¿Una tarambana? (Lingua progressionis Hispaniae 41)

Ha causado escándalo entre quienes tienen un pensamiento reumático el hecho de que una señora, ayuna de conocimientos, haya ejercido elevados y bien remunerados cargos en el servicio de Correos y en una Empresa pública de uranio. Se la acusa de ser una tarambana, una cuentista minuciosa.

No estoy de acuerdo y el asunto procede enfocarlo de otra manera, con ideas un poco menos vegetales.

Es verdad que esta señora podría haber estudiado para funcionaria de correos y podría haberse iniciado en los misterios de ese enigmático elemento químico, metálico y radiactivo que es el uranio a base de leer gruesos volúmenes escritos por unos catedráticos pelmazos y presumidos.

Pudo haber seguido ese camino. Pero no lo ha hecho. ¿Por qué? la respuesta precipitada se despacha tildándola también de golfa.

No, esta señora ha buscado simplemente otra forma de enterarse de los cometidos del trasiego postal y del uranio y lo ha hecho insertándose en las estructuras de las empresas que se ocupan de ambos achaques.

Donde -medítese la penosidad- lo primero que ha tenido que aprender es a orillar y vivir al margen de las molestias que el ejercicio funcionarial comportan. Burlar horarios y huir de jefes adustos no es algo que se aprenda en un día. Pues bien, esta señora ha sido el primer aprendizaje que ha debido afrontar y no habrá sido un plato de buen gusto.

Lo segundo – y aquí el busilis de su cometido- es instruirse en el meollo de expedientes y contratos sin recurrir a fatigosos estudios de los que hubiera salido con unas ojeras que son en su fealdad -nadie lo dude- el despeñadero del donaire y de la estética.

Su objetivo era aprender viendo los problemas de cerca, en su mismidad problemática, sin intermediarios, desnudos y desafiantes en sus vueltas y revueltas de complejidad.

Y afrontándolos con el solo instrumento de su pasión, mercenaria pero fervorosa, por quien ostenta la condición de líder pedregoso del Progreso Plurinacional.

¿Cuál ha sido el resultado de la experiencia? Pues que disponemos de una persona con conocimientos forjados en los metales más nobles. Lista para empeños de mayor consistencia y de más elevados vuelos. Una fortuna para nuestra España, hucha de siglos, transversal y políglota.

La ganancia para todos es inequívoca. ¿Quién critica, quién es capaz de objetar tal comportamiento?

Pues digámoslo francamente: seres biliosos, desaseados por su incultura, desdeñosos del ingenio ajeno por carecer de uno propio, tipos que viven en las zanjas oscuras del rencor.

Por contra, quien es capaz de adquirir saberes como esta señora lo ha hecho debe andar con la cabeza bien alta, sabedora de que la envidia es la cornamenta del ser humano. Con ella embiste.

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Publicado en: Artículos de opinión, Blog
Un comentario sobre “¿Una tarambana? (Lingua progressionis Hispaniae 41)”
  1. Adelaida dice:

    Tiene usted mucha razón Dr. no saquemos las cosas de quicio. Al menos está señora conocía la ubicación de su despacho y para colmo parece que asistía. Lo malo es que alguien ha dicho “ aceptar un cargo para el que no se está preparado es pura corrupción “.

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