Guía (indispensable) para las elecciones

Tiempo de baratijas, tiempo de baratillo, tiempo de barateros y de baratistas … tiempo de elecciones. Tiempo para debates que no son sino ciclones de ecos.

Tiempo extraño en el que el político se emborracha con jugo de votos. Conocí a un candidato cuyas insignias heráldicas eran votos de oro y palabras de viento en campo de urnas.

Como se sabe que el voto es la caricia que los ciudadanos hacemos a los políticos, hay personas cabreadas que llevan grandes pancartas pidiendo ¡seamos ariscos!

Ignoran que siempre será mejor el olor de los votos que el tufo de las botas.

Tiempo de promesas, de ofrendas al votante, de mítines … El mítin, para el militante fiel, es el sucedáneo de la misa de doce de una época antigua y desgastada y en él comulga con ruedas de molino.

Una vez acompañé a un amigo que aspiraba a ser diputado por Madrid a un mítin en el Retiro y, al final, en su atolondramiento electoral, iba saludando de una en una a las estatuas del parque. Pero era un mago para meter en su vacuo discurso azucarillos de verborrea.

Hoy día – me dice uno que está en el ajo y en la sustancia- se estila entre los políticos poner a la novia escaño como antes se les ponía piso.

Y quien se ha tragado muchos mítines – porque está jubilado- sentencia como un filósofo en su cátedra: los discursos que se oyen son tan antiguos que deberían tocarse con acompañamiento de vihuela. 

Ahora es difícil ver votar a un fraile porque van de paisano pero cuando se les distingue siempre nos preguntamos si el voto que está depositando es el de obediencia, el de pobreza o el de castidad.

Pero decía al principio que es tiempo de baratijas, de cosas menudas y sin valor donde hay puestos regentados por fulleros y logreros. Volatineros de la palabra. 

Tiempo de rebajas. “A lo barato” quiere decir en español “confusamente” o “en desorden”. Es decir, la forma de expeler que gastan a menudo la radio y siempre las redes sociales, esos lechos de suciedad, cloacas de palabras cobardes.

“Cobrar el barato” es “dominar u oprimir a otros por la intimidación”: “que vienen los soles” “que vienen las sombras” “que vienen los ateos” “que vienen los gramáticos” “cuidado con los acróbatas” o “con los tullidos”  … todo es un meter el miedo en nuestras entretelas para que nos redimamos con el cilicio del voto.

Por su parte, “baratear” es dar una cosa por menos de su precio ordinario: la pensión de viudedad, el permiso de paternidad, la paga extra del verano.

Es la ganga, el derroche, el saldo de los grandes almacenes, la venta de ocasión. La prodigalidad administrada desde el Boletín Oficial, antes un periódico, hoy la limosnera, la bolsa donde se lleva el dinero para repartir aquellos socorros que distribuía el monje a la puerta de los conventos o el criado ante las casas blasonadas.

Es el turbio mundo del que juega con ventaja, con los dados cargados, del fullero, del chamarilero, del tahúr.

A la vista de tantas trampas esta sosería recomienda no dejarse confundir y ver claro por el trozo de horizonte que cada uno debe construirse. Para lanzar desde él al fullero – con objeto de neutralizarle- la carcajada burlona. O el corte de mangas.

Publicado en: Blog, Soserías

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