Picasso a debate

Picasso en el centro de la polémica. ¿Por sus cuadros, por la revolución que supuso en la historia del arte? No, por su condición de macho maltratador, de varón verriondo con sed de mujeres, por su afición a gozar de hembras, vigorosas como animales bravíos y perfumadas como melocotones en sazón. Estamos ante el Tribunal de la Historia y, en un trance así, quienes ante él comparecen deben mostrarse fuertes, al menos todo lo que a cada cual le permita su artrosis. 

Con Picasso se están comportando los jueces de ese Tribunal con desusada condescendencia, incluso un ministro locuaz y entrado en carnes ha venido a decir que “pelillos a la mar”, que hay que comprenderle porque estaba en París y aquella es la patria del pecado, que Picasso era a la sazón joven y que además tenía muchas tentaciones a su alrededor. ¿Cómo pedirle que no cayera en ellas?

Y se recuerdan otros casos de grandes genios que no fueron trigo limpio en vida. A mí me gusta evocar a Gesualdo, el compositor, que le dio mucho al madrigal, pero que un mal día, cuando volvía precisamente de madrigalizar, encontró a su mujer y su amante en la cama dando enormes resoplidos de placer. Gesualdo, entonces, consciente de que padecía cornupecia, les asestó a ambos varias puñaladas con el objeto de interrumpir aquella bacanal que para él tan aflictiva resultaba.

Me he deleitado con Verlaine, otro que vivía en París, y no solo por aquello de “los largos sollozos de los violines de otoño …” sino porque recuerdo a Rubén: “y que sobre tu tumba no se derrame el llanto / sino rocío, vino y miel”. Pero preciso es reconocer que Verlaine, si te acercabas con imprudencia, te echaba encima una vomitera bien sazonada donde se mezclaba la absenta con el foie recién comido y el croissant que se iba a comer.  Y, si quien con él intimaba se llamaba Rimbaud, le pegaba un tiro. Hemos tenido suerte los que nacimos cuando ya estaba muerto porque de sus extravagancias nos hemos librado.

Es decir que mucho poema, mucha finura simbolista pero ajenjo y hachís, violencia y poca compostura.

De Picasso se va a seguir hablando porque se están celebrando fastos de longue durée, por usar el francés y hacernos los cursis. 

Conviene por ello dejar las cosas claras. ¿Es correcta esa actitud de magnanimidad con él? ¿Se la merece?

Este es el asunto acerca del cual solo avanzo alguna hipótesis. Y me pregunto si Picasso, en vez de pintar a las señoritas de Aviñón, no podía haber dedicado más atención a formarse en las verdades eternas, aquellas que giran en torno a lo guay y lo chulísimo, a lo transversal, a lo transexual, a lo sostenible, a la empatía, al talante y, sobre todo, a “poner en valor” esto y aquello … ¿Medió con su pincel en el diálogo entre culturas?¿Se ocupó de las lenguas del Estado? ¿Aprendió catalán?

Fue, eso sí, influencer antes de que se inventara este oficio, que hoy se aprende en masters y seminarios on line. Quizás esto le salve de los atropellos a sus novias.  

Pero lo que le condena ante la Historia es que le gustara la fiesta de los toros y dejara muchas obras dedicadas a ruedos, toreros y lances de picadores y banderilleros. Es verdad que lo mismo hizo Goya pero Goya estaba sordo y por tanto no se enteraba de nada. Picasso, por contra, tenía unos pabellones auditivos pingües, por lo que su redención es imposible.  A Picasso, más que su aspereza con las mujeres, le condena su amor a la tauromaquia.

Y esto no debe olvidarse en esta hora en la que comparece ante el Tribunal de la Historia que forman hoy memos, rastacueros y tarugos cabales.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Soserías

Yo soy «tetalitario»

Todo parecía indicar que desde Barcelona no nos mandaban últimamente más que golpistas contra el orden constitucional que luego tenían que ser indultados por el progresismo chulísimo que manda en Madrid. Pero felizmente no es así. Acaba de llegarnos una campaña magnífica del Govern exhortando a las mujeres a exhibir sus tetas para no sufrir ataduras machistas. En topless, que es como se dice en catalán.

Pronto se han desencadenado las críticas del conservadurismo español: andar por el mundo – argumentan- enseñando las domingas es asunto que viene de lejos, que se está practicando en las playas y piscinas con naturalidad y sin necesidad de sugerencia alguna por parte de las autoridades. 

No tienen razón porque el hecho de que se produzca una recomendación explícita por personas en lo alto del poder permite albergar la esperanza de que una práctica cultivada por unas pocas mujeres en lugares muy específicos se expanda por todos los rincones del Estado español.

Y esta es una magnífica noticia para quienes somos “tetalitarios”. Me explico. Así como en política existe el totalitarismo, una ideología que trata de “controlar coactivamente las relaciones sociales bajo una sola ideología oficial” (DRAE), otros – en la sociedad civil- defendemos el “tetalitarismo” es decir, la imposición de la exhibición de las tetas de las mujeres como signo de liberación para ellas y de amistad hacia ellos.

Con un fundamento: la gracia de esa parte de la anatomía femenina. Porque las tetas han de ser vistas como un caleidoscopio al ser capaces de fabricar infinitas combinaciones para quienes las observan siendo lo de menos que formen o no un dibujo perfecto. Porque las hay asimétricas, irregulares, incoherentes como si dijéramos, revelando con ello un punto de desorden anatómico que puede ser adorable. ¿Quién ha dicho que el desorden no es incitante? Pero pueden ser también simétricas, cuando se manifiestan en ejemplar concierto, sin que por ello la calificación tenga que ser más favorable.

Y es que las tetas albergan muchas geometrías. Es más: estamos ante la encrucijada donde estas -las geometrías-, si no están muy atentas, pueden llegar incluso a despistarse. Y ello se debe a que la teta se apropia de muchas figuras al mismo tiempo para saciar su apetito geométrico, que es inextinguible, según vengo diciendo. 

