Nihil novum sub sole

La prosa o el teatro antiguo, los clásicos, muy clásicos, los que vienen del mundo griego o latino, ofrecen un carcaj de flechas que conservan la lozanía de lo recién descubierto porque es buena verdad que el ser humano podrá cambiar de vestimenta, llevar barba o andar lampiño, echarse desodorante en el sobaco o abandonarlo al juego de humores y sudores, escribir en tablilla o en tablet pero lo que no nos cambiará nunca es la mala leche, la envidia hacia los espíritus superiores, la deslealtad, la vileza …  La perversidad moral es la gran turbina que no se detiene en su designio de emporcar el planeta.

De ese universo literario, brillante a veces, vulgar otras, el más didáctico es el tintado por el humor, por el espíritu burlesco o de farsa, por eso recomiendo visitar a Aristófanes (444-385), a Plauto (254-184), a Terencio (185-159) o a esos sujetos que, en los primeros siglos de nuestra era, escribían con cuchillo y que se llamaron Marcial o Juvenal. 

Véase un ejemplo de Marcial:

– “Amigo, no citas en tus escritos más que a los escritores muertos. Pues sabes lo que te digo: que no merece la pena morirse para atraer la atención de tu pluma”.

Y así seguido …

En las comedias de Plauto pululan los zascandiles – que son de todos los tiempos-, zascandiles con trienios de tales o zascandiles que están en los primeros cursos de formación, sus personajes usan palabras desconcertantes por su mordacidad demoledora y lo hacen en medio de unos diálogos grotescos empedrados de juegos de palabras y de figuras retóricas atrevidas. Plauto quiere herir y zaherir, no quiere arreglar nada en la sociedad a la que considera perdida para las buenas causas.

Terencio es más condescendiente y, cuando saca un burdel lleno de putas con lascivia de fuego, esas que no admiten a su lado penitentes ni relapsos, al final, con frecuencia, hay una boda que salva la moral, la corrección, diríamos hoy. Para mi gusto un poco decepcionante pues la rudeza, los modos ásperos, llevan en sus entrañas más y mejores sobresaltos estéticos.

Lo bueno de la literatura es su caminar en medio de misterios y de bosques, el primero de los cuales es el diccionario donde las palabras se hallan adormiladas y en penumbra hasta que llega la fuerza arrebatadora del donaire y les echa una ráfaga de luz tan cegadora como liberadora.

El escritor es solitario, tan dado a la turbación como a la masturbación.

Volvamos a esos clásicos. Un sabio, Theodor Mommsen, premio Nobel en 1902, ha desvelado los renglones más humildes de la antigüedad. Hace gracia pensar en Mommsen cuyos libros no pasarían hoy el control de las Anecas, esos hondones burocráticos de las leyes universitarias ideadas por los progresistas españoles, porque no formaban parte de “proyectos de investigación” ni estaban escritos por varios autores, es decir, en cuadrilla (que es como se cometen los peores delitos, pero esto no lo saben en las Anecas).

Es Mommsen quien nos descubre en su obra sobre el mundo de los Césares a un virtuoso de la sátira, Lucilio (148-103), quien dejó escrito:

Ahora, todo el santo día, sea fiesta o jornada de labor,

Congréganse en el foro el pueblo y los senadores

Sin apartarse de allí ni un momento, de la mañana a la noche,

Se entregan todos afanosamente a un solo oficio y a un solo arte:

Engañar a los otros con palabras y tomarles la delantera en el dolo,

Ejercerse en las artes del disimulo y la hipocresía

Y tenderse una red de insidias como si estuvieran en guerra todos contra todos.

¿Les suena? Lo dicho: “nihil novum sub sole”.

Amen. 

Publicado en: Blog, Soserías
2 comentarios sobre “Nihil novum sub sole
  1. Jose Pedro Sancho Martínez dice:

    Buenos días amigo Sosa, con pocas excepciones, te considero acertado en lo que expones en tu escrito de hoy.
    La envidia ha sido un mal universal que siempre tuvo muy malas consecuencias. El sufrir por el bien bueno del prójimo es una perversión del alma, al que a veces somos tentados. Si fuera posible debería estar en el Código Penal, porque trae muy malas consecuencias. Pablo de Tarso hablaba de que se llegaba al crimen por la perversión del amor humano, y estando de acuerdo, la envidia no le va a la zaga.
    Otras cosas que nos cuentas están en directa relación con la estulticia, no la orgánica si no la adquirida. Erasmo clarifica algunas cosas, aunque no acierta en la que atribuye a las féminas.
    Siento decirte que un imbécil acabará destruyendo una carrera superior por envidia. No tiene un solo matriculado en su trasladada carrera de Minas Oviedo a Mieres. ¡Gran beneficio a mi querida villa, hoy en manos comunistas!.
    Por ello amén nó, que así no sea lo que imbéciles y envidiosos deciden, hacen o con lo que quieren comernos el coco.

  2. Jose Pedro Sancho Martínez dice:

    Te acabo de hacer un comentario. Como cristiano me he pasado en los epítetos de imbécil y envidioso al rector de UNiOVi. Los retiro hacia su persona. Son aplicables a sus actos contra la Escuela Superior de Minas de Oviedo.
    Un saludo cordial.

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