya dudas: “Créeme que no hay lobo, no hay león, no hay tigre, no hay basilisco que llegue al hombre, a todos excede en fiereza”. Y luego pone una verbigratia suprema a modo de estocada definitiva: un malhechor fue condenado a un tormento terrible, a saber, sepultarle en una hoya llena de sabandijas, dragones, tigres, serpientes etc. Acertó a pasar por allí un extranjero y sintiendo los lamentos del desdichado, llevado por la compasión, movió la losa que cerraba la hoya y, al punto, salió el tigre, lo que asustó mucho al extranjero pero pronto advirtió que el animal le besaba la mano por haberle librado de la tortura del encierro … y lo mismo pasó con la serpiente y los otros animales: todos le dieron las gracias por haberles librado de la mala compañía de un hombre advirtiéndole de que huyera antes de que acertara a salir. Pero no le dio tiempo porque, en efecto, apareció el encerrado y “concibiendo que su bienhechor llevaría algún dinero, arremetió contra él y quitóle la vida para robarle la hacienda”.

Juzga, concluye el sagaz jesuita, “tú ahora cuáles son los crueles, los hombres o las fieras”.

Amén.

A la vista de esta noticia tan alarmante, mi pregunta se dirige ahora a los animalistas: ¿dónde estáis? ¿cómo no reaccionáis ante las declaraciones de esos sabios tan ignorantes?

Publicado en: Blog, Soserías

Cristóbal Halffter

Fueron Antonio Pereira y Úrsula quienes nos pusieron en contacto amistoso con Cristóbal y Marita. Gracias a ellos hemos pasado muchas jornadas juntos en el castillo de Villafranca, Mercedes y yo y Salvador Gutiérrez y Ana. Los cuatro matrimonios en jornadas de evocaciones a veces ligeras, a veces profundas, siempre ricas y chispeantes.

Buena comida en el Parador de Villafranca y, después, charla y audiciones de piano a cargo de Marita y, a veces, cuando estaba en casa, de Pedro. Habitual era también la presencia de Luis, el amigo de la familia que había regido los destinos municipales de Villafranca. Casi siempre fueron jornadas veraniegas, entre los muros medievales, bajo la sombra de la arboleda y allá en lo alto el cielo berciano con su opulencia en pájaros y cantares.

En alguna ocasión ya el verano se estaba despidiendo y entonces los exquisitos anfitriones nos ofrecían un botillo preparado por Marita acompañado de los quejidos crepitantes de los aromados leños que ardían en la inmensa chimenea.

Cristóbal nos contaba sus proyectos musicales y lo hacía con la suprema melodía de su buen gusto y de su inteligencia clara. Nos enseñaba las partituras que estaba escribiendo donde, aun en bosquejo, ya se adivinaba el gran chorro de vida que es siempre la fuerza creadora, el murmullo cantarín de la energía artística. Uno le imaginaba con la batuta en la mano sacando de los músicos de la orquesta, como un demiurgo, el vigor oculto y sagrado de la explosión estética.

Le hemos oído contar el estreno de su ópera dedicada a Don Quijote, de su amargura por la destrucción de muchos de los materiales usados para su representación; de su otra ópera, Lázaro, estrenada en Alemania (Kiel). De cómo surgió también su trabajo operístico sobre el ajedrez y la figura de Stefan Zweig, el escritor austríaco tan obsesionado como él mismo por las esperanzas y, ay, también por las desilusiones que el mundo y su agitar atolondrado nos proporcionan. Alma y recuerdo de Europa estaban siempre presentes en el pensamiento íntimo, entre amigos, de Cristóbal. Por eso le interesaba sobremanera mi trabajo en el Parlamento europeo por el que me pedía detalles, lo que aprovechaba para tejer observaciones lúcidas.

