De los placeres y los días

Vivimos todavía en una época en la que los medios de comunicación nos aturden con noticias monótonas:

– Suben los precios en mercados y grandes superficies.

– Bajan los salarios en todos los sectores productivos.

– Se encarecen las hipotecas y aumentan las dificultades para la población joven.

– La Unión Europea en plena tensión por las oleadas de inmigrantes.

Y así sucesivamente. Son, como digo, mensajes atosigantes porque ni uno solo nos permite abandonarnos a modestos placeres o a una amable molicie.

Abrir un periódico o escuchar un noticiario se asemeja bastante, en estos últimos tiempos, al anuncio de la caída del reino de Babilonia, tal como se vivió en épocas tan bíblicas como remotas.

No hay pues descanso ante la algazara de avisos angustiosos, ni siquiera en los domingos y demás fiestas de guardar. Todo es desquiciamiento.

Oímos voces, ecos, aspavientos, con los sentidos en estado de alerta, atisbamos cercanías asesinadas por el dramatismo, por una peligrosidad que nos comprime el corazón, el bazo y la espina dorsal. Luchamos por la vida con tesón pero lo que nunca nos abandona es ese fondo de aguas turbias y de nidos subterráneos de serpientes, siempre al acecho.

Por eso muchos compatriotas se vuelven elegíacos, celíacos, cardíacos  y maníaticos, renunciando a informarse y optando por llevar una vida de ocultaciones como la del caracol.

Pues bien, a todos esos yo les digo que está amaneciendo, que se inaugura la gran avenida de la sorpresa.

El Gobierno ya no quiere amargarnos. El Gobierno quiere distraernos, llenar nuestras horas de asuntos regocijantes, coquetos y libertarios, plenos de ecos sicodélicos.

Tal es el anuncio de una ministra (o algo así) que nos anima a que practiquemos la masturbación (vulgo, pajas) en lugar de esa cosa tan antigua, tan vintage, tan patriarcal, tan autoritaria como es la penetración. ¡Pero qué chabacanería! ¡Cómo no se nos había ocurrido antes! Menos mal que este Gobierno, que ha puesto contra la pared a la Biología y le ha dado su merecido por reaccionaria (no hay nada más reaccionario que la Biología), nos ha recordado prácticas vaginales que teníamos por periclitadas y que, quien a ellas recurría, lo hacía en las penumbras conventuales o en esas oscuridades amenazantes color plomo.

Solo una población que está educada por frailes de trabuco y canana, que padece limitaciones de lecturas, puede practicar la penetración en vasija ajena en vez de entretenerse morosamente, con la delectatio de los clásicos,con sus órganos propios.

Se recupera ahora el satisfyer, el viejo consolador que ya conocieron las civilizaciones más arcaicas pero que ahora adquiere renovados y vibrátiles bríos.

En el orden del día del próximo Consejo de ministros, ministras y ministres ya están incorporadas las instrucciones para el uso progresista y empoderado de la lengua.

Publicado en: Blog, Soserías

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