Toros y alcaldesa (y II)

Quedó claro en la anterior Sosería que la alcaldesa de Gijón no ha prohibido los toros en su territorio por observancia de la ideología del partido político al que pertenece y ello sencillamente porque las ideas de tal partido se inscriben en el espacio tambaleante de lo esponjoso, lo dúctil, pultáceo o maleable: hoy defiendo aquí lo que mañana combato allí. 

Convengamos por ello en que el apoyo de la fulminante decisión antitaurina se encuentra en el hecho de que la alcaldesa, a la vista de los textos eclesiásticos que cité la semana pasada, está convencida de que los toros son pecado. Como el liberalismo a finales del siglo XIX, según proclamó el Papa Pío IX y explicó con pluma inolvidable el Padre Felix Sardá y Salvany (1884).

La alerta está pues lanzada al espectador gijonés de una corrida de toros. Y así nadie se puede llamar a engaño. Los teólogos nos lo explican bien y a sus doctrinas preciso es acogerse, yo desde luego – como la alcaldesa- así lo hago porque soy discípulo del Padre Jeremías de las Sagradas Espinas y lector apasionado y tenaz de su demoledor estudio “¿Grave inmoralidad del baile agarrado? (Bilbao, 1949). Pues como el baile, los toros.

No se puede sostener que una corrida sea ilícita o lícita según que al espectador le parezca que peca o no y ello porque los toros son “per se” objetivamente pecaminosos. Un pecado además de tracto continuo, moroso, por cuanto el aficionado se demora en el trance: desde la adquisición de las entradas en la taquilla hasta la contemplación del espectáculo en la plaza y no digamos si después comenta con los amigos las incidencias de la lidia. Si es así, ahí entraríamos en algo cercano a la lujuria que, como se sabe, supone la complacencia en el desorden, en la delectación torpe.

Hay personas para quienes el espectáculo taurino es una ocasión de simple regocijo y así dicen:  “yo no tengo conciencia de pecar, voy solo a divertirme”. Se comprenderá que tal forma de razonar, aunque se produzca de forma ingenua, no cuela. Porque honradamente nadie puede excluir que, junto a ese pasatiempo, no se escondan otras intenciones pecaminosas que, para colmo, implican un escándalo público entendido como una perpetración externa menos recta (escándalo activo, diabólico o “simpliciter”) y que es ocasión de ruina espiritual para muchos conciudadanos (escándalo pasivo).

Todo esto se halla muy trabajado para que alguien intente dar gato por liebre. Y quienes han estudiado el pecado en su verdadera dimensión teológica, como es el caso de la señora alcaldesa de Gijón, saben perfectamente que los toros son pecado y ocasión para el desconcierto social.

La pregunta punzante que procede despejar ahora es ¿cuántos pecados se cometen al asistir a una corrida de toros? Pues a los señalados hay que añadir el pecado de cooperación que supone un concurso positivo al acto pecaminoso del agente principal. Aquí entran quienes intervienen como ganaderos, mayorales, veedores, por supuesto, toreros y rejoneadores, banderilleros y picadores. Hasta los caballos y los toros podrían incurrir en graves sanciones canónicas si consideramos lo espabilados que son y que por lo mismo no pueden ser ajenos al tráfico infame en el que participan. 

Los daños morales que el toro causa se expanden en el tiempo pues muchos de los espectadores, a lo largo de la semana o de los meses subsecuentes, evocan con delectación aquella verónica templada con que el torero recibió al primero de la tarde o aquellas chicuelinas ceñidas y no digamos aquella serie con la izquierda de mano baja o aquella trincherilla, ay, de ensueño …

Quién no quiera ver el pecado en todos estos placeres mundanos es que acepta complacido la corrupción de las costumbres.

Y es lo que la muy progresista alcaldesa de Gijón jamás tolerará en el territorio de su mando.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Soserías

Toros y alcaldesa (I)

Se cree que nuestros alcaldes y otros gobernantes son personas iletradas que solo le dan al tuit y que leen pocos libros.  

Siempre he defendido lo contrario y una prueba expresiva de ello es lo que ha ocurrido con la alcaldesa de Gijón a la hora de prohibir los toros en su jurisdicción. ¿Es esta señora una iletrada? ¿No conoce la gran admiración que poetas, pintores y otros artistas han sentido por la fiesta de los toros aunque fueran de derechas como Ortega, Pérez de Ayala, Lorca, Picasso o Alberti?

En absoluto, lo que ocurre es que esta ilustre municipal prefiere seguir la tradición eclesiástica al ser ella persona creyente y de honda religiosidad. Por eso sabe que Pío V, en el siglo XVI y en su bula “De salutis gregis dominici”, condenó con la excomunión al laico o eclesiástico que se le ocurriera asistir a un regocijo taurino. Por nada del mundo quiere quien ostenta la vara de mando que un gijonés incurra en una sanción canónica tan aflictiva.