Su fascinación por las vidrieras de la catedral de León le llevó a componer una obra fastuosa para el órgano que se la oímos interpretar en ese escenario impar a Samuel Rubio. Y sus intuiciones sobre el paralelismo entre Goya y Beethoven, dos sordos geniales, le hicieron cavilar también sobre una ópera. Buscó a quienes él pensaba que podían ser autores del libreto pero no consiguió que un animoso se prestara a este empeño que, de ultimarse, hubiera causado sensación. Sobre esta obervación suya compuso alguna pieza y dio varias conferencias, una aquí en León, en Sierra Pambley, donde pudo comprobarse cómo el anciano Cristóbal, abatido ya por la desaparición de su mujer, conservaba empero su lucidez. Y el resplandor de una sonrisa benevolente y viva.

Sufría por la forma en que los gobiernos, desde época remota, (des) organizaban la enseñanza musical en España y también por la desatención que padecía la música española, los nombres de Albéniz, Granados, Falla, Rodrigo afluían constantemente en sus labios. Recuerdo que Mercedes, mi mujer, le habló de un disco que acabábamos de comprar de Literes, su zarzuela “Júpiter y Semele”. Celebró mucho que alguien resucitara a este compositor y se explayó en comentar piezas barrocas sepultadas en el olvido.

El mismo sentimiento de pesar le producía el peligro que corría la unidad de España. Como sabía de mis libros sobre el federalismo y, en general, sobre el Estado y su configuración territorial, no se cansaba de preguntarme por los detalles que yo podía ofrecerle. El hecho de que estos estuvieran siempre basados en la experiencia alemana hacía que su interés se acrecentara porque él conocía bien la realidad de aquel país. Me dio pistas formidables para argumentos que he empleado en mis escritos.

La presencia de un filólogo solvente como Salvador la aprovechaba también para informarse de la amplitud del daño que se estaba causando al idioma español en algunas regiones de España, al obstaculizar su enseñanza, y el amparo otorgado por gobernantes frívolos a lenguas sacadas de los hondones de la historia para apuntalar aspiraciones políticas regionalistas.

Villafranca, los Halffter, los Pereira, las tardes de fuertes luces y castas sombras son imposibles de olvidar y hoy las evoco y las convoco en mi memoria con melancolía cuando sobre ellas se ha esparcido la triste osamenta de tantas muertes …

El misterio donde anida la Verdad habrá acogido a Cristóbal a buen seguro con la música de su “Llanto por las víctimas de la violencia”, expresión de los látigos que sufría su corazón ante las iniquidades del mundo.

Descanse en paz.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog

La vida es somnolencia

Los humanos pasamos unas pocas horas al día dormidos, otras trabajando, muchas en somnolencia, mecidos por chismes y enredos fútiles. Cuando levantamos el vuelo y nos damos al pensamiento abstracto, entonces nos embarcamos en disputas tajantes y sin vuelta atrás:

– Usted, amigo ¿es de derechas o de izquierdas?

Esta es la más majadera de todas las polémicas pero siempre ha habido una de esta naturaleza:

– ¿Usted es proteccionista o librecambista? se le preguntaba hace años al señor que estaba mojando unos churros en el chocolate. 

Allá en la Francia de principios del siglo XX nadie podía salir a la calle sin haber decidido antes de desayunar si estaba a favor o en contra de Dreyfus porque corria el riesgo de meterse en la manifestación equivocada.

En la historia de la Iglesia no hay que remontarse a la época de los iconoclastas que eso queda muy lejos. En el siglo XIX, los padres de la Iglesia que entraban en el Concilio Vaticano que definió la infalibilidad del Papa se dividieron en dos grupos irreconciliables. Al cardenal que intentaba introducir algún matiz se le miraba con desconfianza y sus compañeros se preguntaban si no sería un loco o, peor, un pedante teológico.

Así ha sido desde el pasado más remoto. Siempre hay dos bloques, dos posturas irreconciables, la del taurinismo también es de las que dan mucho juego y reaparece con constancia: los obispos han visto durante siglos en el manejo del capote frente a un toro un pecado mortal, la más aviesa de las manifestaciones del Maligno. Hoy ya no existen obispos o, si existen, no se les reconoce porque van vestidos con ropa de la Semana de Oro del Corte Inglés. Pero su papel ha sido asumido por los animalistas.   

