Por fin, en medio de tantas noticias tristes, se atisba un horizonte de esperanza. Porque, si perseveramos en el camino elegido, en breve, nos veremos liberados del Congreso (antes, de los Diputados). Por lo menos de sus tabarras más consistentes.
Es verdad que nos habían enseñado que el tal Congreso, como parte del Parlamento, era una pieza esencial del sistema político democrático, al ser en él donde aposentan sus orondos panderos Sus Señorías.
¡Paparruchas! El Progresismo venturoso que disfrutamos, con su perfume de vereda embrujada, nos está enseñando que podemos prescindir de él y de sus engaños. Ya practicamente no se le consulta al haberse transformado en cámara de esos insultos que suenan como pedruscos desprendidos en un paisaje tenebroso.
Pero lo de ahora es más concluyente: el Congreso se cierra. ¿Para siempre? No, solo con ocasión de las fiestas regionales y locales. Ha ocurrido con la de Cataluña hace unos días. Por respeto a sus gentes que andaban de fiesta, la autoridad (in) competente decretó la suspensión de sus actividades. Que se iban a aprobar las ayudas a los enfermos de ELA, ¡quiá! preferencia tiene la jarana.
Ahora solo falta que esta atención, dispensada a los habitantes de la región catalana, se amplíe al resto de España.
En Asturias, anotemos las fiestas de la sidra en Gijón, las romerías «de prao», el Carmín de la Pola, el Xiringüelu, san Mateo, sin olvidar el martes de Campo en Oviedo. En todas estas ocasiones, siguiendo la pauta establecida en Cataluña, el Congreso cerrará sus puertas y sus Señorías y sus Señoríos se irán a tomar unos tacos de jamón.
Y lo mismo ocurrirá cuando lleguen los Sanfermines, las Fallas, la tomatina de Buñol, las Hogueras de San Juan o la Feria de Abril en Sevilla. Las de Moros y Cristianos podrían servir además para arreglar lo de la inmigración.
Como se ve, España entera será, de la mano de la mayoría gobernante, una fiesta, un carrusel de francachelas, que servirán para olvidar la gárrula actividad parlamentaria.
Mi idea es que no debemos conformarnos con paralizar el Congreso.
Preciso es avanzar con más determinación. Y aprovechar el impulso para hacer lo propio con las actividades del Gobierno progresista, de manera que permaneza maniatado cada vez que en algún punto de España sus habitantes se entreguen al bullicio parrandero.
¿Alguien imagina la felicidad que inundaría España si el Progreso no pudiera hacer de las suyas en todas las ocasiones feriadas? Pongamos la Batalla del Vino de Haro o el Cascamorras que se celebra por el sur.
¿Merecen menos respeto los habitantes de Zaragoza cuando llega el Pilar que los de Barcelona?
Un descanso al Progreso, por favor. Que nos dejen respirar. ¿No conviene usted, querido lector / a / e que nos vendría bien un poco de Regreso?
Lo bueno es que, al final, nos hemos logrado enterar de qué va lo de la España plurinacional. Una romería.

Tiene mucha razón, el progresismo venturoso como dice usted ,es más que suficiente para prescindir del Congreso de los Diputados y ( di ) putadas. La democracia ha mermado tanto que. Pensar por tu cuenta y razonar por tu cuenta, en el congreso, es misión imposible. Como dice Cantinflas: cinco años estudiando leyes para ver políticos sin estudios haciendo leyes. Y agregó yo. ¡ toma ya !