Y no solo fue aquel Pontífice, también santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia en aquel mismo siglo, se dirigió a los fieles: “os denuncio en nombre de Nuestro Señor que todos cuantos obráis y consentís y no prohibís las corridas de toros, no solo pecáis mortalmente sino que sois homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violentamente vertida”.

Estoy seguro de que no hay día en que la autoridad municipal de la hermosa tierra asturiana no visite las páginas de la obra “De spectaculis” del Padre Juan de Mariana donde hay varios capítulos dedicados a fustigar la fiesta de los toros. “¿Quéreis sangre? preguntaba desafiante el jesuita, para contestar “¡Tenéis la de Jesucristo!”. El problema es que Mariana fue contrario también a cualquier tipo de juegos escénicos o teatrales por lo que más les vale espabilar a los empresarios del sector en el territorio donde ejerce su  autoridad la señora alcaldesa de Gijón.

Esta actitud fieramente (ya que hablamos de toros) antitaurina se mantiene en otros clérigos de los siglos posteriores como el Padre jesuita Martín de Lanaja quien se descolgó nada menos que con un “Tractatus contra noxia et feralia spectacula agitationes taurorum” donde no deja títere con cabeza. A él deben añadirse los jesuitas casuistas que distinguieron con sutileza sobre si se incurría en pecado mortal o venial, si se podía dar la comunión a quien hubiera sido visto en un lugar donde se corrieran toros y otras delicadas cuestiones del más elevado interés teológico.

Hasta llegar al Padre Sarmiento quien repara en el aspecto económico de los festejos, dimensión que ha sido tratada también estos días. El citado Padre argumenta que “no hay corrida que no tenga sus vísperas y su tornaboda. Quiero decir que cada una vale por tres días de ociosidad perdida o festiva”. A lo que agrega el erudito fraile la sustancia moral. “añádase el libertinaje e indecencia de asistir a ella hombres y mujeres entreverados y aun unidos”.

Hay quien pensaba que esta era literatura olvidada. Pues no es así porque al menos se mantiene viva en los hábitos culturales de la alcaldesa de Gijón que se fía de Papas y Padres prestigiosos porque sabe que tienen hilo directo con Dios.

Como ella lo tiene además con el Dios del Progresismo Inclusivo y Transversal.

Etiquetado con: ,
Publicado en: Blog, Soserías

¿España multinivel?

España ha sido un país ceniciento y montaraz poblado por Reyes católicos, Caudillos y bandoleros y cuando se quiere citar a una personalidad descollante nos acordamos de don Manuel Azaña a quien en su época llamaban “el verrugas”.

Este es nuestro pasado que estamos corrigiendo en estos años venturosos. Hemos tenido a España como Nación de Naciones y ministro hay que se duerme contando las naciones como otros se duermen contando corderitos. Nos han brotado naciones en la Península como brotaban hombres de pelo en pecho en el bancal de la película “Amanece que no es poco”. Se riega un poco con el dinero público y ya tenemos una nación hecha y derecha, con todos los sacramentos y mucho mejor administrados que las vacunas.

Espero que no nos olvidemos de este logro semántico de la Nación de Naciones porque todavía nos ha de prestar mucha apostura en nuestro caminar por la Historia.

Lo digo porque hemos puesto en circulación otro que aspira a suplantarlo. Con la España multinivel, hallazgo tan relevante como la rueda o el tornillo, conseguiremos – nos dicen- un buen nivel en el conjunto de un mundo multinivel. Sobre todo si contamos, como es el caso, con un valioso y experto nivelador que practique la adecuada nivelación.

Lo contrario sería correr el riesgo del desnivel, es decir del desequilibrio, de la pérdida de la firmeza. Un plano inclinado por el que se deshacen las naciones.

Me gusta la expresión por ser imaginativa y sobre todo valiente por cuanto supera el federalismo, una antigualla apta para nostálgicos y eruditos gargajeantes.  

Ahora bien, estas Soserías están para abrir caminos inexplorados. Por eso me atrevo a proponer otra que juzgo más vistosa, a saber, la “España multicolor” que refleja mejor nuestra diversidad como han captado nuestros poetas y pintores: la España verde de los prados y las montañas, la España azul de las playas y los mares, la España amarilla de las tierras de pan llevar y por ahí seguido …

Por fin abandonaríamos el pasado gris para abrazar la España de los tonos, de los matices, del juego cambiante de las tintas, en una palabra, la policromía llevada a las entrañas constitucionales. ¿Se puede estar mejor inspirado? Aportar reflejos, irisaciones, esmaltes, realzar lo violáceo, lo índigo, lo pálido, lo desmayado … en toda suerte de combinaciones para conformar el verdadero retablo de la España actual que corregiría la historia lastimosa de toros y moscas.

La España multicolor sería la España multiforme que prevalecería sobre la España que vistió uniforme (en el cuartel, en el colegio de curas etc).