Por ello hay en ellas redondez, esferas y curvas. Pero también arco, más específicamente arco iris, lo que se observa cuando, en la playa, vemos una teta desnuda sobre cuya superficie reverberan los reflejos del sol y de las aguas y de tantos ojos sedientos como en ella se posan, ojos que emiten cuchillos como destellos.

Hay también la teta plana, en apariencia un descampado, pero en puridad un arcano, una superficie donde aterrizan audaces cabriolas imaginativas pues que lleva a quien la observa a trenzar un batiburrillo de hipótesis, de pronósticos y conjeturas, que a veces merece la pena ir ordenando poco a poco pero otras ganan permaneciendo alborotadas.

En este sentido, no se pueden ofrecer reglas fijas, que naufragarían mecidas precisamente por los caprichos del busto.

Forman asimismo las tetas círculos. Ha de saberse que el famoso círculo vicioso es en rigor la teta porque es escenario donde se pueden practicar las más osadas licencias.  Hay que tener en cuenta que en círculo se torea, se juega, se piensa y que en el círculo mágico es donde se convoca a los espíritus para que no pierdan el tiempo vagando sin ton ni son. El círculo es cerco y a la mujer- como al hombre- se la conquista cercándola suavemente y con albórbola de señuelos.

Teta, alarde de geometrías, eslabón de eslabones.

El único problema que me desorienta de la teta es el siguiente: ¿es inmortal, qué ocurre con la teta en el momento de la resurrección de la carne?

Fuera de esta pregunta angustiosa por teológica, mi respeto a la mujer libre me lleva a proclamar que yo soy “tetalitario”.

Publicado en: Blog, Soserías

De animales y plantas

Por fin empieza a enderezarse el debate. En Alemania, sesudos profesores están defendiendo otorgar la condición de titulares de derechos constitucionales a los animales y a las plantas.

Que los animales son titulares de derechos ya lo sabemos los españoles tras las reformas legales habidas y las que vienen. Ahí está el proyecto de ley que crea un examen previo para quien compre un perro. Ya que quitamos los exámenes como pruebas odiosas para crear angustias en tiernas criaturas, establezcamos pruebas para quien se quiera llevar a casa un golden.

Pronto veremos anuncios de academias para preparar tales exámenes como las vemos para obtener el carné de conducir: temas, tests, suspensos, nervios … los ritos más agobiantes se dibujan en el horizonte. Nadie sabe aún si serán iguales para todas las razas de perros. De momento, se ha constituido una coordinadora de compradores con el objeto de exigir diferencias entre quien aspira a tener un mastín turbador y quien se conforma con un inofensivo chihuahua y es verdad como la luz del día que diferentes deben ser las exigencias en uno y otro caso.

En materia de gatos se ha decidido la homogeneidad de pruebas. Este es el resultado de los trabajos de la “Mesa por el Gato” que ha concluido sus trabajos: igual tratamiento tendrá un gato persa o de angora que el gato común de los tejados. Un poco precipitada me parece la decisión y ya se oyen voces de colectivos gatunos que reivindican exámenes orales exigentes para los gatos más decorativos y un simple test para el gato común y de tendencia callejera.

– ¿Y el periquito? ¿tendremos exámenes para ellos? ¿comprar un reloj de cuco obligará a pasar alguna prueba?

En este punto se ha actuado con frivolidad pues se han descartado los controles pero el  “Panel para la defensa de Aves Fringílidas” ya ha hecho oír su voz:

– No juguemos con la dignidad de estos animalitos – ha declarado indignado su portavoz, un hombre bajito con cara de pinzón. 

La noticia es que se incluirán en la ley de animales una disposición adicional, otra transitoria y una tercera contradictoria que alojarán los exámenes para la tenencia de tales aves evitando así que caigan en manos de desaprensivos sin titulación adecuada.

Y por cierto anuncio con solemnidad que se prepara una “Declaración Institucional de la Coordinadora para la Defensa de la Vida Animal” pidiendo prohibir el uso de la expresión “matar dos pájaros de un tiro”. Por violenta y por contraria a derecho. Su presidenta, que es una señora de buen corazón aunque con arritmias, ha dicho en Radio Regional:

– ¿Nos gustaría oír “matar dos otorrinolaringólogos de un tiro”? Pues eso … más respeto es lo que necesitamos – ha añadido con un gimoteo de buena caligrafía que ha tocado las fibras más sensibles.

Lo de los animales está pues encauzado y solo falta abordar el asunto de sus derechos constitucionales, la novedad alemana a la que me refería: derecho al voto, a la libertad de expresión y a fundar partidos políticos con elecciones primarias (fraudulentas, por supuesto). 

Más novedad ofrece asegurar los derechos de las plantas.

Porque ¿quien defiende la honra de ese tomate que, como decía la canción, está tranquilo en la mata y viene un hijo de puta, lo mete en una lata y lo manda pá Caracas?

¿Quién piensa en la dignidad de la lechuga? ¿Quién en el honor de una zanahoria? ¿quién respeta a una sencilla coliflor?

Urge constituir la “Plataforma confederal y transversal para la defensa de la hortaliza”.

Publicado en: Blog, Soserías

El Congreso, ese costoso decorado

Espectacular está siendo la degradación del Congreso de los diputados en esta legislatura bajo la batuta del Gobierno “progresista”. Sabemos que este eclipse de los Parlamentos es un proceso que cuenta con una historia dilatada, que no es una truculenta invención del actual presidente del Gobierno, todo lo contrario, está en el centro – desde hace mucho- de las preocupaciones de quienes meditan sobre la esencia de los sistemas democráticos.

Ninguna singularidad pues en las prácticas de Sánchez, persona que, por lo demás, no parece muy cualificada para la originalidad en la asignatura de Teoría del Estado, cuyos libros canónicos probablemente vería arder sin llamar a los bomberos.

