El Bosco, el cirujano y una mosca

¡Qué bendita idea la de organizar en estos días la gran exposición de la pintura de El Bosco en Madrid! Pocas veces la oportunidad se presenta tan a las claras como una tejedora de aciertos.

Y es que, entre los cuadros que el visitante puede contemplar en el Prado, se halla el famoso de “La extracción de la piedra de la locura”. En la época en que El Bosco pintaba había buenas gentes que se sometían a una operación quirúrgica con el objeto de extirpar esa piedra a la que se atribuía el origen de la estupidez. De manera que un tipo simple y embadurnado de bobería era tan solo alguien que tenía una piedra metida en la cabeza. Bastaba la acción benéfica del cirujano, que era también el barbero, para redimirle del mal.

En el cuadro de El Bosco el médico lleva un embudo en la cabeza como símbolo de la idiotez. Pero el embudo -y en esto no cayó El Bosco- nos remite a algo más importante porque el embudo da nombre a la famosa ley (la ley del embudo) que es la única realmente vigente en todo tiempo y lugar. Esta ley muestra sin pausa su señorío inmarcesible sin que ni siquiera haya sido necesaria su aprobación por las  Cortes.

Nuestro pintor, El Bosco, tenía un ramalazo de reformista anticlerical, Erasmo empezaba a hacer de las suyas, y era poco amigo de la mediación que entre los hombres y Dios ejercían y ejercen los ministros del culto. Por eso aparecen en el cuadro una monja y un fraile que no salen bien parados; en realidad nos ofrecen una imagen de ignorantes espabilados que se permitían explotar la ignorancia ajena.

Hoy nadie creería estas paparruchas y por eso la especialidad de cirujano que extrae las piedras de la estulticia de la cabeza de un paisano no figura entre las que atiende la Seguridad social en los hospitales públicos.

Las funciones de ese cirujano se atribuyen, después de la ducha ilustrada, la Enciclopedia escrita por masonazos, los ensayos de los liberalotes y demás avatares de la Historia, a la enseñanza, a la educación y a otras ciencias y sabidurías: nos han contado que, aplicadas estas al ser humano en los institutos y universidades, queda éste liberado de supersticiones y creencias esotéricas como el cirujano liberaba de la ignorancia extrayendo la piedra en el pasado.

A la vista de lo que ocurre, sin embargo, sabemos que el individuo, nosotros todos, seguimos siendo tan simples como eran los simples de los siglos pretéritos. Y seguimos creyendo los bulos, las patrañas y las paparruchas más burdas, solo que ahora han de venir transmitidas por la televisión o por las redes sociales.

Por eso, acaso sería bueno meditar sobre la burla de El Bosco. Pienso que un pintor surrealista (Dalí haría una filigrana) nos podría mostrar un gran scanner en el que nos metieran con nuestros prejuicios y nos sacaran por el otro extremo, como si nos hubieran hendido un serrucho, liberados de ellos. En lugar de la monja y el fraile pondríamos un manager de la comunicación diplomado on-line junto a una experta en multimedia. Podría titularse el cuadro “mosca posada sobre un evento”. El espectador se pasaría horas buscando la mosca que, en realidad, habría volado y se habria pegado a un cuadro. Precisamente de El Bosco.

 

Publicado en: Blog, Soserías

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