AfD: un peligro para Europa

HACE DÍAS las grandes empresas alemanas revelaron sus temores ante el extremismo de Alternativa para Alemania. ¿Qué tipo de organización es esta? ¿Qué defiende y qué rechaza?

Alternative für Deutschland (AfD) es un partido político con unos –inestables– 40.000 afiliados. En el Bundestag, con 734 diputados, pertenecen a él 78. Y en los parlamentos de los Länder hay 253 de un total de 1.894. Al Parlamento Europeo lograron mandar nueve diputados que están integrados en el grupo Identidad y Democracia, que cuenta con 96 escaños y constituye la extrema derecha de la Cámara de Estrasburgo.

AfD se fundó en 2013 como un partido liberal en lo económico y euroescéptico, conservador en los valores y nacionalista. En su interior se han producido continuas convulsiones que lo han desgarrado y cuyo resultado es la convivencia en su seno de distintas corrientes, de entre las cuales la más activa y corrosiva –aunque formalmente disuelta– es la conocida como Ala (Flügel en alemán), cuyo epicentro se encuentra en el Land de Turingia.

La presidencia del partido la ostentan en estos momentos Tino Chrupalla y Alice Weidel. El primero, nacido en 1975, es un obrero barnizador. La segunda, nacida en 1979, es doctora universitaria, habla chino y está especializada en economía de la empresa.

Para la opinión pública española es interesante saber que en Alemania existen, de un lado, la Oficina para la protección de la Constitución, que opera a nivel federal, con sede en Colonia; y de otro, análogas oficinas competentes en los diversos Länder. Son órganos administrativos, no jurisdiccionales, y tienen como atribución, a los efectos que ahora interesan, el control y la observancia del comportamiento de partidos, asociaciones etc., con el objeto de velar por su respeto al orden constitucional establecido en la Ley Fundamental.

La citada Oficina federal ha calificado a AfD como «sospechosa», lo cual permite vigilar todas sus actividades. Asimismo, se halla bajo la mirada de las respectivas oficinas en 13 de los 16 Länder existentes, lo que ocasiona un trasiego constante de impugnaciones, sentencias y medidas cautelares. La prensa se ocupa mucho de ellas.

Un caso bastante sonado se produjo en 2022 en el Land de Sajonia, donde se jubiló anticipadamente a un juez, ex diputado de Alternativa para Alemania, por haber sido catalogado personalmente por la Oficina como «extremista de derechas». En la revisión jurisdiccional del caso se ratificó el apartamiento del juez, que había calificado como «medio negro» al hijo de un conocido deportista y como «lechuzas» a las mujeres musulmanas. «Con este lenguaje es imposible que se imparta una justicia ponderada», dijo el magistrado que le echó de la carrera.

En el programa para las elecciones europeas, y bajo el título de Pensar Europa de nuevo, se puede leer: «Queremos fortalecer Europa y preservarla en su diversidad. Rechazamos la centralización y, para asegurar la soberanía nacional y la identidad cultural de los Estados miembros, así como para garantizar el libre comercio y desmontar la atosigante burocracia, proponemos la fundación de una nueva Comunidad económica y de intereses. En esta Federación de naciones europeas convivirá tanta independencia nacional como sea posible con tanto trabajo en común como sea necesario».

Lo primero –sigue diciendo el programa– es Alemania: «Por eso limitaremos la inmigración. En especial consideramos al islam como un peligro para Alemania y para Europa». (Las organizaciones judías, por su parte, alertan con frecuencia de la actitud de este partido).

Su política migratoria invoca el modelo japonés, que atrae a trabajadores cualificados. Exigen que la cultura alemana sea aceptada por todos poniendo fin a las políticas de asimilación. «No queremos ser extranjeros en nuestro país»,

dicen, por lo que procede detener las mareas migratorias en sus fronteras. A su juicio, los procedimientos de asilo y las consiguientes expulsiones deben ser eficaces.

El partido afirma que una economía fuerte es el presupuesto para el bienestar personal y para la existencia de un Estado social que proteja a los débiles. Por eso, quiere «liberar las fuerzas del mercado de sus ataduras ideológicas». En consecuencia, las prohibiciones que planea Bruselas en relación con el gas y los motores de combustión no deben aplicarse a Alemania. Igualmente rechazan la limitación de la velocidad en las autopistas.

Además, sobre la premisa de que la integridad personal es intocable, se oponen a la obligación de vacunarse y a los certificados exigidos por Bruselas.