De manera que esa España multicolor por Technicolor que propongo será una España risueña en la que cabremos todos acabando con las banderías desgarradoras. 

Despidamos pues a la España roja y a la España azul e instalémonos en un mundo multicromo, complacido en los matices, mecido por el dulce aura del tornasol.

Con una ventaja: los señores gobernantes nos permitirán hablar de nuevo, sin circunloquios, de España. Aunque solo haya quedado reducida a un ramillete de globos de colores.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Soserías

Condenas como ministros

El ministro de Universidades es persona amable y atenta con quienes escribimos en los periódicos. Hay quien propone que se le envíe un video para aprender sindéresis pero esto arruinaría su prestigio y nos privaría a los plumillas de buenas columnas. 

Hace unos días ha dicho que “suspender a un alumno es condenarle”. ¿Cómo no nos habíamos percatado antes? Porque tiene razón sobre todo si se tiene en cuenta que es una condena pronunciada sin las garantías de la ley de Enjuiciamiento. El juez se rodea de trámites, testigos, autos, recursos, vistas y cientos de folios de papel timbrado para pronunciar una sentencia contra un caco mientras que el profesor de la Facultad de Historia lo hace – sin mayores cautelas procedimentales- simplemente porque un chaval ha confundido a Cánovas del Castillo con uno de su cuenta de twitter. Y solo por eso cae sobre él la condena que tan certeramente condena el señor ministro.

De manera que vamos a apresurarnos a suprimir los suspensos en la Universidad porque, si no es así, corremos el riesgo de ver en los campus “cuerdas de condenados” como se veía en el pasado a los desdichados que trasladaban a presidios lóbregos situados en lejanas colonias. 

Para felicidad nuestra no está solo el responsable de las Universidades. Le acompaña en esta campaña contra los castigos infamantes  su colega de Educación secundaria y primaria quien también ha anunciado que se pasará de curso con las ocho asignaturas suspendidas de un curso de seis. ¡Qué cabezas estas de pedagogos! Lo que hemos sufrido en el pasado con la selectividad, el COU, el PREU (que es de mi época casi medieval) y ahora, con un acuerdo entre las fuerzas empoderadas del Congreso de los Diputados, las nuevas generaciones se ven libres de estas violencias que marcaban su personalidad, siempre de forma lacerante.

Aquella terrible escena del pasado en la que los padres se enfrentaban a la directora del Instituto:

– Señores de Ojeda, lo siento pero su hija Adalberta es un zoquete y ha de repetir curso,

Historia pasada, historieta para abuelos pelmazos. Otra antigualla desaparecida gracias a los gobernantes que han encendido entre nosotros la llama votiva del Progreso.

¿Alguien creía que con estas medidas acababa la expulsión de nuestro mundo de todos los prejuicios y aberraciones urdidas por los curas y las derechas montaraces?

Ni hablar. Acabamos de inventar la supresión de las oposiciones para ocupar puestos pagados con dinero público. 

– Pero si son una forma de asegurar la igualdad de oportunidades – se ha oído decir a un malvado que se dedica a crispar.

Este sí que es un paso definitivo: ¡las ojeras que les salían a los opositores! ¡los sobresaltos que padecían! Ahora solo se verán caras risueñas y sin mascarillas.

Mi amigo Absalón, que tiene un oficio tradicional porque es batihoja en la aljama de Hervás, me ha dicho en una carta irreverente:

– A ver si podemos meter a todos estos ministros en un quirófano para ser operados por un cirujano que no haya tenido que pasar la condena de examinarse de Patología quirúrgica.  Será la forma definitiva de librarnos de semejantes majaderos.

Se ve que este hombre, el batihoja, no ve más allá de sus narices ni puede perder el pelo de su odiosa y carca dehesa.  

.

Etiquetado con: , ,
Publicado en: Blog, Soserías

Interinos eternos

En pleno debate sobre los interinos en las Administraciones procede señalar que su proliferación y presencia masiva en las tareas públicas es el fruto del matrimonio contraído entre una señora, la deplorable gestión de la función pública, y un señor, el clientelismo. Un matrimonio de los antiguos, sólido y a prueba de cualquier mudanza.

No extraña por ello que los jueces – europeos, nacionales … – se hayan visto obligados a poner coto a la incuria de los poderes políticos para introducir el ingrediente de la justicia allí donde no hay más que sinrazón. Porque es oportuno ponerse en la posición de un magistrado ante el que se presenta un veterinario, un profesor o un bombero que lleva veinte años prestando servicios a una Comunidad autónoma o a un Ayuntamiento sin que nada ni nadie haya sido capaz de enderezar su situación. Y lo mismo vale decir para el empleado de Hacienda, de Obras Públicas o de Justicia al servicio del Estado. Es lógico que quien conoce de tal atropello trate de arreglarlo como pueda con sus armas en un juzgado.