Lo que sí es marca de su Gobierno es el descaro, la osadía, la inverecundia, con que somete al Congreso a sus designios más perentorios, con que corrompe la dignidad de la representación nacional, con que se mofa de la ciudadanía española que ha conformado esa representación, es decir, con la que hace mangas y capirotes de las bases mismas de la democracia representativa y del Estado de Derecho.

No es extraño por ello que se oigan los quejidos de las campanas tañendo a muerto porque pronto asistiremos a la firma solemne del acta de defunción y consiguiente momificación del Congreso y de sus protagonistas. Desde la Carrera de san Jerónimo trasladaremos sus restos, sus sombras carnales, a un lugar solemne – ¿el Valle de los Caídos?-, momento que será el propicio para organizar visitas de escolares a quienes se explique cómo se vivió la ilusión de la democracia y cómo hoy guardamos el luto de las glorias pasadas. Allí se venderán recuerdos, fotos amarillentas y postales, todo ello en un paisaje, ay, dominado por la indiferencia del excursionista ocasional.

Y, como muestra, acopiamos aquí los siguientes datos.

Con los votos de la mayoría gubernamental y el impulso de la Presidenta, la Mesa acordó, al inicio de la pandemia, no dar trámite por un tiempo inicialmente indeterminado a cualquier iniciativa además de suspender todas aquellas que se encontraran en tramitación. Una clausura de la institución de tan extrema grosería que, cuando fue analizada por el Tribunal Constitucional como consecuencia de un recurso de Vox, fue declarada inconstitucional al recordar sus magistrados que “recae sobre la institución parlamentaria el deber constitucional de asumir en exclusiva la exigencia de responsabilidad al Gobierno por su gestión política en esos períodos de tiempo excepcionales, con más intensidad y fuerza que en el tiempo de funcionamiento ordinario del sistema constitucional”. Para acabar subrayando que “no se puede interrumpir el funcionamiento de las Cortes generales … ni se puede modificar el principio de responsabilidad del Gobierno” (sentencia 168/2021 de 5 de octubre).

Lo mismo puede decirse del Acuerdo de convalidación que autorizó la prórroga del estado de alarma (29 de octubre de 2020) durante seis meses sin incluir ningún argumento justificativo de tan dilatado plazo cuando ello significaba nada más y nada menos que la abdicación de las propias atribuciones de quienes lo adoptaron. Acuerdo también impugnado y que asimismo fue declarado inconstitucional porque “se realizó de un modo por entero inconsciente con el sentido constitucional que es propio al acto de autorización y sin coherencia alguna, incluso, con aquellas mismas razones que se hicieron valer por el Gobierno para instar, por ese concreto plazo [de seis meses], la prórroga finalmente concedida”. Y como colofón nótense estas contundentes palabras de los magistrados: “se acordó sin fundamento discernible y en detrimento por ello de la irrenunciable potestad constitucional del Congreso para decidir en el curso de la emergencia sobre la continuidad y condiciones del estado de alarma, intervención decisoria que viene impuesta por la Constitución” (sentencia 183/2021 de 27 de octubre).

¿Le parece poco al lector / a / e? Pues seguimos: sobre el abuso de los decretos leyes ya se ha escrito con tino (por ejemplo, Manuel Aragón) y por nuestra parte nos remitimos a nuestro “Panfleto contra la trapacería política”. Añadimos ahora dos datos sobre los que el minucioso estudio de la Fundación CIVIO nos proporciona gráficos expresivos. El primero es el número de páginas que ocupa cada Decreto-ley: se cuentan por centenares habiendo conseguido el trofeo más elevado el Decreto ley de 4 de febrero de 2020 que alberga ¡252 páginas! El segundo, más preocupante aún: el uso torcido por el Gobierno para modificar decenas de leyes de un trazo. También aquí tenemos un récord: el Decreto-ley 6/22 de 29 de marzo dio un mordisco ¡a 39 leyes!

En el fondo de estos desvaríos se halla además la práctica del más burdo chantaje (DRAE, extorsión) a los grupos políticos. Consiste en mezclar – como en esos modernos robots de cocina- los más diversos ingredientes: becas, bonos de transporte y quien sabe si en el futuro el otorgamiento de un vale para la cirugía estética, con medidas aflictivas para el comercio, la industria, la hostelería … Todo en un paquete cerrado que ha de ser tomado o dejado, sin matiz alguno, en su integridad. ¿Se puede asistir a un envilecimiento mayor del ejercicio de la potestad legislativa, a un atropello más despótico al debate parlamentario, razón de ser del oficio de diputado?

¿Parece insuficiente lo dicho hasta ahora? Pues demos cuenta de otra práctica perversa. Respecto de muchos de estos Decretos-leyes se acordó su tramitación como ley con el carácter de urgente, tal como permite la Constitución (artículo 86.3). Si no hemos errado en la consulta de la base de datos del propio Congreso, estas tramitaciones urgentes están entorpecidas por otro diabólico truquito, a saber, el de acordar en la Mesa, con los votos de los grupos que apoyan al Gobierno “de progreso”, la ampliación del plazo para presentar enmiendas. Dos significativos ejemplos: respecto al Decreto-ley 26/2020 de 7 de julio sobre medidas económicas se ha ampliado el citado plazo ¡78 veces! estando previsto que se siga tramitando en septiembre, es decir, cuando han pasado más de dos años desde su convalidación. Segundo ejemplo: el Decreto-ley 36/2020 de 30 de diciembre relativo a la ejecución del Plan de Recuperación, esto es, a la distribución de los fondos europeos para paliar los daños originados por la pandemia, ha visto alargado el plazo de enmiendas más de ¡60 veces!

¿Es que el Congreso trabaja despacio? A veces porque, en otras, pica espuelas.

