Michael Stolleis, gran jurista, gran historiador

Me temía la peor noticia. Y me la temía porque Michael Stolleis no había respondido a mis dos últimos correos, él, que lo hacía a los cinco minutos. Había leído yo la voluminosa biografía de Hans Kelsen que acaba de publicar el profesor vienés Thomas Olechowski (1027 páginas) y, antes de redactar mi comentario a la misma, escribí a Stolleis para expresarle mi opinión sobre esta obra espectacular y preguntarle por la suya. A vuelta de correo me envió la reseña -aún no publicada- que él había escrito de esa biografía. En este rasgo suyo se halla concentrada la magnífica personalidad de quien ha muerto hace unos días en Fránkfurt: un profesor nimbado de merecidos honores académicos que, cerca de los ochenta años, todavía escribe la recensión elogiosa a un libro de un joven colega.

Ese era el generoso profesor Michael Stolleis. Fue el gran especialista de la historia del derecho público alemán, sus cuatro volúmenes de más de cuatrocientas páginas cada uno, avalan esta afirmación. Y todavía tenía fuerza para seguir indagando en la letra pequeña de autores del pasado y de sus libros. No hace un mes tuvo la deferencia de enviarme lo que acababa de escribir sobre un jurista alemán muerto en 1681, unas páginas que enriquecían lo que él ya había publicado en la magna historia de la que es autor y por la que está -él también- en la historia de ese Derecho Público que contribuyó como nadie a ordenar y, en su caso, a resucitar. A ordenar los nombres y las obras de los grandes juristas conocidos poniéndolas en su contexto; a resucitar a aquellos sobre los que había caído el polvo olvidadizo de la historia.

Me puse en contacto epistolar con él hace diez o doce años: sin conocerle, le escribí a la dirección electrónica de la Universidad. Temí que el gran profesor no se ocupara del correo electrónico o que las tribulaciones que yo le transmitía le parecieran nimiedades. Nada de eso ocurrió porque, apenas pasados unos minutos, tenía carta suya dando respuesta sabia y humilde a todas mis preguntas. Y así siguió prestándome ayuda, en los últimos tiempos, cuando yo escribía mi libro sobre el Sacro Imperio Romano Germánico. Hasta que hace un mes aproximadamente me dijo: «Estoy, Francisco, más en el hospital que en casa, tengo cáncer pero los médicos me dan ciertas esperanzas». No se han cumplido.

Sus trabajos más lejanos se refieren a la «razón de Estado», una investigación centrada en el pensamiento del siglo XVIII, y conectado con este asunto, aun dando un salto en el tiempo, están sus publicaciones sobre la manipulación del Derecho en la época nacional-socialista y en la comunista representada por la República Democrática alemana. Su obra El ojo de la ley se puede leer en español (Marcial Pons) gracias a la cuidada traducción de Fernández-Crehuet.

La curiosidad de Stolleis no ha conocido límites. Es autor de un precioso trabajo sobre una pintora alemana llamada Sophie von Scheve que vivió en el Múnich de finales del siglo XIX y principios del XX. Una pintora clásica, alejada de los movimientos de la «secesión», es decir, del modernismo, autora de retratos memorables, entre ellos, el de Ricarda Huch, escritora brillante y comprometida con la defensa de los derechos de la mujer. Stolleis traza una descripción deslumbrante del cuadro que se conserva en el museo de Marbach, la localidad donde nació nada menos que Friedrich Schiller.

Dicho todo esto procede completar: Stolleis se formó en Múnich, allí se doctoró y después, tras el trabajo de habilitación, obtuvo la venia docendi para las especialidades de Derecho Público, historia del Derecho y Derecho eclesiástico. Fue entonces cuando recibió la llamada de la Universidad de Fránkfurt para ocupar una cátedra (en Alemania está prohibido culminar la carrera académica en la Universidad donde se ha formado el estudioso). Y allí ha estado hasta su jubilación en 2006 aunque ha seguido dirigiendo el Instituto Max Planck especializado en historia europea del Derecho.

Ha sido doctor honoris causa en Finlandia, Francia e Italia y su pecho lucía numerosas condecoraciones, premios y medallas. Pero lo que sobre todo lucía su pecho era su gran sabiduría y su delicada caballerosidad. Fue un orfebre del buen hacer.

Profesor Stolleis: ¡la jurispericia de toda Europa llevará largo tiempo cintas negras por usted!

Etiquetado con:
Publicado en: Artículos de opinión, Blog

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Comentarios recientes
Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

A %d blogueros les gusta esto: