Atraco revolucionario

Hay alegría entre algunos compatriotas nuestros, por ejemplo, entre aquellos que dedican sus esfuerzos laborales a asaltar bancos y cajas de ahorro. Son personas que han descartado trabajar en una oficina, en un taller, en un laboratorio dental o en un supermercado porque se cobra poco, se trabaja ocho horas y sale uno con dolores lumbares o cervicales o de ojos o de cabeza … un asquito molesto que lleva directo a la farmacopea.

Atemorizados por estos descalabros de la salud, hay quien decide agenciarse el dinero por métodos más expeditivos. Estamos hablando de personas resueltas que no se arredran fácilmente. Son estas las que deciden asaltar la oficina de un banco o la de una caja de ahorros, a veces a cara descubierta, otras sepultada tras una máscara, al modo como negocian los socialistas en Ginebra los asuntos de Estado.

Suelen auxiliarse de un pistolón, no los socialistas, sino los otros, los asaltantes de instituciones financieras. Encañonan a la cajera o al director, les obligan a abrir la caja fuerte y, como van provistos también de una bolsa, introducen atropelladamente la pasta en ella y salen corriendo.

En un momento han ganado más que una oftalmóloga operando una abundante catarata de cataratas. 

– Pero pueden ir a la cárcel – me apunta el ingenuo que siempre me acompaña.

Esta alma cándida no sabe que, gracias a la legislación progresista del gobierno transversal e inclusivo, si uno roba dinero, destroza parques y jardines, paraliza aviones o trenes, hiere a viandantes o los mata si la necesidad obliga a ello, no recibe castigo alguno siempre que lo haga por la libertad y la independencia de Cataluña.

– Se pasa usted, tunante autor de las Soserías, porque esto que escribe ahora nada tiene que ver con los asaltantes de bancos. Ni siquiera con los de cajas de ahorros rurales – es la voz de nuevo del infeliz que no me abandona.

¿Cómo le puedo explicar a este zoquete que naturalmente estos no van a aducir la autodeterminación de Cataluña si son señores delincuentes nacidos en Cáceres y viven en Torrrelavega?

Pero sí pueden invocar limpiamente otras causas tan lícitas y ejemplares como la citada:

– ¡Por la destrucción del capitalismo!

– ¡ Por la liberación del proletariado!

– ¡Revolución o muerte!

– ¡Abajo los imponentes y sus imponentes cuentas corrientes!

Y así seguido …

De esta forma convierten un atraco, que en los tiempos turbios de la reacción de la derecha y de la extrema derecha estaban en el Código penal, en un acto valeroso y heroico y, como tal, moralizante, edificante y lubrificante.

– ¡La pasta y viva la lucha de clases!

No hay juez ni fiscal que pueda meter mano.

Y así, cambiando usos y costumbres periclitados, con una legislación escrita por sutiles secretarios de pesebres, avanzamos con la cabeza erguida hacia una sociedad roja y amnistiada.

Publicado en: Blog, Soserías

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