¿Cómo es posible el embrollo que todos los veranos se organiza con la asignación de puestos en la enseñanza? Y que afecta no solo a los interinos sino a quienes ya han logrado superar una oposición, peregrinos de centro en centro por las provincias durante años. Antiguamente, en épocas de menor exaltación empoderada, a quien aprobaba una oposición a profesor de Instituto se le asignaba una plaza que ocupaba hasta que por concurso se podía trasladar a otra que fuera más de su conveniencia y a la que tuviera derecho. Tal previsibilidad ha desaparecido y los pobres profesores, superadas las pruebas, se ven sometidos durante años a la trashumancia. Pero la trashumancia es propia del ganado y de los sufridos pastores, no de los funcionarios públicos.

Si esto ocurre con quienes han superado unas pruebas, imagine el lector lo que ocurre con quienes ostentan la condición de interinos, piezas movibles de un tablero regido por reglas arcanas y en donde -precisamente por ello- los enigmas sobrepasan con holgura a las certezas.

La desesperación del observador se afianza si contemplamos la carencia de personal en la asistencia sanitaria, especialmente lacerante en las zonas rurales, agravada por las consecuencias del virus. O en los servicios sociales o de empleo que tanto perjuicio causan a personas en situaciones desesperadas. Por no hablar de la Agencia Tributaria que exige un tipo de funcionario muy cualificado para que la seriedad se alíe con la solidaridad en beneficio de todos.

……………….

Al mismo tiempo, es bien cierto que, no todos, pero sí la inmensa mayoría de los interinos han adquirido tal situación gracias a la mediación de un pariente o al favor de un político. Lo lógico es que se les aclare desde el primer momento, sin la menor duda, que su condición es precaria y esconde un privilegio del que no han gozado miles de españoles carentes de ese cuñado bienhechor o de ese concejal, consejero o ministro que extrema su ternura con los allegados políticos. Un detalle que trastorna el orden constitucional entre cuyos valores se encuentra el mérito y la capacidad adecuadamente demostrados, como llaves que abren la puerta de acceso a los empleos que se financian con dinero público. Gracián ya dejó escrito que “no se habría de proveer dignidad ni prebenda sino por oposición, todo por méritos, solo a quien venga con más letras que favores”. Y esto dicho en el siglo XVII, cuando aún no se vivía bajo las actuales finuras constitucionales.

Por tanto, si tal interino estuviera en su puesto de trabajo solo el plazo que se necesita para que sea ocupado por un funcionario de carrera, entonces no se habría creado el atolladero que estamos viviendo conocido como “el “problema de los interinos”.

Pero tal no ocurre, lo que se debe a la deficiente gestión de la función pública ya explicada. De esa coyunda entre el trato de favor (insistimos: no siempre, pero sí con absoluta frecuencia) y la incuria nace el interino. El “interino eterno” lo que es un oxímoron porque el interino, según el DRAE, es quien “ejerce un cargo o empleo por ausencia o falta de otro”. Es como si habláramos de la “embarazada eterna” .

Y al “interino eterno” el juez no tiene más remedio que ayudarle solucionando los casos concretos y escandalosos de los que conoce en el ejercicio de su función.

Otra cosa es que el legislador se empeñe en resolverlo y lo haga además utilizando, en lugar de una pluma sutil, la tosca herramienta de la chapuza.

Porque chapuza, y de las clamorosas, es que a quien lleve diez años de servicio se le exima de cualquier prueba, la mínima que se pueda imaginar: un simple dictado, verbigratia, para comprobar si el candidato maneja de manera ortodoxa consonantes comprometidas como son la “b” y la “v”.

¿Por qué diez años? ¿de dónde sale esa cifra?

Estamos ante un acuerdo al que se ha llegado sin consulta previa ni con las Comunidades Autónomas ni con las entidades locales, altamente afectadas. No es mal desaire para un Gobierno de coalición que enarbola el diálogo y la “cogobernanza” como emblemas de su condición progresista, transversal e inclusiva.

Chapuza pues, remiendo impresentable. Que a nadie puede extrañar si, como sabemos por los medios de comunicación, el bodrio ha sido cocinado in extremis por dos o tres diputados. Personas estas a quienes debemos respeto por ser nuestros representantes elegidos en listas electorales bloqueadas y cerradas. Pero ningún respeto más pues se trata de seres que poco o nada saben de los asuntos serios y el de la función pública lo es como soporte del Estado.

A quienes están tan justitos de conocimientos, caso de esos diputados, no se les deben encargar, sin tomar las cautelas adecuadas, asuntos complejos. Muchos españoles nos quedaríamos más tranquilos si supiéramos que en este tema se había contado con la opinión de catedráticos como Alejandro Nieto o Miguel Sánchez Morón.

