Terroristas

De nuevo hemos de asistir a un gran escandalera: ahora se trata de acusar a uno de los primates que nos gobiernan de distinguir con perfidia entre terrorista malo y terrorista bueno. Aclaro que, cuando uso el término “primate”, lo hago en la segunda acepción del DRAE, a saber, “personaje distinguido, prócer” porque la primera se refiere a los mamíferos plantígrados.

A mí, sin embargo, esta distinción me parece oportuna y fundada.

De un lado, saber qué es el terrorista malo es fácil. Se trata de un ser iracundo y poseído por ideas perversas que se hace de un pistolón, de una granada de mano o de una metralleta y los descarga sobre un semejante indefenso. Y si puede ser en plural, miel sobre hojuelas. Cuanta más destrucción cause, mayor satisfacción recibe y con mayor contento se vuelve a su casa a cuidar amorosamente a su gatito. 

Frente a él, y sin que nada tenga que ver, se halla el terrorista bueno. Es una persona apacible a la que tan solo se le puede reprochar su afición a prácticas un poco singulares pero que, miradas con objetividad, a nadie hacen daño.

El terrorista bueno, al menos el que yo conozco, pertenece a un Comando que se llama “El merengue” porque se ha apropiado de ese delicioso dulce para cometer sus fechorías. Nada de un explosivo que tanta desolación causa, este terrorista bueno lanza un merengazo a su víctima y le pone perdido el chándal. Es molesto porque hay que meterlo en la lavadora pero un estropicio serio no se ha causado.

Este comando “El merengue” está compuesto por otros terroristas buenos a quienes se conoce por sus tiernos apodos: “el tiramisú”, “el sobao pasiego” y “el buñuelo” pues van provistos de estas delicadezas para cometer sus infantilonas jugarretas.

Sin duda es a estos a los que se refiere el primate de nuestro gobierno, a ellos quiere aplicar el beneficio merecido de la amnistía porque lanzar un merengue contra un guardia uniformado o contra la sede donde se ubica la comisaría de policía ¿es un delito? Bah, es un simple ejercicio lúdico practicado para estar en forma. Lo mismo ocurre con quemar un contenedor. Quien lo hace se limita a aplicar el fuego purificador a una basuras que, no nos engañemos, como mejor están es reducidas a  cenizas.

La más gorda acusación que se ha oído es la de haber perpetrado un golpe de Estado. Esto sí que es fuerte. Pero una barbaridad tan grande solo la puede cometer un terrorista malo, un sujeto de derechas porque a los de izquierdas, si algo les caracteriza, es su respeto al orden político legal.

Por contra, el terrorista bueno no da golpes de Estado. A lo sumo da golpes de Ayuntamiento.

Además, como detalle de cortesía, suele buscar un Ayuntamiento pequeño que apenas tiene habitantes, y los que tiene, son viejecitos superfluos. Lo demás en el paisaje son seres rumiantes que adoptan la forma externa de vacas.

No derogan la Constitución, como hace el terrorista malo (de derechas), sino simplemente la Ordenanza de recogida de excrementos. Por esta nimiedad ¿se puede molestar a un juez o al ministerio fiscal para que les abra un sumario?

De manera que se observará hasta qué punto se halla fundada la distinción del primate gubernamental. Y hasta qué punto debemos estar tranquilos quienes no somos ni terroristas buenos ni malos.

Quienes simplemente somos víctimas de ese primate gubernamental.

Publicado en: Blog, Soserías

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