Así, el Grupo Socialista – con la colaboración del de Podemos- está presentando proposiciones de ley con éxito pues enseguida son bendecidas y logran su reflejo inmediato en el BOE. Recordemos – y aquí la infame artimaña- que la utilización de estas iniciativas legislativas evitan el meditado estudio que sí está previsto para la tramitación de los proyectos de ley procedentes del Gobierno: dictámenes preceptivos del Consejo de Estado, Consejo General del Poder Judicial y otros órganos consultivos así como la participación de los grupos de interesados – sindicatos, empresarios, asociaciones-.

Verbigracia: el pasado 24 de junio de este año 2022 tocó el turno a la reforma de la Ley orgánica del Poder judicial para proponer magistrados del Tribunal Constitucional aprobándose el 27 de julio. El 28 estaba en el BOE. Esta modificación incidía en otra cuyo origen también fue una proposición de ley de los Grupos parlamentarios afines al Gobierno de diciembre de 2020, aprobada el 29 de marzo de 2021 y publicada en el BOE al día siguiente, el 30 de marzo.

Se comprende demasiado bien la urgencia que se imprime a estas iniciativas pues están destinadas a conformar una mayoría en el Tribunal Constitucional que se muestre complaciente con los excesos gubernamentales que hemos relatado. ¿No será entonces ese Tribunal, por mor de quienes tratan de manipularlo, un gran engaño? ¿No está justificado nuestro desesperanzado desengaño? ¿Alguien conoce algún remedio eficaz contra el gatuperio de jugadores de ventaja?

(Publicado en el periódico El Mundo el 2 de septiembre de 2022).

Etiquetado con: , , ,
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Discurso trascendental

Hoy traemos a estas Soserías el extracto de un discurso trascendental.

“Lo que nos falta – resumimos- es aprovechar esta Mesa por la Cogobernanza para debatir de forma consensuada y conjunta, en formato de “briefing”, sobre la movilidad  energética, la reducción de emisiones en el marco del PNIEC y el ANFAC creando a tal fin una plataforma de colaboración público-privada.

Sabed que esta Mesa por la Cobergonanza es pieza clave para blindar nuestro futuro, afianzar la excepcionalidad ibérica, y evitar caer en el abismo de la reestructuración no sostenible, cerrando el paso valientemente a los enriquecimientos “caídos del cielo”. 

Por eso siempre la hemos defendido. Con arrojo, con la audacia propia de nuestros compromisos con los socios progresistas. Eso sí, siempre que todo se produzca en términos de economía circular, lo que es clave para la pujanza del gobierno corporativo. Si seguimos en esta buena dirección los beneficios sociales van a resultar espectaculares y ello se podrá visualizar. Y no solo visualizar sino también verbalizar y poner en valor.

Nada nos estará vedado, con esta herramienta, a la hora de topar precios y completar la transición sexual.

Y para pasmo de nuestros adversarios: desde la Cogobernanza, vamos a asegurar lo “trans” entre los reinos de la naturaleza de manera que quien nazca en Albacete como un niño se pueda convertir, cuando desee, en un cedro canario, pongamos por caso. O en una roca de los arrecifes más arrecifes que tengamos a mano.

Porque hemos llegado a la conclusión de que esa división del reino animal, el vegetal etc es una invención de los padres agustinos y de las monjas descalzas, creencias reaccionarias que es hora de desterrar recobrando el valor de la innovación participativa.  Y por cierto lo de “reino” es nuestra firme determinación cambiarlo por “república”.

¿Habrá algo más formidable que superar las limitaciones que desde siempre han coartado nuestra libertad? ¡Fuera las fronteras! Y los mismos derechos para los animales, hoy tan desprotegidos: el cerdo que quiera ser vaca, lo será y la vaca que quiera ser cangrejo del río Pisuerga, también hallará satisfacción a su lógica demanda.  Este es el camino del que nadie nos va a apartar aunque nos llamen visionarios. 

Y ahora viene lo mejor: abajo la meritocracia que provoca ansiedad, quedarán abolidas las oposiciones a jueces, a inspectores de Hacienda, al Alto Estado Mayor del Ejército, el MIR, lo que haga falta: a partir de ahora solo se admitirá al servicio del Estado a quien haya acreditado ser “amante de”, “amiga de”, “pareja de”. Se han acabado los parches y las contemplaciones.

Como la caverna acecha, no nos olvidaremos de derogar las tesis doctorales por retrógradas y porque ya hemos pagado con ellas un tributo demasiado indigesto al pasado cuartelero. Las sustituiremos por un tuit.

En nuestro combate contra prejuicios y actitudes rancias vamos a hacer de España un Reino de Taifas moderno, libre de rigideces.

Por ello si Murcia mañana quiere ser Gijón pues que se decida democráticamente aplicando el Protocolo pertinente”.  

Así, con estas palabras y otras tan encendidas como esperanzadoras, habló en la “Convención por el futuro del Estado y la implantación del Diálogo entre las Culturas y los Reinos (Repúblicas) de la Naturaleza” el presidente de la Mesa por la Cogobernanza.

Fue muy aplaudido por su talante, por su empatía y por su compromiso con el  entendimiento transversal.

Publicado en: Blog, Soserías

Pasión y dolores en la Fiscalía

Algarabía y conmoción en el panorama judicial al renunciar a su cargo doña Dolores Delgado, polémica Fiscal General del Estado, por razones personales de salud. Si la califico como “polémica” es por mostrarme contenido en el uso de los adjetivos ya que es evidente que quien acababa de abandonar la poltrona de ministra de Justicia y de participar en unas elecciones generales bajo las siglas del PSOE (en las que obtuvo acta de diputada) no parece que fuera la persona idónea para ejercer sus funciones con la “imparcialidad” que al conjunto del Ministerio Fiscal exige su Estatuto (artículo 2.1, ley 50/1981).

Esta es una de las trapacerías que están contaminando a nuestras instituciones públicas desprestigiándolas a los ojos de la ciudadanía crítica. Una trapacería que no podemos considerar privativa del actual Gobierno pues muchos de los anteriores se han comportado, al decidir sobre este cargo, con igual desparpajo pero, en este caso, todo indica que las formas más elementales quedaron groseramente sepultadas en los lúgubres sótanos del sectarismo. Lo que la andadura posterior de la señora Delgado ha confirmado.