O con el Informe exhaustivo del Defensor del Pueblo (2003) que criticaba el abuso de la interinidad porque crea “un entramado de intereses contrapuestos”: frustra las expectativas de otros funcionarios al impedirles su promoción y obstaculiza a los opositores que aspiran a presentarse a pruebas públicas, limpias y juzgadas por personal competente (no por aficionados de los sindicatos). El aumento de la interinidad agudiza la desigualdad y extrema el peligro de la arbitrariedad pues es sabido que la contratación de personal temporal no conoce las garantías de la selección de funcionarios de carrera. A ello se añade que los procesos de posterior consolidación – como este que ahora estamos tratando- implican en la práctica incorporar mediante pruebas simples a quienes en su día accedieron sin una demostración exigente de sus méritos.

A la vista de lo expuesto, la complejidad del problema salta a la vista. Nada más frívolo que encargar su tratamiento a quienes carecen de los saberes necesarios y viven las urgencias de alcanzar acuerdos políticos que calmen los aprietos de sus respectivos jefes.

Antes de acabar consignemos con dolor la última botaratada que figura en la ponencia política que va a debatir el PSOE y que consiste en otorgar becas a los opositores a Judicaturas para garantizar el acceso “democrático” a la Carrera Judicial. Hace falta tener cuajo para anunciar este proyecto. Quienes firmamos este artículo llevamos decenios explicando en Facultades de Derecho y podemos asegurar que las plazas de jueces y fiscales se obtienen por jóvenes de orígenes sociales variados, entre ellos son legión los de humilde procedencia.

A ver si de una vez se aclara el mundo progresista: el único ascensor que asegura la justicia social es el de las oposiciones libres.

Publicado en El Mundo el día 29 de julio de 2021.

Etiquetado con:
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Yo soy el otro

En este festival inaugurado hace poco de los géneros y las identidades, las personas de mi entorno están encantadas porque se hallaban un poco forzadas en su condición.

– Yo he lamentado, me decía mi amiga Adrenilda, la angostura de las alternativas, el estrecho catálogo del que he dispuesto siempre en el que escoger. Figúrate el calvario que significa pasar la vida haciendo de mujer, teniendo las reglas, pariendo cinco hijos que son hoy cinco castillos y siempre soñando con algo que  enriqueciera mi vida, empequeñecida por un sexo que en mí nunca ha acabado de despegar. Encima, ejerciendo de oftalmóloga que es profesión que te permite ver que existen nuevos horizontes, lo que es añadir tortura sobre tortura.

– Y ahora …

– Gracias a una ley que ha aprobado el Gobierno de Progreso me he hecho varón cabal, varón con ganas de que se reediten las Cruzadas para irme a servir a Godofredo de Bouillon, sangro vigor guerrero por la piel, soy – ya lo ves- moreno como un marinero de los mares del Sur y además me está brotando una barba fluvial aunque lo más importante es que he abandonado la oftalmología y, ejerciendo mi derecho de autodeterminación, me he convertido en capitán de corbeta. Tengo ya la corbeta en casa y no sabes qué primor es, al carajo he mandado el tratamiento del ojo seco de lo que estaba hasta la córnea. 

El lector / lectora / lectore podrá pensar, en su apocamiento tradicional, que este de mi amiga Adrenilda es un caso aislado.

En absoluto, estoy experimentando la difusión de estos comportamientos. Mi taxista, Prisco, que siempre ha tenido cara de beneficiado catedralicio, ahora está exultante:

– Habrás advertido – siempre nos hemos tuteado- que se ha suprimido el requisito de disponer del “diagnóstico de disforia de género”. Y menos mal porque todo ha ido más transversal e inclusivo. Ahora soy agente creativo, youtuber y estoy a punto de ser además influencer. Te tendrás que buscar otro taxista.

Es decir que a mi alrededor no hay más que alegrías. Y alivio, mucho alivio por haber superado cárceles angostas diseñadas por las derechas.

Pero, ay, siempre hay alguien que sufre. Es el caso de mi vecina Crescencia.

Crescencia sufre, Crescencia llora, Crescencia hipa, Crescencia se agita entre sollozos, Crescencia no admite consuelos.

– Soy desgraciada, no sé cuál es mi género, justo cuando es mayor el inventario en el que escoger. He pedido información al Ministerio de Igualdad y me he inscrito en el Registro de Aturdidos. Veremos.

Peor aún es el caso de Guido, un hombre (?) apático, inconexo, interrnitente. Lució en su tiempo barba en forma de escarola pero ahora es lampiño como un angelote de Murillo. Su problema es otro:

– Todo el mundo me apremia pero es que yo no quiero averiguar cuál es mi género, soy abúlico, desganado y por eso me niego, me he negado siempre, incluso en la época oscura en la que no se habían aprobado leyes progresistas, y ahora me cuesta mucho trabajo decidirme.

Si Guido hubiera leído a Robert Musil sabría que es el “hombre sin atributos”.

