Escenas históricas: XVIII Hora de decisiones

Salón en el que está reunida la regia camarilla. Su Majestad, el séptimo Fernando, está vestido de imperial y excusado armiño y tiene la espada inútil en la mano; hay un caballero, garabatoso, con el collar del Toisón; un brigadier con cara de cárcel; un purpurado borracho de oraciones; otro caballero de cruz pensionada y con sonrisa alcalina y desprestigiada; en fin, un criado decidor. Es la media tarde.

El collar del Toisón:¡La horca para la sala completa de alcaldes de casa y corte y para la comisión!

El purpurado: Conozco por secreto de confesión la pertenencia de varios de esos individuos a la logia del Taller sublime.

El brigadier: ¿Se necesitan más pruebas?

La cruz pensionada (que tocaba deleznablemente la viola da gamba y violaba la métrica con versos amenazantes): Nada hay tan bello como morir a la luz tenue del amanecer… ¡Privilegio de poetas!

El collar del Toisón: Con el máximo respeto hacia las regias decisiones, debo decir que todo esto es la consecuencia de haber puesto su Majestad en manos de alcaldes y comisionados lo que únicamente a su absoluta y soberana Majestad corresponde decidir.

El purpurado: Tiene razón el del Toisón. Por las luces sobrenaturales que me alumbran sé bien que la Monarquía que Dios quiere para sus amados hijos es la monarquía absoluta. Está escrito en los Evangelios si se leen con rectitud y en los primeros Padres; además, lo dice maravillosamente el obispo Climent en sus Pláticas dominicales.¡Lo demás es jansenismo!

Su Majestad: No es necesario que aporte literatura su Eminencia. Mi regio ánimo ha tomado regias decisiones.

El criado decidor: ¿Majestad, un piscolabis? He mandado traer empanadas crujientes de la Canosa y pasteles riquísimos de Botín.¡Asusta tanta seriedad alrededor de su Majestad!

El purpurado: Tiene razón el criado decidor. Yo tengo, de momento, sed.¿Has traído aurora?

El criado decidor: Y exquisito chocolate primorosamente molido con una pizca de pimienta roja y un dracma de almizcle.¡Su Eminencia se va a chupar sus venerables  dedos!

La cruz pensionada:¡Sea en buena hora! Si su Majestad lo autoriza…

Su Majestad: Parece como si tuviéramos algo grave entre manos. ¡Aliviar la Corte de un puñado de jansenistas y masones no debe llevar melancolía al ánimo regio! Séame servido hirviente chocolate y unos bizcochos duros.

Coro de la camarilla:¡Y a mí! ¡Y a mi!

El purpurado (como solista): Después de la aurora, un trocito de pastel de Perigord no le vendría del todo mal a mi católica eminencia.

El brigadier (con la boca llena):¿Horca o fusilamiento, Majestad?

Su Majestad:¡No seas bruto, brigadier! Basta el destierro.

La cruz pensionada: Páseme el soconusco, Eminencia y más empanada, criado.¿Destierro sólo? Mis decaídos ánimos sólo lo alegran las brillantes ejecuciones públicas con sus tambores, sus armas a la funerala y el llanto de las viudas y huérfanos.¡Ah, ese llanto es hermosísimo y viene a ser como el bajo continuo del concierto de la muerte!

El collar del Toisón: Para que no se arme mucho alboroto en las calles es menester que los carruajes pasen por las cárceles antes del amanecer y así se les pone en camino con la fresca.

El brigadier:¿Hacia donde?

El collar del Toisón: Su Majestad tiene la palabra…

Su Majestad: El más cerca con los buenos padres de la cartuja de Jerez. Los demás a Mahón, Alhucemas, Ceuta…Su Eminencia va a tener un privilegio especial.

El purpurado (apurando el cuarto vaso de aurora e inclinando la cabeza): Majestad…

Su Majestad: Martínez de la Rosa irá donde decida su bondadísima Eminencia.

El purpurado:¡Gran favor, Majestad! Pero para decidir tiene que inspirarme el Señor por medio de la oración.

Su Majestad:¡Déjese de melindres!

Bisbisea su Eminencia y resplandece su cara de gatazo en celo.

El purpurado: Ocho años en el presidio del Peñon es suficiente para que Dios le perdone las gravísimas ofensas que le ha dirigido.-Murmura otra oración y añade: además, destierro de por vida de la Corte y de los Reales Sitios.

Su Majestad: Veo que las luces celestiales le iluminan con prontitud, Eminencia.-Dirigiéndose al criado decidor:¡Un poco más de queso gallego para aplacar el regio apetito!

El purpurado: Con sus halagos, Majestad, incurriría en el pecado de vanidad si no fuera porque mi sagrado ministerio me prohíbe tenerla…

El collar del Toisón: Decidido con regio tino el arduo asunto de los destierros, me atrevería a decir a Su Majestad que su Majestad la reina, que tan agraciadas virtudes ostenta, todavía no ha autorizado a mi esposa a tomar la almohada a pesar de ser Grande…

Su Majestad: Corpulenta…diría Yo. Haré una regia indicación a la real persona para que tu esposa pueda posar sus grandes glúteos sobre el almohadón de la Antecámara.

El brigadier: Yo quisiera una llave…

Su Majestad:¿Otra?

El brigadier: Mi primo Pedrito Alameda, a quien tiene en mucha estima el poeta Arriaza, se muere por una llave de gentilhombre. Es muchacho de mérito: el día menos pensado escribe un drama y, además, delata muy bien. A su buen hacer se debe que cayeran los del café Apolo. Fueron siete penas capitales, como recordará su Majestad.

Su Majestad: Ya lo creo. Con este son treinta y dos los pollos que descubrieron la conspiración para cometer en mi regia persona el más magno magnicidio de la Historia. Séale otorgada la banda de María Luisa, mi señora madre.

La cruz pensionada: Puestos a abusar de la real munificencia…Yo quisiera para un muchacho de mis tierras en Segovia el puesto de postillón, que es mozo galano y absolutista perdido.

El criado decidor (sirviendo alegremente otra ronda de chocolate y aurora):¡Me pido el doctorado por Alcalá y la mitra de Toledo!

El purpurado :¡Irreverente! ¡La mitra es para mí!

Su Majestad: Es verdad, la mitra es para su Eminencia. Pero cuenta con el doctorado. Se lo he dado a mi tío el infante don Antonio que es más burro que tú…

Publicado en: Blog, Soserías
Un comentario sobre “Escenas históricas: XVIII Hora de decisiones
  1. -¿Acaso en alguna ocasión de la historia han cambiado los interiores de cortes y gobiernos repartiendo prebendas?.
    -Ni siquiera en los interiores de los partidos políticos.
    -Incluso en los más Democráticos.
    -Nos gusta rodearnos de nuestros fieles amigos.
    -¿en quién confiar mejor?.
    -De ahí a la corrupción sólo hay un paso.
    -Y pequeño.
    -Pequeñísimo.

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