A partir de ahora, asistiremos a la secuencia de los acontecimientos. El nuevo Fiscal General será nombrado por el Rey a propuesta del Gobierno, oído previamente el Consejo General del Poder Judicial. El nombramiento habrá de hacerse entre “juristas españoles de reconocido prestigio con más de quince años de ejercicio efectivo de su profesión”. El Gobierno, una vez recibido el informe del Consejo, pedido para decorar el procedimiento pues carece de relevancia, comunicará su propuesta al Congreso de los diputados “a fin de que pueda disponer la comparecencia de la persona elegida ante la Comisión correspondiente de la Cámara … a los efectos de que se puedan valorar los méritos e idoneidad del candidato propuesto”.

Teóricamente el esquema es atractivo: estamos en presencia de un cargo cuyo nombramiento ha recorrido los pasillos de los tres poderes: el Ejecutivo que propone más el legislativo que valora y el judicial que es oído. Todo ello “coronado” precisamente con la intervención de la Corona. La realidad es bastante menos brillante porque tales diligencias son puro aderezo de cartón piedra.

Aquí viene la segunda trapacería: todos damos por hecho que el Gobierno nombrará a quien ha elegido – un directísimo colaborador de quien ha renunciado- pues el paso por el Congreso vuelve a tener efectos puramente ornamentales.

Es el Gobierno – probablemente su Presidente- quien nombra a una persona a la que se confía conducir el Ministerio Fiscal que “tiene como misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley … así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante estos la satisfacción del interés social”. ¡Ahí es nada lo que el legislador constitucional atribuye al Ministerio Fiscal! Pues todo eso, tan grandilocuente queda en manos de una persona de la estricta confianza política del Gobierno. Por eso ha podido decir en estas mismas páginas (23 de marzo) Consuelo Madrigal, ex fiscal general, que “estamos ante un poder del Estado de enorme incidencia en la vida, libertad, hacienda y reputación de los ciudadanos, prácticamente exento de rendición de cuentas y de responsabilidad, sea penal o de cualquier otra índole. Una anomalía (peligrosa) en cualquier sistema democrático”.

Precisamente porque esto es así he propuesto desde hace tiempo otro medio de selección de tan poderoso personaje con el objeto de que se disipe cualquier sospecha de parcialidad y es la del sorteo entre los magistrados del Tribunal Supremo y Fiscales de Sala que voluntariamente quisieran concurrir a él. Yo añadiría “veinticinco años de ejercicio efectivo de su oficio”

La persona “premiada” con la bola de la suerte sería asumida por el Gobierno y se podría continuar con la tramitación prevista en el Estatuto del Ministerio Fiscal hasta desembocar en la firma regia (comparecencia parlamentaria e intervención del Consejo general del Poder judicial, ya citadas).

La razón de ampliar el plazo de los quince años a los veinticinco es la siguiente: se corregiría el deplorable efecto que causa ver a un fiscal general del Estado poniéndose al servicio de intereses privados al formar parte de un bufete de abogados una vez concluido su mandato. Como las incompatibilidades sirven para poco o nada, si se consignara ese número mayor de años previos al acceso al cargo, es probable que se saliera de él con una edad, si no bíblica, sí lo suficientemente avanzada como para tener ya los calores enfriados y haber disipado un gran número de temerarias tentaciones.

El meollo del poder del Fiscal General del Estado se aloja en la política de nombramientos. Puede decirse que quien ingresa en la carrera asciende en ella conforme a criterios y concursos reglados – lo que afecta a la inmensa mayoría de los fiscales españoles, seleccionados en unas duras oposiciones- pero solo llegará a la cima – Fiscal de Sala del Tribunal Supremo – si cuenta con el apoyo del Fiscal General: el respeto estricto al principio de mérito y capacidad ha sido desterrado en beneficio de la merced (sin que quiera decirse que las personas que llegan a ocupar tales cargos no sean de mérito ni carezcan de capacidad). Ocurre como con los magistrados aunque la diferencia radica en que estos, para llegar al Tribunal Supremo, se someten a una crujía que al final decide un órgano colegiado mientras que, en el caso de los fiscales, es un señor / señora quien tiene la última palabra.

Tan solo había una cautela: la intervención del Consejo fiscal, llamado a informar las propuestas respecto al nombramiento de estos cargos superiores, tarea sometida a criterios técnicos y profesionales. Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo controvertida -y malhadada- de 13 de abril de 1998 (caso del fiscal Eduardo Fungairiño) acabó con lo que era práctica habitual, a saber, que para los ascensos a fiscales de Sala era preciso contar con el informe favorable del Consejo fiscal. Hasta diez votos particulares tiene la sentencia del Supremo y en ellos se pueden leer atinadas consideraciones como la de que “el pronunciamiento del Consejo fiscal sobre la aptitud profesional para ser Fiscal de Sala no supone que se inmiscuya en cuestiones de oportunidad o conveniencia, reservadas a la responsabilidad del Fiscal General, sino que emita un juicio sobre un elemento reglado, basado en datos objetivos, extraídos de la anterior conducta profesional”. Lo determinante es que la doctrina jurisprudencial mayoritaria de 1998 ha permitido sembrar la insatisfacción entre los fiscales sabedores de que llegar al final de su carrera va a depender, no de su trabajo, no de lo que se esfuercen en estudiar los asuntos, no de sus actuaciones ante los tribunales, sino del favor de quien pasajeramente ostenta el puesto máximo de la organización.

Recientemente, el nombramiento de Fiscal de Sala de menores efectuado por doña Dolores Delgado ha sido anulado por sentencias de 19 de abril de 2022. La señora Delgado ha vuelto a nombrar a la misma persona lo que ha motivado la reacción – lógica- de la Asociación de Fiscales que ha pedido al Tribunal que se ejecute la sentencia invalidando la repetición de esa designación.