En España hace unos años se produjo una polémica hilarante: se había hundido un barco cerca de las costas gallegas, el Prestige, ocasión pintiparada también para dividir a los españoles en bloques antagónicos. Quien defendía que el buque tenía que haber quedado en alta mar era irremediablemente de derechas y quien sostenía que era prudente llevarlo a puerto era de izquierdas. O al revés, no recuerdo los términos de aquella necedad. Era de ver a personas perfectamente ignaras pronunciarse con aplomo por una de las soluciones náuticas en función de si era del Gobierno del momento o militaba en la oposición. Esta es una de las controversias más cómicas que he vivido sostenida por gentes de un sectarismo zafio, denso y oscuro.

Hoy nos regocijamos con otras muestras de esta quincallería falsa: quienes se complacen en comer berberechos distraídamente y quienes abominan de estos inofensivos moluscos por considerar su consumo una prueba de desorientación ideológica. Todo esto produce mucha risa.

Pío Baroja, por algún sitio, sostiene que quien se empecina en tener una idea fija acaba siendo algo semejante a un pelmazo y da igual que sea teósofo, espiritista o vegetariano porque su destino es acabar en la exaltación de la extravagancia. Y de la gratuita molestia al prójimo.

He empezado con la “summa divisio”: la de las derechas y las izquierdas. Nadie o pocos reparan en lo siguiente: ser de derechas o de izquierdas las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año es, además de muy cansado y aburrido, una de las formas más convincentes que encuentra el ser humano en expresar su idiotez. 

La somnolencia del intelecto.

Publicado en: Blog, Soserías

Funcionarios públicos: un respeto

                          I

Ha sido el ministro de Política Territorial y de Función Pública quien ha comunicado a la ciudadanía que se halla entre sus propósitos cambiar el sistema de ingreso en la función pública. En concreto ha explicado que “se trabaja en una estrategia para reformar el modelo de acceso al empleo público en el que se tenga más en cuenta la capacidad y la aptitud y menos la habilidad memorística”.

Y eso ¿cómo se hace, señor ministro? ¿cómo se pueden enfrentar conceptos como capacidad y aptitud y memoria? Convendría que se explicara con precisión. Porque la capacidad de un ingeniero al servicio de la Administración, de un notario, de un inspector de Hacienda o de un profesor de historia de bachillerato se mide por disponer de un título de licenciado o doctor en tales o cuales materias, título que acredita la aptitud para ejercer una determinada profesión. Para obtenerlo, su titular ha demostrado las exigibles capacidades ante los profesores que le han examinado en sus respectivas Escuelas o Facultades, capacidades que tienen ingredientes variados, entre ellos el ejercicio de la memoria. El profesor de Historia, al que me acabo de referir, tendrá que retener en la memoria que Felipe II reinó en unos determinados años del siglo XVI y que Isabel II, por contra, lo hizo en tales años del siglo XIX. ¿Por qué capacidad o aptitud se puede sustituir este esfuerzo de la memoria? De la misma forma, el notario tendrá que conocer con soltura el Código civil a menos que quiera aparecer ante el cliente que demanda sus servicios como un atolondrado que se ve obligado a estar consultando constantemente los artículos de ese Código. Y así sucesivamente …

A partir de ahí, la dificultad para ingresar en un determinado cuerpo de funcionarios dependerá del número de plazas que se oferten y del número de aspirantes que concurran a esas plazas. Si hay diez plazas y aspiran a ellas cien personas será necesario establecer la competencia entre ellos. Y ello por la elemental razón de que es obligado garantizar el principio constitucional de mérito y capacidad al estar tales plazas retribuidas con dinero público. Es justamente para asegurar tal competencia por lo que existen pruebas, exámenes y ejercicios. Pruebas y exámenes que pueden ser enormemente exigentes e incluso diabólicas cuando quienes aspiren a las plazas sean personas muy preparadas que pelean con denuedo por su futuro puesto de trabajo. Por eso se llaman “oposiciones”: porque un aspirante se opone a otro.

Lo hasta aquí explicado es algo que todo el mundo comprende.