Como no lo ha leído, se ha contentado con mandar una instancia al Ministerio para que se cree el Registro de apáticos. Y como anda mal del hígado ha pedido que se complete con el de hepáticos.

¿Y qué decir de mí mismo? He sido más resuelto: yo soy el Otro. O la Otra. ¡Cualquiera sabe!

Publicado en: Blog, Soserías

Rehabilitación del preso

Eran dos señores, el uno espiritado, el otro inflado; el espiritado castigaba al prójimo como poeta; el inflado como tertuliano; ambos han aprobado varios másteres sobre pamplinas en colores. Gustaban de hablar claro y franco, por eso decían lo que sigue:

El espiritado:

– Los especialistas aseguran que la prisión sirve para reeducar al penado y hacer de él un hombre hecho y derecho, o sea, de provecho. Pues yo te aseguro que eso no es así y que lo ocurre en puridad es …

El inflado:

– … que salen más golfos que entraron y por tanto que la cárcel es escuela superior de delincuentes.

Yo llevaba tiempo siguiendo esta conversación y, cuando oí esto último, ya no pude aguantar y salté.

– Perdonen que me meta en donde no me llaman pero …

– Encantados de oírle, dijeron, quitándose la palabra.

– El Gobierno acaba de indultar a unos presos que son partidarios del diálogo y del entendimiento, que los sindicatos les consideran personas honorables, que acatan las leyes y la Constitución, que alivian la tensión social allá donde van como el fisioterapeuta alivia la tensión cervical, que hacen autocrítica, que son personas destacadas y líderes en la vida social …

– Lo hemos oído en la radio.

– Pues fíjense que, si todos estos penados hubieran estado adornados por estas virtudes cívicas, no se entiende por qué coño, coña, coñe, los enviaron a prisión.

Pausa.

– La realidad – seguí explicando- es que, antes de la celda, cuando estaban en libertad, fueron delincuentes, lo que ocurre es que se han regenerado,. De donde se sigue que la cárcel obra milagros y crea entusiastas del orden constitucional.

El espiritado y el inflado torcieron el gesto. Yo continué:

– Han de saber además que esa excelencia ciudadana tan apreciable la han adquirido en tan solo tres años, facilitado el éxito – todo hay que decirlo- por el hecho de que salían y entraban de la cárcel como Pedro por la Moncloa, quiero decir, como Pedro por su casa.

Asintieron el espiritado y el inflado, cierto que con cara de panolis asombrados.

– De donde se sigue – continué yo- que la cárcel reeduca y rehabilita, tonifica, proporciona vitaminas y minerales, alivia irritaciones y refuerza el sistema inmune.  Y lo más importante: hace de un delincuente que se pone la Constitución por montera un ciudadano pacífico, que cada día enciende una vela a esa Constitución como su abuela se la encendía a san Onofre.

El espiritado y el inflado se dieron por derrotados:

– ¿Usted cree …?

– Yo creo que con el tratamiento carcelario han adquirido – lo ha dicho el Gobierno- “utilidad pública” siendo claro que el interés de la Nación les necesita para recuperar el ambiente de concordia.

Cuando ya los creía vencidos, el espiritado y el inflado se irguieron y me soltaron:

– Entonces, si tan valiosos son para el diálogo, el entendimiento, el reencuentro y la concordia ¿por qué los ha inhabilitado el Gobierno para actuar en la vida pública?

– Aguda observación ciertamente, por ello les propongo lanzar entre los tres un manifiesto pidiendo, no solo que les supriman el inicuo castigo de la inhabilitación, sino más aún: que les obliguen a ser diputados y ministros.

Y redactaron el manifiesto que ya puede usted firmar lector / lectora/ lectore.

Publicado en: Blog, Soserías

Panfleto contra la trapacería política. Nuevo Retablo de las Maravillas.

Etiquetado con:
Publicado en: Blog, Libros, Portada abajo central

Desde Europa a España

Histórica es la decisión de la Comisión europea de iniciar un procedimiento de infracción contra la República Federal de Alemania motivado por la sentencia del Tribunal Constitucional de Karlsruhe referida a la compra de activos por el Banco Central Europeo para hacer frente a los efectos de la crisis económica y del virus. A juicio de la Comisión – presidida por una alemana, la señora von der Leyen- los jueces alemanes habrían vulnerado “principios fundamentales del Derecho de la Unión Europea” cuando declararon parcialmente inconstitucional el programa de compras del Banco Central que una sentencia del Tribunal europeo – con sede en Luxemburgo- había considerado correcto.

La jurisprudencia alemana sentaba un precedente en extremo peligroso por cuanto amenazaba la unidad del Derecho europeo y abría la vía a configurar una “Europa a la carta”.

La cuestión es clara: ¿qué autoridad tendrían las instituciones europeas para combatir a los Gobiernos polaco o húngaro cuando perpetran infracciones de los valores básicos europeos si se autoriza idéntico comportamiento a la poderosa Alemania? Además, si el juez alemán se permite desafiar la primacía del derecho europeo respecto de los derechos nacionales ¿por qué va a tener prohibida esta licencia el juez español, el portugués o el griego?

