¿Atonía cultural?

Al fin y al cabo discrepar es un derecho e incluso un saludable ejercicio mental. Por eso, me voy a permitir discrepar o, al menos, matizar la interpretación que se está haciendo de los resultados de una encuestra encargada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para conocer el índice cultural de la población española: «atonía» ha sido la conclusión (precipitada, como vamos a ver) formulada por quienes se han estudiado el trabajo.

A mi juicio, ese diagnóstico es certero sólo para una parte de la población: para carcamales entecados y para aquellos españoles que estamos en una edad en la que empieza el declive físico y mental, en ese edad que me atrevería a llamar edad-otero porque permite observar, a un lado, la empinada vereda de afanes ya recorrida y, de otro, intuir el asendereado camino que nos lleva, ay, a convertirnos en sombras menguantes de nuestro pasado. Pero esta parte de la población, vitando amasijo de dolamas y goteras, de artríticos y asistólicos, apenas cuenta. La que cuenta y a la que es preciso cuidar con delicado mimo es a la generación joven, la que trepa, traviesa y bitonga, por el escarpado talud de la instrucción y el apendizaje. Y ahí hablar de «atonía cultural» es un error y un error de bulto.

Para que los resultados obtenidos hasta ahora resplandezcan no son precisas encuestas ni finos análisis. Basta con captar la conversación de dos mozalbetes en plena calle, siempre rica, grávida de sinónimos, de cuidadosos matices, inmune a la palabrota, a la interjección soez… O captar las emisiones radiofónicas dedicadas a distraer a estos tiernos conciudadanos donde cualquiera puede deleitarse oyendo a los grupos musicales «la polla rekord» o «semen para todas» entonar deliciosas baladas en limpio castellano que llevan por título «the hip hop band» o «all together now». O disfrutar con sosiego, en la tarde parda y fría, de un vídeo, producido por una cadena privada española y justamente galardonado con un premio de «marketing y autopromoción», que lleva el castizo título de «Twin Peaks».

¿Qué contestan los sesudos sociólogos de la encuesta a la jamás interrumpida apartura de bares y pubs? ¿Es que no debemos pasear con modestia, sí, pero, qué caramba, con legítimo orgullo el título de país con más establecimientos de bebidas por metro cuadrado del mundo? Alguien dirá: no se abren bibliotecas ni en el centro de las ciudades ni mucho menos en los barrios. ¿Y qué? ¿Han entrado los aguafiestas que así razonan alguna vez en un bar? A buen seguro, no. Porque si lo hubieran hecho, sabrían que los bares y los pubs españoles son lugares donde también es posible la formación esmerada y rica: se puede oír una canción de lo sesenta principales en la radio, ver un partido de basket en la televisión, sacar tabaco de una máquina que habla, probar la suerte en otra que produce gratos ruidos y, además, ejercer la civilizada e higiénica costumbre de echar al suelo toda suerte de mondas y despojos. Todo al mismo tiempo para hacer más fructífera la visita y al modesto precio de un cortado. Por si algo faltaa, no hay tarde o noche en la que la radio o la televisión no difunda los detalles del emocionante encuentron entre los equipos de Dakota del Norte y Georgia, pr los que en España se siente justificada pasión. Saber culminar la jornada en una hamburguesería degustando un Dumpper doble es ya algo que sólo se alcanza cuando se han escalado, con fructífero esfuerzo, elevados promotorios de cultivado progreso.

¡Si esto es atonía cultural, yo soy corneta de un batallón de zapadores del ejército búlgaro!

 

 

Publicado en: Blog, Soserías
Un comentario sobre “¿Atonía cultural?
  1. -¿tú tienes cultura refinada?.
    -Yo soy culto a secas ¿Qué es refinada?.
    -¿Pero no sabes lo que es cultura refinada?.
    -No.
    -Es comerte de forma sensible y fina una hamburguesa gigante chorreante de grasa y no mancharte la camisa.
    -Yo no soy refinado.
    -Yo tampoco y lo siento.

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