¿De qué se habla entonces cuando, como hace el ministro, se mira con tanta desconfianza a la memoria? ¿A qué viene subestimarla? No es privativo del ministro de la Función pública esta prevención contra la memoria pues la comparte con su compañera de Educación, tambien empeñada en arrinconar esta facultad, potencia del alma o lo que sea para sustituirla por las “habilidades” en los planes de estudio.

Mucho me temo que lo que llevan entre manos ambos ministros es rebajar el nivel de exigencia y al cabo de conocimientos y de procurar así las menores molestias a los candidatos pues quien se enfrenta a una “oposición” pierde la color lozana o exhibe antiestéticas ojeras debido a las muchas horas que ha de pasar sobre los libros y otros materiales de trabajo.

El ministro sabe bien que tal “estrategia”, por usar la terminología ministerial, ha de recibir el aplauso de miles de personas, lo que siempre agrada a un político.

Me temo asimismo que se acabe importando al ámbito de la función pública los métodos – que sospecho proceden del mundo anglosajón- propios de la empresa privada. Se olvida así que en ella se maneja dinero propiedad de un empresario o de unos accionistas que pueden arbitrar el sistema que les pete cuando de reclutar su personal se trata. La Administración pública, por el contrario, ha de ser extremadamente rigurosa y exigente al ser el dinero público el que se halla en juego.

Atisbo en el horizonte el abandono de pruebas tradicionales – rigurosas y meticulosas- para incorporar otras más livianas, como la “entrevista”. Es un invento muy generalizado que tiene la ventaja de su sencillez pero el inconveniente de no revestir la menor garantía para el aspirante. No hay temario o el repertorio de preguntas es vago y además no se conocen los criterios exactos con los que se evalúan las respuestas. Y, si no es así, es decir, si hay un temario, hay unos examinadores competentes para juzgar los conocimientos de los candidatos y también unos criterios precisos para evaluar, entonces estamos descubriendo las pruebas en que suelen consistir las “oposiciones”. Es decir, estamos descubriendo uno de esos océanos que ya surcaron intrépidos viajeros hace varios siglos.

                                                        II

Los espíritus maliciosos nos tememos lo peor. Porque en España es importante que los ministros – muchos sin especiales saberes- se hallen rodeados de funcionarios cualificados y neutrales que han de formar en torno a ellos un cordón de capacitación técnica. Para evitar la generalización de estropicios mayormente.

En nuestra Administración esta cautela exige una observancia especial pues téngase en cuenta que, en el actual Gobierno de coalición, hay decenas de altos cargos que han sido nombrados sin contar con el requisito básico de proceder de la alta función pública. Es más, cuando se leen algunos de los curricula que están en el portal de transparencia del Gobierno (no todos están) se advierte que carecen de cualquier conocimiento sobre el despacho de los asuntos pues la experiencia que alegan deriva de la obtenida en otros cargos a dedo o por su “activismo político”. Una muestra es la del director general de los “derechos de los animales”: su título, otorgado por el sindicato Comisiones Obreras, es el de “formador en posicionamiento y manejo de redes sociales” y, como experiencia, alega haber sido “responsable del mantenimiento de tiendas on line”.

A través de estas designaciones, el poder político va ocupando ámbitos que deberían quedar reservados a profesionales solventes. La contaminación política se desparrama y ello hace que, entre los funcionarios reclutados de forma limpia, se generalice la creencia de que solo podrán prosperar si demuestran sintonía política con el poder. Como este es cambiante, las contorsiones han de ser frecuentes y de ahí los agobios y los arriesgados esfuerzos posturales de este sufrido personal.

Erradicar estas perniciosas prácticas permitiría asegurar a los funcionarios una carrera  apoyada sólo en su trayectoria profesional, sin necesidad de vivir la desazón que produce mostrar falsos entusiasmos o aparentar vaivenes ideológicos. Ya el insuperable Gracián dejó escrito que “no se habría de proveer dignidad ni prebenda sino por oposición, todo por méritos, solo a quien venga con más letras que favores”. 

