La rigidez del funcionamiento de los partidos políticos es un ingrediente de su existencia que ha sido denunciada por politólogos acreditados. Es más, en estos momentos, se está cuestionando su misma adecuación a las exigencias de la democracia y, en tal sentido, es significativo el contenido del número que acaba de poner en circulación la prestigiosa publicación alemana «Zeitschrift der Bundeszentrale für Politische Bildung» donde aparecen títulos tan elocuentes como – traduzco- «¿Fin de la democracia de partidos?» o «El sistema de partidos entre la fragmentación y la polarización».
Viene a cuento esta reflexión al hilo de la celebración el próximo sábado de una reunión del Comité federal del PSOE, órgano integrado por aquellas personas de relevancia llamadas a reflexionar y, en su caso, adoptar acuerdos sobre asuntos que afecten o comprometan a la organización de forma grave. Momento delicado pues la ciudadanía, sus miles de afiliados y sus millones de votantes vamos a estar muy atentos a la templanza política que muestren, por estar el Partido viviendo horas de angustia motivadas por conductas de algunos de sus primates que podrían encajar en el Código Penal, lo que ha llevado a uno de ellos a la cárcel.
Se descalifica injustamente a sus miembros cuando se asegura que carecen de independencia por hallarse atrapados por la voluntad y/o los intereses del secretario general. Si fuera cierta tal afirmación los convertiría en meros figurantes o marionetas y me resisto a creer que existan personas que, investidas de autoridad y colocadas ante circunstancias excepcionales, se despojen de su dignidad y la mancillen de manera irreflexiva y, mucho menos, mercenaria.
Hay en la historia reciente dos ocasiones en las que altos responsables de partidos políticos de estructura abiertamente autoritaria o totalitaria – lo que no es el caso del PSOE- tuvieron la valentía de censurar y deshacerse de sus líderes al constatar los graves errores por ellos cometidos.
Me refiero, en primer lugar, a lo ocurrido en el seno de un Partido moldeado de manera férrea en torno a un líder providencial y dictatorial de la entidad de Benito Mussolini, que supo, sin embargo, librarse de él el 25 de junio de 1943. Con diececinueve votos a favor, ocho en contra y una abstención, el fascismo se derrumbó.
En segundo lugar, viene a cuento el caso de Erich Honecker, líder de la Alemania comunista, quien el 18 de octubre de 1989, presidiendo una sesión del Politburó, fue obligado a cambiar el orden del día cuando uno de los asistentes le dijo: «Camarada Erich, tienes que irte». Y se fue.
Se me dirá que se trata de dos ejemplos extraordinarios, testimonios de momentos inhabituales en la historia. Y así es pero, conservadas todas las distancias que se quieran exhibir, también la situación que atraviesa la actual España en erupción dirigida por el PSOE padece trastornos medulares.
Y ello porque el Partido que alcanzó el poder enarbolando la bandera de la moralidad pública ha omitido – de acuerdo con los indicios abrumadores investigados por los jueces- el respeto a todas las balizas que la dignidad de un país instala para ordenar el tráfico político. Sin que su máximo responsable se haya enterado. Es más, pretende atribuir lo que es su incuria a turbias tramas de las que él es víctima.
También ahora podrían exhibirse ejemplos históricos de dimisiones ejemplares de dirigentes que han asumido su responsabilidad cuando se han visto atrapados en situaciones vergonzosas. El caso de Willy Brandt, por ser socialdemócrata de autoridad, parece bien ilustre.
Hay veces que la historia obliga a las personas a abatir las sombras del silencio cómplice y, liberadas de toda improcedente rigidez autoritaria, servirse una ración de luz para sacudirse las sombras de la indignidad.
El sábado sabremos si se han desvanecido esas sombras y podemos avistar una España limpia y sin excesivos quebrantos.
(Publicado en El Mundo el 5 de julio de 2025).

Pues no Doctor, no sé han desvanecido salas sombras ni el sábado , ni el domingo ni el lunes. No podemos ver esa España limpia y sin quebrantos que tanto deseábamos. Los golfos, las sobrinas, los juzgados y la cárcel siguen siendo los protagonistas, tanto que al ver TV uno cree estar viendo una versión de LA TRAVIATA basada en el Sanchismo.
¿Algunos primates podrían ir a la cárcel? ¿Como el Óscargután de los trenes?