Animaladas

Ahora que ha ganado tanto respaldo popular en los Países Bajos el partido animalista y cuando en nuestro Congreso de los Diputados se amontonan fecundos debates sobre las colas de los perros y la naturaleza jurídica del gato que tenemos ronroneando en casa, es hora de meditar sobre los cambios que se avecinan en nuestras costumbres y que hemos de saludar con alborozo. Porque son muestra de la superación de una época de barbarie que la Humanidad ha protagonizado.

De momento se impondrán sanciones a quien se le ocurra decir que alguien “se ha puesto como una pantera” para expresar su estado de irritación. Un respeto a la pantera que tiene sus prontos, es verdad, como cada cual pero eso no es razón suficiente para denigrarla como un ser colérico ni sañudo. O aquel otro de quien decimos, sin darnos cuenta de lo que de afrenta tiene para las aves que cruzan despreocupadas el firmamento, que es “un pájaro de cuenta”.

Pues ¿qué decir de quien descalifica las hechuras de otro ser humano afirmando que es “feo como un mono? Es verdad, se me dirá, que el mono no es modelo de un sujeto apuesto, de uno de esos galanes de la pantalla que electrizan con razón a las mujeres, pero ponerle como el paradigma de la fealdad, el rien ne va plus del desaliño estético, esto es insultar al pobre mono que se contenta con comer cacahuetes y masturbarse de vez en cuando, al fin y al cabo como cualquiera de nosotros.

O la costumbre -deplorable- de llamar a la mujer que ha perdido sus hechuras en el trasiego de los partos y de los muchos cocidos que ha preparado, llamarla, digo, “foca” o “cetáceo”. ¿Es que las focas o los cetáceos no tienen su aquel, no son capaces de desplegar movimientos que pueden evocar el galopar de las olas en un mar bravío?

Y a quien se califica de “rata” ¿qué se quiere decir con ello? El Diccionario ya puede estar cambiando la tercera acepción del significado de esta palabra donde se puede leer: “persona despreciable”. ¿Se puede admitir esta descalificación firmada por los señores académicos que son todos ellos, por sus múltiples saberes y delicadas aficiones, “ratones de biblioteca”? Rata es un ser despreciable pero ratón de biblioteca es, según ellos mismos, un “erudito que con asiduidad escudriña muchos libros”. ¿Nos damos cuenta del despropósito? ¿Qué espera la vanguardia animalista para propinar un buen pescozón a estos distinguidos sabios?

Viene el tiempo que nos dejaremos por fin de la bromita de “jugar al ratón y al gato”. Para jugar usaremos lo que sea pero no a estos seres delicados que merecen el trato de colegas de la divina Creación.

Y así podríamos seguir. Porque víbora es, de nuevo según la Docta Casa, “persona con malas intenciones”. ¿Cómo se defienden las víboras de semejante insulto? ¿Llaman entre ellas a las más desalmadas “persona” o “funcionario excedente” o “magistrado”? Me parece que esos reptiles son bastante más educados y considerados que todos nosotros con nuestras finuras culturales y nuestras hipocresías de rebotica.

En fin, todo esto, con ser grave, tiene arreglo pues a base de multas moderaremos nuestro lenguaje.

Me preocupa lo que se afirma en el Antiguo Testamento (Génesis) porque allí está escrito lo que Dios dijo a sus hijos: “imponed miedo y terror a todos los animales de la Tierra, a todas las aves del Cielo y a todos los peces del mar. Todo cuanto se mueve y tiene vida sobre la Tierra os servirá de alimento …”. Así como es obligado  para la Academia cambiar el Diccionario, rectificar el Génesis solo se puede encomendar con éxito al Congreso de los Diputados que ya tiene así tarea para el próximo período de sesiones.

Que la palabra correcta sustituya a la palabra de Dios.

 

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Publicado en Blog, Soserías
Un comentario en “Animaladas
  1. Sanrtiago Trancón dice:

    Acertadísimo y de gran finura literaria. Los mostrencos nise enterarán, pero hemos de defendernos de ellos con artículos así.

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