Un avispero, como se ve, el de los deplorables nombramientos discrecionales: deberían ser desterrados en su práctica totalidad.

En fin, otro asunto es la supresión de las “puertas giratorias” entre ministerio fiscal y política, un matrimonio diabólico que urge divorciar y que la señora Delgado ha vivido con complacencia. Para oficiar en esa ceremonia solo hace falta voluntad política. ¿Alguien la tiene?

(Publicado en El Mundo).

Etiquetado con: , ,
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Excrementos

En la literatura humorística española fue muy frecuente el relato construido sobre el torero que lleva su toro a la plaza, el médico que tiene en nómina a su propio enfermo o el militar a un preso de guerra de confianza, hoy estas bromas han desaparecido porque nos hemos hecho influencers y youtubers sostenibles.

Pero hay otras, la más reciente es la que nos informa de que un tal Putin, invasor de países que le encocoran, lleva consigo en sus desplazamientos su propio inodoro para evitar que los espías analicen sus apreciables heces. 

Triste destino el de estos honrados espías, padres / madres de famili,  temerosos de Dios, que, en lugar de microfilmar documentos, han de entregar su celo profesional a examinar morosamente las cagadas de un prójimo que olerán “y no a ámbar”. 

–  Peor sería llevar un Kalashnikov AK-74 – oigo a mi alrededor.

Cierto pero nadie negará que el capricho es raro. Uno lleva el neceser con la brocha de afeitar o el cepillo de dientes pero ¿un evacuatorio portátil que no expele los excrementos sino que los almacena? Se vuelve a épocas pasadas, aquellas en las que no existía ese chorro de agua que hoy expulsa a hondones tenebrosos y mefíticos nuestras deposiciones. 

El problema es que hoy este antojo lo practica el excéntrico mandatario ruso pero ¿y si se generaliza? Porque la causa de este trasiego de inodoros es evitar el espionaje y el descubrimiento de secretos de Estado incorporados a ilustres boñigas. Pero – se admitirá- que ese riesgo lo pueden padecer muchos otros mandatarios: jefes de Estado, ministros, presidentes de esto o de aquello, los influencers y youtubers a que me refería antes y hasta concejales podrían vivir la angustia de ver desnudados sus delicados secretos a partir del análisis de sus deyecciones.

Si esto fuera así, imagine el lector / a el trastorno que causaría en los trenes, en los aviones la adecuada protección de tan apreciables residuos. Un lío monumental sobre el que nadie – de momento- ha reparado.

Pero es que además el hediondo y espeso esfuerzo es inútil.

– No lo creo, una diarrea puede esconder un tesoro de datos sensibles sobre submarinos, tanques, sistemas costeros de artillería y helicópteros de última generación.

Una objeción bien trabada pero que no desbarata mi tesis.

Acepto que el análisis de evacuaciones líquidas y frecuentes pueden determinar la marcha de una campaña bélica en este enclave decisorio o en aquel puerto de mar.

Pero no cubre otros: por ejemplo, el palomino que se deposita en la ropa interior del mandatario.

Como deja a la intemperie su sudor, copioso tras el estudio de los asuntos de Estado; los eructos, no menos copiosos tras las comidas igualmente copiosas a las que obligan esos mismos secretos de Estado; en fin, los mocos o esas ventosidades ligadas a la forma de alimentación sacrificada de estos personajes.

Se verá que aún quedan muchos flancos al descubierto en el meritorio trabajo de espías / espíos / espíes.

Publicado en: Blog, Soserías

Tribunal Constitucional: ya empezó mal

Los juristas cultos saben que el invento del Tribunal Constitucional se debe a un austriaco llamado Hans Kelsen (Praga, 1881-Berkeley, 1973) de cuya pluma salieron obras notables, entre ellas, la “Teoría Pura del Derecho” (primera edición, 1935). Kelsen, cuya vida da para una novela, fue un gran profesor pero sobre todo fue una excelente persona. Tan buena que pensaba que en el mundo había algo puro y, encima, adjudicó ese hermoso adjetivo ¡al Derecho! ¡precisamente al Derecho! Se advertirá su bondadosa ingenuidad.

Lo cierto es que, tras la finalización de la primera guerra mundial, recibió el encargo de colaborar en la redacción de la nueva Constitución de la República de Austria, una vez desmoronado el Imperio austro-húngaro. Y a ella consiguió incorporar el Tribunal Constitucional, fruto de su teoría acerca de la primacía de la Constitución en el Ordenamiento jurídico. Kelsen, preciso es aclararlo, era judío y estuvo vinculado al socialismo austriaco, sin sectarismo de ningún tipo, probablemente un íntimo homenaje a sus humildes orígenes familiares.

Creado el invento, Kelsen fue nombrado magistrado como fruto de un acuerdo de todos los partidos en el Parlamento. Los magistrados eran vitalicios.

Pero Kelsen, pasados pocos años, tuvo que abandonar el Tribunal. 

¿Por qué? Conocer las razones exige dar cuenta de un conflicto suscitado en la sociedad austriaca con motivo del cambio político, que afectaba a muchas personas y que derivaba del régimen jurídico del matrimonio. Regulado este en la época de Metternich, es claro que la Iglesia católica había dejado caer sobre su ordenamiento todo el peso de su fuerza  en el Estado. El matrimonio era pues indisoluble aunque estaba admitida la separatio que, en todo caso, no disolvía el vínculo a menos que, para casos excepcionales, lo autorizaran  las autoridades civiles. Es decir que convivían dos principios antagónicos: el católico de la indisolubilidad y el absolutista (regalista) de la competencia de la Administración para administrar dispensas que afectaban a un vínculo indisponible fuera de la Iglesia. Una situación resuelta en la práctica por las autoridades del Estado que decidían a veces a favor de los peticionarios, aunque solo cuando se trataba de personalidades muy influyentes, que podían así volver a casarse.