Otra grave consecuencia de estos modos de organización es el terremoto que se produce con ocasión de cualquier remodelación ministerial. Y lo ya definitivamente perturbador es que estas facultades de designaciones tan alejadas de la templanza que debería adornar a los ministros, se trasladan, como en una cascada cantarina, a sus subordinados, los secretarios de Estado, subsecretarios y directores generales quienes usan su voluntad para designar a los responsables de otras muchas dependencias: subdirectores y funcionarios asimilados que se cuentan ya por centenares. 

Cuidado pues con tocar el sistema tradicional de oposiciones libres con la excusa de combatir la memoria pues facilitaremos el desembarco en las Administraciones de una legión de espabilados que treparán por los organigramas ansiosos de lograr una sinecura por un atajo.

Un ministerio no es un partido político, señor ministro. Cabalmente debería ser justo lo contrario.

(Publicado en el periódico El Mundo el 10 de mayo de 2021).

Etiquetado con:
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Meditación de Juan Sebastián Bach

Hasta ahora he vivido en el cielo de los elogios y de la admiración de todos, he sido el genio de la música, el innovador, el artista que abre una nueva era en este arte que viene de la noche de los tiempos, el excelso maestro de capilla de la gran Iglesia de Santo Tomás en Leipzig … he sido en definitiva un acaparador de alabanzas, incluso desmesuradas para una persona modesta como yo soy.

Mis obras se han oído y se siguen oyendo en todos los grandes escenarios del mundo, algunas incluso como los “Conciertos de Brandenburgo” los tocan músicos callejeros en cualquier esquina de cualquier ciudad y, ante sus acordes, los transeuntes, acariciados por mis melodías tan populares, se inclinan y dejan un óbolo en el platillo de los artistas  que interpretan mis partituras.

¿Se puede pedir mayor reconocimiento? Así, acogido por todos y querido por todos, he pasado siglos. 

Y sin embargo … cuando menos lo esperaba, cuando creía que mis credenciales de genio indiscutido estaban ya más que contrastadas en todos los continentes, de pronto se suscita la cuestión entre gentes modernas del racismo y el colonialismo que esconde mi música.

Puede parecer raro pero estas afirmaciones o acusaciones las he visto, primero en los periódicos de mi propia tierra, en Alemania, pero desde allí han viajado hasta otros países, incluso en algunas Universidades prestigiosas se han celebrado debates acerca de esta nueva perspectiva de mi música en la que hasta ahora nadie había reparado. Yo, asombrado, he preguntado en este Olimpo donde vivo a otros grandes compositores, me he informado cerca de Beethoven si él está también siendo objeto de críticas y descalificaciones.

– Así es, querido Juan Sebastián – me ha dicho este hombre que sigue en la eternidad sordo, al igual que estuvo en la Tierra.

– Las sinfonías tan hermosas que escribiste, la Pastoral, que es un canto ecológico ¿tiene detractores?

– Los tiene. Soy un racista y un colonizador blanco que impone criterios estéticos con autoritarismo y usando ventajas inaceptables que me dio la civilización en la que nací y viví. 

– Pues es curioso – respondió Juan Sebastián Bach- esas son las mismas inculpaciones que he leído respecto de mis cantatas, de mis misas, de mis fugas, del “Clave bien temperado” …

– Lo que se afirma – precisó Ludwig- es que nuestros nombres son sinónimos de opresión de las razas que no son blancas y de que en general somos los representantes de una historia de represiones infames.

– Así lo aseguran en efecto sesudos profesores de las Universidades y así lo aplauden muchos jóvenes que se conjuran para denunciar el fraude civilizatorio que hemos perpetrado.

Contritos, Bach y Beethoven, decidieron hablar con Mozart.

– Yo soy aún peor, me acusan de homófobo porque escribí “Cosí fan tutte” donde hago afirmaciones sobre las mujeres que ahora no son correctas. Y también en “Las Bodas de Fígaro” y en muchos de mis conciertos se ve la mano del explotador blanco que he sido.

Los tres han decidido seguir indagando entre los compositores italianos, los franceses y los ingleses para dar vueltas a los pecados que cometieron y ver de enmendar algunos de sus yerros históricos.

De momento, para expiar sus pecados, están escuchando la música de grupos modernos como “Loquillo, el del flequillo”, “El clítoris reventón” y “Los masturbados”.

No entienden nada pero en ello están.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Soserías

Abdicación por amor. Una novela real

La pasión de un rey por una hermosa extranjera desencadena una serie de acontecimientos que terminan en su abdicación. El atractivo irresistible de una mujer astuta y seductora llega a hacer tambalearse una monarquía.

La historia de Luis I de Baviera y Lola Montes demuestra una vez más la potencia literaria de la realidad en manos de un escritor brillante. Partiendo de hechos documentados y elaborándolos imaginativamente con una cuidadísima escritura, Sosa Wagner nos ofrece una apasionante novela histórica que es a la vez un jocoso retrato del alma humana.

Vídeo

Reseñas y comentarios:

RAMÓN TAMAMES – «La bailarina que mandó casi más que Luis I de Baviera» (La Razón, 31 de mayo de 2021).

Publicado en: Blog, Mi obra literaria, Portada abajo izquierda

La memoria al destierro

Es de ver la cantidad de aspavientos que el “homo tertulianus” está haciendo como consecuencia de las declaraciones de la ministra de Educación referidas a la memoria, esa facultad, potencia del alma o lo que sea que tan útil resulta para olvidar.

¿Qué nos ha dicho esta esforzada servidora del bien común? Pues que la memoria debe ser desterrada. ¿Para que los ciudadanos nos olvidemos de su yo ministerial y de su circunstancia, como han sostenido algunos deslenguados y malintencionados?  No, en absoluto, para no perturbar la asimilación de las habilidades que son el meollo del nuevo horizonte educativo. Si – como sostiene la prócer- los conocimientos no sirven para nada, desplazados como han sido ¡por fin! por las habilidades ¿para qué necesitamos la memoria?

Esta antigualla, que solo defienden personas chapadas a la antigua y botarates no inclusivos ni empoderados, servía en la oscura antigüedad para saber que Felipe II fue un rey del siglo XVI o que Ortega y Gasset fue un señor, no dos usuarios de instagram. Pero hoy, cuando lo que debemos hacer es borrar precisamente de la memoria a los reyes porque no fueron votados en elecciones primarias ni han estado afiliados a los sindicatos de clase, todo recuerdo de un personaje como Felipe II, vestido de negro cuervo y beaturrón él, no hace sino ocupar un espacio para albergar en la cabeza lo que de verdad importa. Y lo mismo ocurre con Ortega y Gasset, un ignorante que no tuvo ni idea de lo que es la resiliencia, el feminismo sostenible ni el ecologismo empático. ¡Al desván y sin contemplaciones con estos fantasmas de un pasado reaccionario!

Lo moderno, lo que define el progresismo de netflix y de facebuque, es la habilidad. Para saber qué es o quién es esta señora nada mejor que acudir al Diccionario de la RAE: “gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona como bailar o montar a caballo”. ¡Acabáramos! De lo que se trata es de dedicar a los jóvenes / as a estas vistosas destrezas que mantienen el cuerpo flexible y la cabeza aireada. Fuera la carcoma de la tabla de multiplicar y de las enseñanzas de Platón. Bailar, no con la ministra por supuesto, y montar un caballo de capa alazana.

Claro que hay otra acepción de “habilidad” en el DRAE: “enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña”. ¿Con cuál nos quedamos? Porque realmente enredos, disimulos y  mañas no nos faltan, la misma ministra no anda lejos de algún maestro en estas habilidades.

¡Todos al baile y a los caballos y, en el recreo, a los enredos!

– ¿Y qué hacemos con la memoria histórica? ha preguntado un aguafiestas.

Me he visto obligado a contestar de forma airada:

– No hay ninguna contradicción, zascandil. La memoria histórica es una forma de bailar, de bailar con la verdad.

Le oí musitar:

– ¿Y no podría ser que se han olvidado la memoria histórica precisamente por haber suprimido la memoria?

Etiquetado con: ,
Publicado en: Blog, Soserías
Comentarios recientes
Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.