Fiesta en familia

Al enfilar un nuevo año, las familias serias que organizan los estudios de sus hijos con inteligencia y discreción, valoran para ellos salidas profesionales y alternativas, siempre a la vista de la situación de la España actual, en la que tanto hemos avanzado por la avenida sobredorada del Progreso, jalonada de lances y aventuras procesales. 

Así, por ejemplo, la familia de Sotomayor tiene un hijo que ya apunta algo más que bozo, calza playeras, lleva tatuaje de Mbappé y pasa los finde chateando y navegando por entre las redes.

Se llama Germán Arturo, para los íntimos, Gerturo, y es a él a quien se dirige el papá Sotomayor, capitán de Fragata, para interesarse por el máster en el que se quiere matricular y completar así la formación recibida en el «grado».

– ¿Has pensado ya en ello?

– Claro que sí. Quiero ser delincuente. De momento, estoy en un proyecto grupal multidisciplinario donde asisto a webseminarios para malhechores. Son rudimentos los que se enseñan, pero muy útiles. En el último nos ha ilustrado un comisionista.

– ¿Un comisionista?

– Sí, papá, señores y señoras que amañan contratos y falsifican recibos. Se empieza por estas cosas fáciles para ir subiendo en dificultades hasta conseguir un bachelor degree de forajido empoderado. 

Mientras esto acaece en casa de los Sotomayor, en la de los Sotomenor, se reproduce una escena similar.

Solo que en ella, el hijo, Sebastián Lisardo, Seli para la panda, está menos rodado aunque va perfilando sus ambiciones.  A su madre ya le ha confiado su sueño profesional.

– Quiero ser zascandil, mamá. Pero un zascandil con ciertas aspiraciones, de momento enredo en las Juventudes del Partido pero aspiro a la cualificación de botarate.

– ¿De tarambana? le precisa su madre.

– Exacto: se asciende rápido y, con un poco de suerte, se logra ser un estafador de los buenos, de los que impresionan y ganan miles de euros al día.

La madre, que es oftalmóloga y trabaja diez horas diarias, no entiende demasiado bien pero ata los cabos que lee en los periódicos y saca sus conclusiones. Sombrías pero conclusiones.

En el adosado contiguo a los Sotomenor, viven los Sotillos, donde una chiquilla, que ya es mayor de edad, también alimenta sus futuras esperanzas profesionales.

Se llama Azucena Berenice, pero le dicen Azube, para acortar. Estudia estereotipos de género, agresividad competitiva, digitalización renovable y trabajo entre bambalinas.

Para su padre es su ojito derecho, la niña que llegó después de tres zangolotinos que ya nacieron con pelos en los sobacos. El Sotillos progenitor escuchaba con devoción:

– Quiero ser especialista en procesos de autoestima. Me he matriculado además en un curso online donde me sacaré el título de entrenadora de asistentes virtuales. 

Y así, con esta información, las familias Sotomayor, Sotomenor y Sotillos celebraron la Nochevieja, sin comprender mucho por ser maduros y decadentes, pero con la intuición de que sus vástagos enfilaban los mejores caminos y podrían con el tiempo ser asesores y aperturar buenas cuentas corrientes.  

Publicado en: Blog, Soserías

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