Esta situación era preciso cambiarla pero no era fácil por la presión eclesiástica, reforzada a través del partido socialcristiano, que llegó a sentar a un religioso en la cancillería (Ignaz Seipel). Allí donde las autoridades obedecían su disciplina no había forma de ganar la dispensa, mientras que donde no ejercía su influencia (otro partido de la derecha o el socialista), las posibilidades de obtener tal dispensa resultaban  favorables.

A complicar las cosas vino el poder judicial pues algunos tribunales civiles declararon nulos matrimonios contraídos en virtud de tales dispensas. Kelsen se da cuenta de que el mismo Estado que, a través de sus autoridades administrativas, autorizaba un matrimonio, lo declaraba nulo a través de sus tribunales, lo que se prestaba a chantajes porque cualquiera podía instar la nulidad, incluso el propio contrayente, si luego se apartaba de la decisión tomada. Se produjo el siguiente caso: un arquitecto que estaba separado de su mujer tabula et habitationis, consigue la dispensa para casarse de nuevo, lo que hace con una acaudalada holandesa. Una vez derrochado su patrimonio, se dirigió al juez civil para explicarle que su matrimonio se sustentaba en una dispensa y este le declaró nulo el matrimonio. La holandesa así engañada  explicó que ella se había casado confiada en que cumplía con el Derecho austriaco y, pasado el tiempo, se encontró con la sorpresa de que lo que una autoridad había aceptado, otra lo anulaba. Se inicia un proceso ante el Tribunal Constitucional que sentencia que los jueces del orden civil no son competentes para decidir sobre un acto administrativo y deja sin efecto la anulación de la dispensa que habían pronunciado. El matrimonio volvía pues a estar en pie. Como era conocido el protagonismo de Kelsen en la solución de este asunto, se desató contra él una terrible campaña desde los medios católicos. Hasta sus hijas recibían anónimos y tuvieron que ver, colgados en la puerta de la casa, escritos amenazadores.

El partido social cristiano en el poder decide entonces la reforma de la composición del Tribunal para que los magistrados, en lugar de ser elegidos por el Parlamento, lo fueran por el presidente de la República a propuesta del Gobierno pero, para ser llevada a cabo, se necesitaba el apoyo de los votos socialistas ya que, al estar previsto que ostentaran su cargo de forma vitalicia, el cese de los que ya ejercían como tales exigía una mayoría parlamentaria cualificada pues se trataba en rigor de una reforma constitucional.

¿Qué haría en tal coyuntura el partido socialista? Como primera providencia se negó a secundar unos planes que dejaban en manos del Gobierno la justicia constitucional. Pero el partido socialcristiano no se paraba en barras y amenazó directamente a los socialistas con recortar las competencias autonómicas de que disfrutaba Viena, único reducto donde  ejercían aún el poder político. Los socialistas cedieron entonces a cambio de dos puestos (de los catorce) en el nuevo Tribunal. El presidente del partido ofreció a Kelsen ocupar uno de los asientos pero Kelsen se negó a ser magistrado de un “partido político” y además reprochó a los socialistas haberse prestado a un juego sucio y peligroso. Como quiera que los artículos periodísticos en contra de él no amainaban en la prensa católica, decidió poner tierra por medio y aceptar una cátedra en Colonia. En la prensa liberal y en la de izquierdas hay una gran conmoción cuando se sabe que Kelsen deja Austria y se le ruega que reconsidere su decisión. Con este motivo, el escritor Robert Musil anota en su diario que “es preciso crear en Austria una Asociación contra la expansión de la estupidez”. Pero Kelsen se marcha.

Tuvo ocasión el diserto jurista de saber lo que era la áspera realidad de la teoría pura del derecho, de la primacía de la Constitución, de la independencia del Tribunal Constitucional y demás sutilezas que había explicado en sus libros.

Viene este redordatorio a cuento de la noticia, según la cual el grupo socialista en el Congreso, siempre y sin rechistar a las órdenes de la Jerarquía, sería el autor de una proposición de ley destinada a cambiar otra ley por el mismo grupo disciplinadamente puesta en circulación hace unos meses que impedía al Consejo General del Poder Judicial realizar sus nombramientos discrecionales en el Tribunal Supremo y demás órganos jurisdiccionales mientras no se renovara su composición.

Se trataba de forzar la negociación a la que se resistía el Partido Popular. Ahora, cuando al Gobierno le interesa sobremanera realizar dos nombramientos en el Tribunal Constitucional, se encuentra con que el CGPJ no puede efectuar los suyos, lo cual dificulta la operación pues la Constitución impone que se hagan al mismo tiempo los nombramientos procedentes del CGPJ y del Gobierno. Solución: se le desatan las manos al CGPJ, pero solo para estos nombramientos, pues para los demás, parece que seguirán con los grilletes puestos.

Esta es como digo la solución. La conclusión es otra y bien amarga: se crea un Tribunal para asegurar la interpretación de las leyes y, a renglón seguido, se le manipula nombrando por cuotas de los partidos a sus magistrados, retorciéndose después con inverecundia leyes y principios para asegurarse el control partidario de tan excelsa e independiente institución.

Lo que mal empezó en Viena acaba en España en forma de una nueva trapacería que instala ya definitivamente a nuestras instituciones constitucionales en una feria de chapuzas.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 25 de junio de 2022).

Etiquetado con: , , ,
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

«El regresismo»

De vez en cuando es conveniente que nos miremos en nuestros adentros para advertir en qué situación se hallan nuestras opiniones. Hacer un alto, como si dijéramos, en nuestro deambular y practicar la introspección.

Así, por ejemplo, en unos días ejerciendo de caminante introspectivo por la vida, me he dado cuenta de que defiendo que los estudiantes tengan que aprobar todas las asignaturas para pasar al curso siguiente. También creo que es un disparate que haya zonas de España donde no se pueda estudiar el idioma español. A lo mejor son rarezas del viejo que soy pero yo así lo estimo.

