Lenguas

La lengua, el hablar de las personas, conoce diversas modalidades a lo largo de la vida. Así, empezamos con la lengua de trapo, una forma indisciplinada de expresarse, ajena a reglas, que es propia de los niños. 

Cuando se llega a adulto, a la lengua la podemos llamar – si nos peta- idioma y así hablamos español, alemán, griego y por ahí seguido.

Pero los comportamientos humanos se van complicando y enredando y es entonces cuando surgen modalidades de lenguas más definidas. Tal es el caso de la lengua de víbora, instrumento de quien practica la maledicencia, también llamada lengua viperina o de escorpión. Es la lengua del amigo del chisme, de quien se solaza en mentideros y otros templos de ociosos, ese vicio antiguo cuyo remedio es, según sabemos los lectores del Quijote, “la ocupación honesta y continua”.

En los últimos tiempos nuestros gobernantes han suprimido las lenguas muertas que quedaban en los planes de estudio, los más viejos recordarán el latín y el griego, dos antiguallas inservibles. Fue una decisión acertada porque, si está muerta, se dijeron aquellos sabios prohombres, lo que procede es enterrarla entre espesos silencios.

Sobre todo porque había que dejar sitio a otra lengua que se llama, en un acertado galicismo, lengua de madera. Hasta el punto de que ya existen, para los jóvenes aspirantes a ministros, diputados o empleados de los partidos políticos, academias que enseñan la lengua de madera como antiguamente las escuelas Berlitz enseñaban alemán. Hay una gramática, una sintaxis, clases de oratoria, de pronunciación, de estilo, de estilística, nada falta para que el aspirante acuda bien pertrechado al ejercicio de su oficio.

La lengua de madera es un hallazgo que debería tener su sitio en la Academia donde a  buen seguro se sentará pronto un especialista en su uso y difusión. Porque, gracias a ella, el político habla envuelto en una niebla admirable y creativa, con una ambigüedad equívoca convirtiéndose en filigrana el arte de espardir el truco y la artimaña. ¿Alguien es capaz de ofrecer un fruto más sazonado en esta sociedad doliente?

Los asuntos gubernamentales nunca han de presentarse ante los ciudadanos – que somos unos indocumentados descarados- de forma desnuda y clara. Por eso necesitan ser sometidos a la exquisitez del maquillaje, es decir, pasar por el afeite de la imprecisión y por el perfume de lo inclusivo, lo disruptivo y lo transversal.

Hoy, el diccionario de la lengua de madera es tan rico como el Casares o el María Moliner y en él se recogen las frases hechas y los tópicos, las construcciones enfáticas, las comparaciones y las metáforas gastadas como guijarro de riachuelo, los eslóganes, los neologismos necios … Es el mundo donde se “desescala”, donde se practica la “gobernanza” y la “cogobernanza”, donde lo distópico, lo proactivo y lo propositivo engalanan el discurso. Es el mundo de la “condicionalidad” y de la “presencialidad”, asimismo de la “performance” y, ahora con la epidemia, el lugar donde los asustados humanos nos “cuarentenamos”.

Es el mundo en definitiva del charlatán. O sea, del imbécil.

Como todo se devalúa, a quien antes se llamaba  “pico de oro” ahora procede llamarle “pico de madera”.

Yo me rebelo, en mi impotencia provinciana, contra la lengua de madera. Lo mío es la lengua a la escarlata.    

Publicado en: Blog, Soserías

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.