Estamos – como se ve- ante una cuestión central de la construcción europea.

El asunto en Alemania está conectado con los celos que el juez alemán viene incubando desde hace tiempo respecto de su colega europeo. A juicio del primero, el segundo corre el peligro de ir construyendo, con sus sentencias, un edificio de corte federal acampado extramuros de los Tratados, criaturas del derecho internacional que, como tales, no pueden convertirse en una auténtica Constitución.

El “bajo continuo” que suena en la jurisprudencia de Karlsruhe es que en Europa no hay más soberanía que la de los Estados, únicos “señores de los Tratados”. Un ex magistrado, influyente por su condición de pretigioso catedrático de Derecho público y de persona activa en los medios de comunicación, Dieter Grimm, lo ha resumido en un aviso amenazante: si a tal fin se llegara por la voluntad de los actores políticos de la escena europea, la República Federal alemana, con gran dolor de sus entrañas y amores europeístas, se vería obligada a abandonar el proyecto europeo por la sencilla razón de que ese viaje no lo permite la Ley Fundamental alemana y ahí estaría el magistrado de Karlsruhe para impedirlo. Tal Ley Fundamental prohíbe sin más – insiste Grimm- la entrega de la soberanía alemana. De ello se sigue otra de las constantes argumentales de Grimm y de los jueces alemanes en activo: la de poner todo tipo de piedrecitas al despliegue del principio de prevalencia del derecho europeo sobre los nacionales, un invento procedente de Luxemburgo que tampoco gusta.

Hay que añadir que, desde el pensamiento filosófico, Jürgen Habermas (en su obra Zur Verfassung Europas, ein Essay, 2011), ha combatido explícitamente esta concepción alumbrada por los jueces.

Hace pocos meses, y siempre con ocasión del debate jurídico acerca de la intervención del Banco central europeo, otro magistrado constitucional alemán – este en activo-, Peter M. Huber, ha señalado en una entrevista que “Europa es una unión de Estados nacionales soberanos, que pueden salirse de ella si les parece”.

Palabras fuertes las de Huber que han encontrado una contundente – e inteligente- respuesta por parte del ex ministro de Finanzas federal Hans Eichel (de todo ello viene dando cuenta el “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, véase, por ejemplo, la edición del pasado 10 de abril de 2021).

Eichel, que pertenece al partido socialdemócrata, ha preguntado a Huber: “Alemania ¿un Estado nacional soberano?”. La Ley Fundamental vigente – razona – en ningún sitio utiliza el concepto “Estado nacional” ni el de “soberanía” porque cuando se elaboró, tras la guerra, Alemania era un Estado intevenido por las fuerzas aliadas y en 1993, cuando Alemania ya había recuperado su unidad, tampoco aparecen estos conceptos por ninguna parte. Ello se debe a una razón elemental: los alemanes desconfían tanto de la nación como de la soberanía porque saben que ambos, nación y soberanía, han erigido Imperios agresivos y han desencadenado dos guerras mundiales a las que los alemanes no han sido precisamente ajenos.

Señala Eichel que lo contrario es la verdad: ya en el Preámbulo del texto de 1949, se habla de Alemania como “un miembro en condiciones de igualdad de una Europa unida”, cuando esta idea aún vagaba borrosa por las mentes de ilustres visionarios europeos. En 1993, cuando se reforma, por la desaparición de la Alemania comunista, el artículo 23, artículo llamado “de Europa”, ya era algo más que una realidad esa “Europa unida”. Pues bien, en ese momento tampoco aparece la idea del “Estado nacional”. Por el contrario, personas con la mirada de larga distancia quisieron que ese artículo 23 recogiera los latidos del empeño europeo de manera renovada. Fijémonos en sus nombres: Helmut Kohl (democracia cristiana), Hans-Dietrich Genscher (liberal, después Klaus Kinkel, también liberal) y Hans-Jochen Vogel (socialdemócrata).

Anotemos, ay, para el paisaje español: en los momentos claves de la clarificación constitucional, las tres grandes formaciones políticas actúan unidas por un objetivo común. ¡Qué diferencia con nuestros partidos enredados en disputas sectarias, en broncas permanentes, hoy capitaneadas desde el Gobierno por los socialistas, ayer por los populares!

Y Eichel sigue puntualizando a Huber: a finales de los años ochenta, al hilo de la creación de la Unión económica y monetaria, Alemania se comprometió con ella dando su consentimiento libre a participar en sus decisiones y a acatarlas. Por tanto, nada de poder salir del marco europeo cuando le parezca, como sostiene el magistrado Huber: caminar en la dirección opuesta es a lo que estimula justamente el artículo 23, el artículo europeo.

