Reino animal

Menos mal que ahora se aprueban leyes destinadas a aclarar las circunstancias en que se desenvuelve nuestra vida y a hacernos a todos beneméritos. Son un regalo rumboso pues que el poder público se ha aficionado a practicar la coquetería legislativa, contraria a la bazofia tradicional.

Porque antiguamente había el Código civil, el penal y la ley de la jurisdicción contencioso-administrativa. Pararruchas, el Código civil expresa el mundo machista y patriarcal, la dominación por la burguesía del proletariado y de los indefensos niños por sus odiosos padres. Del penal felizmente no quedan más que cuatro artículos descabellados a los que poco a poco les iremos bajando los humos y mandándolos al desván como hemos hecho con quienes dan golpes de Estado, vaya tontería castigar a un golpista si su intención es ahondar en la plurinacionalidad. También a los violadores y malversadores los hemos sacado de la cárcel con un caluroso apretón de manos y pidiéndoles perdón por las molestias ocasionadas. Y así seguido … hasta esa ley que he citado, la de la jurisdicción contencioso-administrativa, que ya solo su nombre espeluzna por lo que tiene de dragoniano y desapacible.

Hoy se lleva la ley del bienestar animal. Nos llena de obligaciones, claro que sí, pero benditas sean porque ya era hora de arrinconar la crueldad. El hámster va a contar con su registro de difuntos de manera que, cuando la tragedia se apodere de nuestro entorno y el pobre hámster muera, habrá que darle de baja en el registro de hámsteres acompañando el documento acreditativo por el que el veterinario ha certificado el fallecimiento del animal, como antes se certificaba el del abuelo. ¿Es menos un hámster que un abuelo? ¿Qué responde la derecha a esta pregunta, quid de todas las preguntas?

Pues ¿y el curso que deberemos aprobar para tener un perrito? Esta es una de las ideas más felices porque el tiempo que antes dedicábamos a hacer un curso de matemáticas o de gramática, ya innecesarios por decisión de la pedagogía del Progreso, ahora lo ocuparemos con el destinado al chihuahua. No hay más que ventajas porque esos conocimientos antiguos del bachillerato podían acabar trastornando las mentes y, lo que es peor, se corría el peligro de que cualquier vecino llegara a pensar por su cuenta. ¿Alguien se ha parado a considerar las desgracias que esta actitud de algunos ciudadanos – escapados de la bobería ambiental- acarrearía para la estabilidad de los avances del progreso y del orden público rectamente entendido?

¿Cómo hemos podido vivir hasta ahora sin advertir el riesgo que suponía la existencia de una tienda donde se vendiera un gato o un canario? ¿Cómo hemos podido ser tan brutos? ¿Cómo ha sido la humanidad tan inhumana?

La injusticia se ha diluido gracias a nuestro gobernante / a. Ya estábamos muchos impacientes por reparar el desaguisado moral que suponían esas tiendas y solo ahora, bajo el céfiro benéfico del Progreso racializado, ha desaparecido. Únicamente falta que se prohíban los centenares de locales con máquinas para jugar – desparramados por las ciudades- para ruina de los jóvenes y fortuna de los desaprensivos. Pero todo llegará. El Progreso multinacional tiene sus ritmos y por nada del mundo debemos alterarlo con urgencias desorbitadas.

Quitar a la oveja de un belén por navidades o un caballo de una cabalgata ¿no es un signo pleno de heroicidad? ¿no hemos liquidado así ese mundo oscuro de torturadores de caballos y ovejas?

Se prevé en fin que las casas donde convivan varios animales se registren como “núcleo zoológico”. Buen invento porque podríamos acabar con la familia, otra antigualla que viene de don Pelayo y de los innumerables energúmenos que le han sucedido. “Tengo derecho a descuento en el autobús por pertenecer a “núcleo zoológico numeroso” dirá el adquirente del bono.

Un peligro se apunta. ¿Y si a los españoles nos da por calificar al Gobierno en pleno que tales leyes alumbra de “núcleo zoológico? ¿No estremece imaginar que llegáramos a vivir ese frenesí faltón y concupiscente? ¿No estaríamos ante los últimos coletazos de la Historia, prontos a levantar su patíbulo?

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Publicado en: Blog, Soserías

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