¿Habla usted “inclusivo”?

Si no teníamos pocas lenguas en España, florece ahora otra con total pujanza: el “inclusivo”. Pronto veremos academias de inclusivo, cursos de verano para aprender el inclusivo y el Instituto Cervantes y las escuelas Berlitz se verán obligados a ampliar su oferta con clases de “inclusivo”.

En el pasado, en los siglos XVIII y XIX, se hablaba en el mundo fino y cortesano el francés y así los reyes, aunque fueran alemanes, por ejemplo el de Prusia, eran capaces de departir con Voltaire sobre las mejores hierbas para evacuar recio y ordenado haciendo alardes de vocabulario y gramática aprendidos a base de lecturas de Ronsard -aquel en cuyo huerto cortaba Antonio Machado las rosas- y de Montaigne.

Hoy el inglés arrolla y sin clemencia lo tenemos cual sofrito en todas partes de manera que en países como España donde lo “progre” (a no confundir con el progreso) es defender las “identidades” tan diferenciadas y tan ricas de que disfrutamos, advertimos cómo el habla cotidiana, los anuncios y hasta las tapas en los bares están plagados de anglicismos. Raro es el español que no dice “O.K.” para expresar su conformidad con lo que se le propone o que no monta, ahora en vacaciones, una “mountain bike” para perder pliegues sebáceos y ganar tersura.

Así somos de puntillosos los defensores de las singularidades, las autonomías, el derecho a decidir y las deudas históricas.

No se descarta que en breve hablemos en chino y pierda su significado eso de “hablar en chino” para motejar una jerigonza incomprensible. Atención, señores académicos, habrá que acabar con ese atropello a la dignidad de la lengua china y de sus hablantes rectificando el Diccionario.

De momento a lo que estamos los españoles/as es a aprender “inclusivo” que es el idioma que nos acerca a la mariposa de la modernidad y nos aleja del negro buitre de la caverna y la carcundia.

-¿Hablas inclusivo? -preguntará el joven a la jovena antes de empezar el juego de la conquista que, por cierto, dejará de llamarse conquista pues suena a negros, a indios, a colonias y a votación reñida en la ONU. Se deberá llamar engatusamiento aunque esta palabra puede que irrite a los gatos y entonces habrá que sustituirla por señuelo (con la forma femenina señuela) o acaso caricia (y su correspondiente caricio).

-Te voy a hacer caricios y caricias para ver si te persuado/a de que me dispenses tu cariño/a.

Sé bien y lo saben bien quienes están introduciendo el “inclusivo” que al principio costará pero nos acostumbraremos como nos hemos acostumbrado a decir all right, pendrive, cool, advisor, mailing, call-center, cash, catering, performance, manager, parties y ranking cuando estamos con unos amigos del colegio de los jesuitas en un bar de Zaragoza o de Guadalajara.

El porvenir para los jóvenes filólogos se convierte en risueño y distendido, una lonja opulenta donde se reparte la fantasía. Menuda diferencia con aquella época aflictiva en la que tenían que aprender ¡las declinaciones en latín y el optativo en griego!

Gran negocio a la vista: “High School of inclusive language”.

 

 

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Publicado en: Blog, Soserías

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