Pero… ¿hubo alguna vez seiscientos asesores científicos?

La leyenda de santa Úrsula peregrinando desde Colonia a Roma y adunando a su alrededor once mil vírgenes en su viaje, vírgenes de verdad, no como aquellas “rociadas” que aparecen en Quevedo cuya virginidad siempre fue puesta en duda.

Pero el diablo que nunca descansa hizo que, al volver a Alemania la santa y las vírgenes, se encontraran con los hunos. Preciso es aclarar que los tales hunos fueron tan brutos que de su molde se han sacado varios secretarios de organización de los actuales partidos políticos. Para demostrar que a fiereza nadie les ganaba, apresaron a las vírgenes, las martirizaron y las decapitaron. Todo seguido y de corrido.

¿Qué pasó con Úrsula? Pues que, como era bella como solo puede serlo la mujer de otro y además gastaba virgo ultracongelado, no usado en sazón, el jefe de los hunos se enamoró de ella. Sin embargo, Úrsula, que deseaba perpetuarse en los altares de las iglesias de la Cristiandad, se negó a encamarse con el huno que, enfurecido por no probar el fruto que albergaba su entrepierna, la decapitó igualmente.

– Esto no se lo cree nadie – me dice mi amigo el impío.

– Se lo creyeron nada menos que en la Sorbona donde la hicieron patrona de los estudiantes universitarios.

Pasó el tiempo, mucho tiempo.

Y llegó un humorista español que escribió en la época en que no había “influencers” ni “empoderados” sino gentes de pluma fina que se ponían el mundo por montera y le echaban encima los denuestos de su gracia corrosiva.

Se llamó Enrique Jardiel Poncela y es el autor de una novela hilarante titulada “Pero … hubo alguna vez once mil vírgenes?”. En ella describe: “Era una mujer magnífica, una de esas mujeres a las que les duelen el cuerpo y la cara de hermosas”.

Hoy, a Jardiel se le hubiera caído el pelo engominado que gastaba, víctima de las rígidas vigilantes de la moral de Metoo, esas que ponen pleitos a los ricos para hacerlos pobres. 

Para no meterme en líos, prefiero preguntar “si hubo alguna vez seiscientos asesores científicos”.

¿Una pregunta extravagante? En absoluto, es la cifra de colaboradores talentudos que ha contratado el presidente del Gobierno para llevar a cabo con éxito su benéfica tarea. No los necesita porque es hombre formado e informado, nada menos que doctor universitario.

– Doctor será pero reventón de plagios – me dice, babeando tópicos de la derecha, un vecino que pertenece a la fachoesfera y que se complace en arruinar mi discurso.

– Son acreditados por la ANECA que han ganado una cátedra– le replico.

A lo que sin despeinarse me repone:

– ¿En esas pruebas actuales en las que el candidato a catedrático designa el tribunal que le juzga?

Se verá que no hay forma de hablar con estos sujetos antisistema envalentonados por las encuestas.

Por eso me olvido de los asesores científicos y vuelvo a las vírgenes, verdaderas apoteosis de mujeres con sus volúmenes intactos y obsequiosos.

Con ellas fantaseo y ahuyento mi ociosidad de jubilado.

Publicado en: Blog, Soserías
Un comentario sobre “Pero… ¿hubo alguna vez seiscientos asesores científicos?
  1. Anna Casaus dice:

    Enriquecida con blut und boden.
    https://www.open.online/2022/02/20/sofagate-bis-ursula-von-der-leyen-ministro-esteri-uganda-no-saluto-interviene-macron-video/

    N.B:no cuela que el colaboracionista Robert Schumann y el compadre, el vendedor de brandy, sean los padres de la unión uropea.

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