La factura de la luz

¿Podemos prescindir del aguafiestas, de esas personas que “turban cualquier diversión o regocijo”? Sería magnífico pero es difícil porque siempre tendremos cerca a un cenizo cuya actitud es ver agigantadas las congojas. A mi entender, es preciso aislarles y para ello nada mejor que hablarles del humor, de las ventajas que ofrece tomarse el destino y sus avatares con terapéutica distancia y viendo que todo tiene un final excéntrico. Lo he intentado hace poco con uno de esos amigos cetrinos que uno soporta por aumentar el currículum para entrar en el Cielo. Y me ha contestado:

-Claro que el humor es un buen remedio pero ahora, querido, ya no hay humor ni hay humoristas.

Le he tratado de explicar que el humor, como la materia, no se destruye, tan solo se modifica. Porque no es lo mismo el humor en una obra del teatro clásico griego que en una comedia de Oscar Wilde o de Jardiel Poncela. Como no es lo mismo el humor de Quevedo que el de Tip y Coll. Pero es humor todo lo que arda en el pebetero del donaire.

De manera que el humor adquiere caracteres originales, siempre acompasados a la historia, a las obsesiones del momento y a las diabluras en que se manifiestan. 

Por ejemplo, le expliqué a mi amigo cariacontencido, acabo de recibir una comunicación de mi compañía eléctrica que es una muestra del humor moderno, de ese humor que tiene que ver con los grandes temas del presente, en este caso, el de la energía renovable, condensable y declinable. ¿Hay algo más actual? Pues bien, mi compañía, que es adorable y perdurable, me ha mandado un escrito por el que me entero de que “ha procedido a abonar a la comercializadora la cantidad de -1.99 euros sin impuestos correspondiente al descuento por calidad de suministro del año 2018 del contrato de referencia” que es justamente el mío. Es decir que me he embolsado -1.99 euros, así como suena, y ello gracias a una Orden ECO, y aquí un número larguísimo del que hago gracia al lector porque los números son en la prosa como los huesecillos que se encuentran en la sopa. Para completar la explicación me puntualiza mi afectuosa compañía el “detalle del descuento por incidencias de calidad de suministro” que ocupa una página bien alimentada de datos y porcentajes. Y es probable que de algún algoritmo pero estos no los distingo.

¿Alguien puede poner en duda el sentido del humor de mi compañía eléctrica? Pues sí, sin ir más lejos mi amigo el ceniciento que la ha insultado, llamándola caradura, bellaca, y calificando a sus directivos como unos sujetos que hacen de la indecencia disciplina constante y mantenida. 

Es más: ha trepado por los vericuetos de la historia para explicarme que las facturas de la luz son los actuales arcana imperii, es decir, los secretos que en el pasado se guardaban en las cortes para asegurar el brillo y la pervivencia de la monarquía. Le oí citar, perdiendo incluso los modales de la buena crianza, a Maquiavelo y a otros herejes para acabar asegurando que eran simples tretas para mantener el poder más allá de toda consideración moral.

Véase cómo un escrito festivo, el de los -1.99 euros, un escrito que para mí significaba ¡qué caramba, un ahorro! pero además un compendio de gentil sentido del humor, de lo más epigramático y ático que hoy se puede escribir, para mi amigo, nublada su visión y espeluznada su lengua, era una muestra de los arcana imperii existentes en un siglo remoto, un tiempo perverso que sin duda fue puro zafarrancho de hostilidades.

-No, le dije, habrás de admitir que cada uno cultiva un humor diferenciado. Es más, es que el humor o es diferencia y sutileza o no es más que jerigonza o, peor aún, germanía.  Digerir la vida – continué- exige el protector estomacal del humor y además tener un palco alquilado en el teatro dedicado al humor.

Para terminar de tranquilizarle, porque mi amigo es hipocondríaco, le aclaré que el humorista nada tiene que ver con el bromatólogo.

¿Habré conseguido algo? No lo creo pero yo me lo voy a pasar pipa con el descuento de -1.99 euros de mi factura eléctrica.

Publicado en: Blog, Soserías

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