Como estimo que es raro el hecho de que un varón se levante por la mañana y, ejerciendo el derecho a la libre determinación de su sexo, se declare sin más mujer. O viceversa, que una señora después de desayunar, harta de hacer de esposa y de madre, diga que es un hombre y que es su firme determinación pedir el ingreso en un convento de padres agustinos. ¿Son extravagancias mías? Puede ser, pero en ellas estoy.

También creo que el pedo de una vaca de mirada triste pero esperanzada no atenta contra el equilibrio de la naturaleza ni pone en peligro la seguridad de los glaciares sino que es una expansión fisiológica sana y a la que todos ¿para qué engañarnos? nos hemos dedicado más de una vez, aunque lo hayamos hecho de manera furtiva, evitando el estrépito porque puede alarmar a quienes nos rodean.

Ir a cazar unos jabalíes al monte o asistir a una corrida de toros son pasatiempos que están inscritos desde tiempo inmemorial en las costumbres de los humanos y por eso también patrocino su licitud y conveniencia.  

Asímismo juzgo que el lobo es un bicho en ocasiones perverso que se come a las ovejas y que ello daña el patrimonio de los ganaderos, a quienes debemos respetar porque de ellos depende el ecosistema que no sé muy bien lo que es pero que debe de ser algo relacionado con los prados, las montañas, el azul del cielo y la serenidad de los lagos.

Y, si pasamos a la vida colectiva, defiendo que no se debe gobernar por medio de decretos leyes porque destruye el sentido que tiene el Parlamento y hace inútiles las elecciones.  Es decir, nos anima a que el día en que se celebran nos vayamos a tomar a la playa más cercana unas gambas y hagamos un corte de mangas a la urna y a sus ritos.

También defiendo que los jueces han de ser independientes y que los manejos de los políticos para designarlos son abominables. Y que quien ostenta la máxima categoría en la Fiscalía no debe ser una mujer que ha estado en el Gobierno y ha obtenido un acta de diputada dando mítines por las plazas de España.

No me agrada que se otorguen beneficios a los terroristas y sí a sus víctimas. Como tampoco comparto que se indulte a quienes han perpetrado un golpe de  Estado. 

Asímismo sostengo que los funcionarios han de ser seleccionados con respeto al principio de mérito y capacidad, demostrado en pruebas, y no por un apaño del compañerete del partido o de la tribu sindical. Por eso estoy en contra del número desvergonzado de “asesores” nombrados a dedo por ministros, presidentes, consejeros y el resto del tropel que decora el escenario político.

Me parece execrable que los partidos y los sindicatos estén alimentados por las arcas públicas y no por las cuotas de sus afiliados que son quienes se benefician del reparto de sus prebendas.

Y así sucesivamente …

Pues bien, como todo esto que no comparto es lo que defiende y practica el “progresismo” que nos mangonea, he decidido hacerme “regresista”, anunciar la ideología del “regresismo”. No trataré de captar prosélitos porque creo que intentar convencer de algo a un semejante es como tratar de mover un avión con agua de Solares, pero allá por donde vaya proclamaré la rectitud de la conducta “regresista”.

El “regresismo” pues como elemento indispensable de la higiene personal. Y de la decencia.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Soserías

Un Gobierno adverbial

La oratoria parlamentaria trae en sus intimidades históricas momentos gloriosos de galanura. El orador diserto ha sido frecuente en el ágora del debate público y, al evocarlo, se nos agolpan los nombres de Pericles, Demóstenes, Cicerón … En España, en las Cortes de Cádiz, se oyó el verbo pulido de parlamentarios, casi todos asturianos, y a Castelar le tenemos dedicada una colosal estatua en el centro de Madrid.

Hoy, ay, esta oratoria está apagada de manera que si un día nos encontramos con energía para seguir un debate en las Cortes, pronto advertimos que el ánimo se abate y negros presagios pueblan nuestras decepciones. El insulto, que es una bella arte, se ha convertido en gárrulo desahogo. Su prestigio ha sido destruido por una cáfila de gregarios.

– Olvida usted hallazgos de nuestros oradores que merecen ser celebrados – me dice el hombre que siempre va conmigo (como le ocurría a don Antonio Machado).

Y es verdad. Porque hay un logro parlamentario de mucha enjundia. Me refiero al “no es no” que hemos oído en los últimos años como piedra basilar de la política.

Pues bien, cuando creíamos que en ese “no es no” se resumía todo el caletre de quien lo pronunciaba, nos encontramos con otro descubrimiento: el “si es sí” puesto en circulación en estos días, cuando la elocuencia emitía signos de naufragio. 

Y es que con este “sí es sí” revive el virtuosismo en la palabra al inundarse todo de evocaciones, de sugerencias, de huellas de un pensamiento exuberante y florido.

La conclusión es clara: con un par de adverbios hemos escrito un par de páginas en la historia de la oratoria. Economía de medios pero brillantez y claridad para que todos sepamos a qué atenernos. 

Se trata ahora, como se dice en la milicia, de explotar el éxito exprimiendo la riqueza de los adverbios, construyendo sobre ellos un género de razonamiento.  

Dar con el adjetivo ajustado es gran mérito pero es truco ya muy gastado. Y siempre se cita a Josep Plá que lo buscaba liando sus cigarrillos.

Es la hora del adverbio:

– Abajo es abajo.

– Nunca es nunca.

– Ahora es ahora.

– Demasiado es demasiado.

– Acaso es acaso.

El adverbio pues como “Ábrete Sesamo” que todo lo aclara, resume y condensa. Y que “consecuentemente” (otro adverbio) desatasca la política de sus abominables adherencias conservadoras. 

Como practico al adverbio un culto medido, prefiero esta frase: 

– El idiota, idioto, idiote del “no es no” y del “sí es sí” es incurable.

Y un oficiante de la nadería o del atropello. Eso sí: venenosos. 

Etiquetado con: ,
Publicado en: Blog, Soserías
Comentarios recientes
Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.