Por otro lado, al constatar el fracaso de la política energética europea, defienden la energía nuclear y condenan la destrucción del paisaje por los ingenios eólicos. Rechazan las políticas «libres de emisiones» y se oponen a los «tejados solares», así como a una generalizada obligación de saneamiento de los edificios.

Para recibir con facilidad el gas desde Rusia quieren restaurar los gasoductos y acabar con las sanciones a este país. Al mismo tiempo, expresan su máxima desconfianza respecto de EEUU.

Los valores de la familia y el bienestar de los niños tienen en su ideario un lugar preeminente; por eso consideran deseable una alta tasa de natalidad y rechazan la sexualidad temprana y la obsesión por el «género», que a su juicio llega hasta a desfigurar el idioma.

Quieren una divisa nacional, acabar con el endeudamiento europeo a cargo de las finanzas alemanas y defienden el dinero en metálico como garantía de la libertad individual. Desde 2011, cuando se puso fin al llamamiento obligatorio a filas, abanderan la recuperación del servicio militar.

Curioso es el debate sobre la «democracia directa» de los referendos y otras consultas populares. Su recuperación es central en el ideario de AfD. El programa oficial ha deslegitimado habitualmente a la clase política porque es un

«cártel» que abusa de su poder y, además,distorsiona la información. Les parece preciso devolver la voz al «pueblo», limitando la intervención parlamentaria.

Se sabe que la desconfianza ante las formas de democracia directa fue patente y potente en las discusiones en 1948-1949 a la hora de elaborar la Ley Fundamental (ahora en su 75º aniversario), y por ello su texto las evita. Trataban sus redactores de corregir los excesos perturbadores a los que habían conducido estos instrumentos «democráticos» en la República de Weimar (frecuentes entre 1922 y 1929).

Si comparamos a Alternativa para Alemania con la formación española Vox, dirigida por Santiago Abascal, se advertirá que existen bastantes semejanzas programáticas pero también discrepancias. Lo cierto es que Vox no ha pertenecido, en la legislatura que ahora finaliza en el Parlamento Europeo, al grupo de la derecha más extremista de la Cámara (Identidad y Democracia), sino al de los Conservadores y Reformistas Europeos, algo más «moderado».

ESTA OPCIÓN es de importancia porque al grupo Identidad y Democracia pertenecen Marine Le Pen y la Liga de Matteo Salvini –que han roto con AfD después de que su candidato, Maximilian Krah, blanquease a las SS hitlerianas, por lo que dimitió ayer–, además de extremistas muy antieuropeos holandeses y flamencos. En el que se inscribe Vox están los Hermanos de Italia de Meloni o el partido Ley y Justicia de Polonia.

AfD está defendiendo la desaparición del Parlamento Europeo (en el que aspira a integrarse), así como la vuelta a un nuevo marco alemán. Estas no son reivindicaciones de Vox, que sí comparte con AfD las actitudes contrarias al islam, además del rechazo a las políticas de género y medioambientales, y en general la insistencia en los poderes nacionales fuertes frente a los más débiles europeos. Una diferencia relevante: Alternativa acepta el sistema federal alemán, mientras que Vox defiende la supresión de las comunidades autónomas.

Para terminar, quiero alertar al lector español de una novedad relevante en relación con las inminentes elecciones europeas. A ellas concurrirá Sahra Wagenknecht. Esta mujer, doctorada universitaria, que vivió en la República

Democrática y que llegó a estar afiliada al partido comunista, ha sido dirigente y diputada del partido Die Linke (La Izquierda), en parte heredero del partido único de la otra Alemania. Sin embargo, separada de esta formación, ha fundado, en enero de 2024, la «Alianza Sahra Wagenknecht. Por la razón y la justicia», que concurrirá a los comicios europeos. Defiende una política migratoria restrictiva, en lo que coincide con AfD, y la negociación de la paz con Rusia, y es contraria al suministro de armas a Ucrania. Está casada con el antiguo dirigente socialdemócrata y después asimismo dirigente de Die Linke Oskar Lafontaine, a juicio de muchos uno de los mayores enredantes de la política alemana.

Estas opciones son, como ocurre con la de la extrema izquierda comunista, muy peligrosas para quienes queremos una Europa fuerte en un mundo agresivamente putinesco.

(Artículo publicado en El Mundo el 23 de mayo de 2024)

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