En ningún sitio, por consiguiente, aparecen esos conceptos – concluye Eichel- de nación y de soberanía que los jueces constitucionales de Karlsruhe se empecinan en airear y que, en puridad, como vemos, son ajenos a las plumas redactoras de la Ley Fundamental, conscientes de la necesidad de aventarlos para siempre por los “daños que han causado en el siglo XX y que tan inútiles son para solucionar los problemas del siglo XXI” (así, el exministro socialista Eichel).

De nuevo vienen a cuento las consideraciones para España: ¿se advierte cómo un socialdemócrata alemán quiere ver expulsados el nacionalismo y el soberanismo del horizonte europeo? Pues bien, ambos conceptos son los que los socialistas españoles nos ofrecen como el santo y la seña del progresismo. Hasta el punto de que están dispuestos a indultar a quienes han perpetrado un golpe de Estado al grito de nación, Estado independiente y soberanía. ¿Qué hemos hecho los españoles para merecer este castigo infligido por el PSOE, un partido que cultivó algunos años la dignidad política? ¿Piensan algo los diputados y senadores socialistas? ¿Respaldarían que, desde una región, una fuerza política votara la “desconexión” del orden constitucional español para instaurar un Estado corporativo o suprimir las Comunidades autónomas? ¿dialogarían con estos forajidos? ¿constituirían con ellos una mesa de negociación? ¿les otorgarían indultos?

Buena parte de la ciudadanía española espera respuesta.

(Publicado en El Mundo el día 30 de junio de 2021).

Etiquetado con: ,
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Apellidos de infamia

Aunque no está decidido, se ha discutido y el botarate de guardia del ministerio de Madrid lo ha planteado:   

– Debemos suprimir los nombres de Ramón y Cajal, Menéndez Pidal y Gregorio Marañón de cualquier rótulo oficial.

– Y el de Juan de la Cierva – ha añadido el botarate adjunto, sección sectario, del subgrupo de necios sin remedio.

En nuestra ignorancia habíamos tenido estos nombres durante años como ejemplos de  intelectuales de relieve, auténticos sabios, alguno de ellos distinguido con el Premio Nobel, Profesores universitarios solventes, glorias nacionales.

Todo parece ser un espejismo, fruto de la propaganda, mendaz pero sabiamente administrada de las fuerzas reaccionarias que confunden con su perversión ideológica a millones de españoles de buena voluntad. 

En el Congreso de los diputados se ha oído: 

– Vamos a ver – ha dicho desde el banco azul, el (la) portavoz (a)- Marañón escribió un libro, según la Wikipedia, titulado “El Greco y Toledo”. Pues bien, en ningún sitio consta que lo plagiara.

– ¿Es original suyo? han clamado desde los escaños propicios. ¿Cómo se puede consentir este desafuero?

– Quien sostiene haber escrito un libro original es un pedante – cacareó un orador. 

No acabó ahí el escándalo. Salieron a relucir otras obras de este Marañón relacionadas con la endocrinología y un librito titulado “Ensayos liberales” donde el tunante sostiene que “se debe ser liberal como se es limpio o, como por instinto, nos resistimos a mentir”.

– Aclarado, vociferó el secretario del grupo de la mayoría. Es liberal, o sea, de derechas. ¿Escribió algo inclusivo o transversal?

– Ni una palabra, según se afirma en las redes – respondió el (la) portavoz (a).

No pasó desapercibida la referencia a la mentira en el texto de Marañón. Se animó el debate:

– O sea que la cosa más natural y limpia del mundo es no mentir ¿cómo se ha podido consentir esta insolencia hasta ahora?

– La mentira – dijo un diputado que jamás terminó unos estudios, mejor dicho, ni siquiera los empezó- la mentira en la política, sostener una cosa hoy y la contraria mañana es el signo de identidad de nuestro proyecto que rinde homenaje a la mudanza, al cambio ilusionante, al regateo ingenioso… Lo contrario es el inmovilismo, justo lo que nuestro grupo condena y persigue.

Los casos de Ramón y Cajal y Menéndez Pidal hasta ahora se han tratado con cierta prisa, no en vano estamos pendientes de la retransmisión del partido de la segunda vuelta de los cuartos de la Contrachampions.

Pero ya el ponente parece que tiene escrito: 

– Ninguno de los dos se presentó jamás a unas elecciones primarias. Ambos, por si fuera poco, fueron machistas convictos. Con esto ya está dicho todo.

Rugido de asentimiento.

De Juan de la Cierva se ha descubierto que, como era un engreído, inventó el autogiro pero el pobre no cumplió jamás los objetivos de desarrollo sostenible ni supo nunca lo que era la transformación social competitiva.

Con suerte nos libraremos de estas cuatro calamidades.

Y, si no son estas, en todo caso, la limpieza proseguirá. Ningún carca debe esperar el indulto. 

Publicado en: Blog, Soserías
Comentarios recientes
Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.