El bloqueo

Cada época tiene sus palabras que se salmodian, es decir, se emplean sin mayor gracia ni expresividad perceptibles. Suelen ser tópicos, lugares comunes, que son como los burladeros donde se acude en la vida social para guarecerse y evitar los peligros de la originalidad, la almohada en la que se echan una siestecita los prejuicios.  Allí se atrinchera el memo, una especie que conoce dos modalidades: la del memo audaz, afanoso en su memez, y la del memo inofensivo que simplemente habla de lo que no sabe pero sin mala intención. Ambos son tarugos cabales pero el primero lastima; el segundo se limita a hastiar.

Si se observa la realidad se advertirá además que hay palabras que se unen en matrimonio ante el altar de los tópicos: la cólera implacable, el desdén olímpico, la resignación cristiana, la maldición bíblica …

Hoy el topicazo de moda es el del “bloqueo”. Lo usan los políticos en sus debates y lo corean todos los que han descartado el manejo de razones concertadas en sus discursos, es decir, aquellos que, como diría Cervantes, “tienen el ingenio resfriado”.

Por bloqueo se entiende ahora aquella disposición de ánimo que conduce a impedir que el vecino gobierne. Se asegura que es muy malo pero, mirado con rigor, eso dependerá de si es bueno o malo el gobierno en sí. Y así, si el gobierno va a ser malo, el bloqueo será una bendición; en caso contrario, será una añagaza pérfida.

Antiguamente se decía “opilar” que significa obstruir o cerrar el paso. Pero muchos novelistas españoles empleaban en los años veinte y treinta del siglo pasado la palabra “desopilante” como sinónimo de regocijante, festivo o divertido. Hoy se dice “guay del Paraguay”. O se decía, cualquiera sabe …

Solo por el hecho de su circulación diaria y cansina el hombre honrado debe huir de usar la palabreja del bloqueo como debe huir de los testigos de Jehová o de esos pelmazos que quieren colocarte un programa wifi y te llaman para ello a la hora de comer. 

Que en la actualidad no hay personas críticas, o por lo menos personas que gasten maneras de sublevado, lo demuestra el hecho de que todos los opinantes se manifiestan contra el bloqueo cuando muchos deberían pensar que, para dictar decretos estrafalarios o elaborar presupuestos incomprensibles, lo mejor sería asegurar la obstrucción del gobernante, el cierre de filas marcial ante su acoso e impertinencia.

Y ya que han salido los presupuestos conviene añadir que son la manifestación numérica de la fealdad, dicho de otro modo, una antiestética exageración del desaliño expresivo.

El debate sobre el bloqueo es pues de carácter político en su modalidad tediosa. Si al menos hubiera un bloqueo épico con sus héroes, sus rapsodas, sus princesas cloróticas, y los chicos fueran al bloqueo como antes a la guerra cantando canciones bloqueantes y vibrantes, si esto fuera así podríamos aspirar a que al final nos saliera un Camoens inspirado.

Pero como esto es soñar, yo me conformo con un bloqueo que sea barrera contra los que viven de la pirueta y el enredo en cargos superfluos, contra las ponzoñas graduadas con títulos falsificados, contra quienes nombran jueces para protegerse. Este es mi bloqueo preferido pero ¿no será una quimera, una borrosa fosforescencia?

Publicado en: Blog, Soserías

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