Sexismo en la música

Por los lugares de España, donde estos días estivales se celebran fiestas en las que hay bailes y músicas, empieza a difundirse la vigilancia sobre las letras de las canciones con contenido “sexista”, es decir aquellas que degradan a la mujer o dan una imagen que no las “visibiliza” adecuadamente. ¿Quién ejerce esa vigilancia? Personas y personos que ostentan la competencia adecuada por atribuírsela las ordenanzas y leyes y que ellas / ellos hacen muy bien en ejercerla no dejando pasar ni una.

¡Hasta ahí podríamos llegar: que al hilo de un bailongo, alegre y bullidor, una persona / persono estuviera -sin percatarse de ello- rebajando la dignidad del sexo femenino!

A mí me recuerdan a una autoridad de los tiempos del caudillo quien, provisto de un lápiz rojo, tachaba en las letras de las canciones que se oían en su jurisdicción todo aquello que fuera procaz o malsonante, sobre todo si se referían a zonas muy celebradas de la anatomía femenina. Después de tantos años, se rescata a ese funcionario y se le coloca a la luz de la bujía democrática.

Por si las personas y personos que están en esta noble cruzada no se han percatado, me permito recordarles el mucho bien que pueden hacer si consiguen limpiar el menosprecio a la mujer que contienen las óperas más representadas, para vergüenza de todos, en los teatros del mundo entero.

Pueden empezar con Cosí fan tutte escrita por un machista irrecuperable apellidado Mozart que se atreve, en esta odiosa pieza, a divulgar la especie de que “así hacen todas” es decir, que las mujeres son insustanciales y casquivanas y ponen cuernos con despachada frivolidad. Ya poco antes, este mismo Mozart, había puesto, en boca de un cantante en su obra Las bodas de Fígaro, que las mujeres “son rosas espinosas, zorras graciosas, osas benévolas, palomas malignas, maestras de engaños …” y no sé cuántos disparates más. De verdad: ¿qué se espera para actuar contra el tal Mozart y su libretista Da Ponte?

Otro graciosito que se llamaba Verdi crea en Rigoletto un duque de Mantua que viola a una joven, una ópera esta -en rigor, una cochinada- donde se oyen arias como “Questa o quella” y sobre todo “La donna è mobile” en las que se muestra un absoluto desdén hacia las mujeres, poco más que unos seres destinados a satisfacer los deseos sexuales de los hombres, “plumas al viento” sin capacidad alguna de aparejar un discurso razonable. Y no cito La traviata porque quiero acabar este artículo en paz y, si la abordo, temo perderme atrapado en una cólera mayor que la de Aquiles (de la que habla Homero, otro de quien por cierto habremos de ocuparnos algún día).

Y es que los italianos no tuvieron miramientos porque uno, que decía llamarse Rossini y que no debía de haber pasado de dar nombre a unos canelones, se atrevió también a desacreditar a la mujer en obras como El turco en Italia donde hay un diálogo sobre la compraventa de mujeres que es mejor olvidar.

Un compinche suyo, que murió sifilítico y bien empleado lo tuvo, un tal Donizetti, en L´elisir d´amore, llama a la mujer el muy desvergonzado “animal verdaderamente extravagante”. Así como suena. ¿Qué se espera -de verdad- para que caiga sobre esta obra un decreto de prohibición y sobre su autor una condena airada y rotunda? ¡Que se exhume su cadáver y se aviente el polvo de sus huesos!

E cosí via, que es como dicen los italianos etcétera -ya que de infame ópera en italiano hablamos- porque podíamos seguir y seguir …

De manera que pido a las personas y personos que han iniciado tan noble tarea de limpieza de disparates en la música que no desfallezcan porque tienen el apoyo de quienes somos, acaso no más, pero sí mejores.

Y además que sepan que aquella frase, recordada por Sansón Carrasco a don Quijote, traída cualquiera sabe de dónde, según la cual “el número de estultos es infinito” no va con ellos / ellas.

 

 

Publicado en Blog, Soserías

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