Oración fúnebre por UPyD

Todo lo que está ocurriendo estos días en UPyD tiene gran interés político pero no suscita la menor sorpresa porque la catástrofe que está viviendo este partido se veía venir desde hace meses: por los observadores políticos, por los votantes, por los ciudadanos que se nos acercaban en la calle a quienes somos rostros algo conocidos… por todos excepto por los miembros -obtusos, obsesos y obstinados- del Consejo de dirección del partido -con un par de excepciones-.

Se está aireando ahora mi artículo -publicado en agosto del pasado año en este diario- en el que me atreví a plantear un acercamiento a Ciudadanos: “Es verdad -decía- que se trata de dos partidos distintos pero existen los suficientes puntos de encuentro entre ellos para pensar en la redacción, por expertos capitaneados por Rosa Díez y Albert Rivera, de un compromiso electoral común basado en 10 o 12 acuerdos primordiales. UPyD, conviene recordarlo, ha tenido como emblemas de sus campañas Lo que nos une o La unión hace la fuerza: pues bien es hora de demostrar que se cree en ellos y que no han sido puros embelecos electorales”.

A pesar de que esta propuesta iba envuelta en el celofán del máximo respeto a Rosa Díez y a los importantes logros políticos de UPyD, de los que estoy convencido, se desataron contra mí las furias, esas tres diosas vengadoras de la mitología romana que, en este caso, tomaron la forma siniestra de insultos, descalificaciones e injurias. Irene Lozano me escribió una carta -publicada en este mismo periódico- en la que empezaba por llamarme “mezquino”, hacía todo tipo de insinuaciones ruines y acababa… prefiero no acordarme; Carlos M. Gorriarán utilizaba Twitter para insultarme todos los días durante dos meses, y Rosa Díez convocó un Consejo político en el que, en su presencia complacida, varias decenas de sus miembros me estuvieron vapuleando durante seis horas. Orador hubo que, sin haber acabado el bachillerato, me descalificó incluso en términos profesionales. Esto por no hablar de los afiliados que, con su propio nombre o escondidos en el anonimato, acompañaban en las redes sociales, en su condición de corifeos, lo que propalaban los jefes.

Pero en ese Consejo político Rosa Díez no pudo evitar que se aprobaran unas bases para la negociación con otras fuerzas políticas, cabalmente Ciudadanos, en la línea por mí defendida. La obstinación de los negociadores de UPyD llevó a la ruptura de las relaciones con Ciudadanos en medio de una catarata de descalificaciones contenidas en 40 folios repartidos a la prensa. Las personas con sindéresis advirtieron -advertimos- que quien rompiera esos tratos iba a pagarlo en términos de votos pues la ciudadanía que nos es cercana jamás lo entendería. Y así ha sido y de una forma espectacular.

Orillando otros detalles posteriores o coetáneos, se desemboca en mi destitución como portavoz de la delegación de UPyD en el Parlamento Europeo, puesto que desempeñaba por haber sido el cabeza de lista en las elecciones de mayo por voluntad de los afiliados expresada en las correspondientes primarias. Decidí entonces darme de baja en el partido y renunciar a mi acta de diputado.

A los lectores de este artículo que no hayan seguido estas peripecias con detalle quiero señalarles que, con mi artículo de agosto, quería expresar simplemente una preocupación política. Y era la de que en el escenario español contamos con dos partidos grandes (PP y PSOE) y dos pequeños (UPyD y Ciudadanos) que están a favor del orden constitucional y de la democracia representativa y son defensores críticos de la Transición; dos partidos nacionalistas que sueñan con destruir el Estado e incluso separar los territorios donde obtienen sus votos de España; y dos partidos -Comunista y Podemos- cuyas ilusiones políticas acampan claramente extramuros de la Constitución y de la democracia representativa.

Es decir, que trataba de llamar la atención sobre la necesidad de reforzar la alternativa política representada por UPyD y Ciudadanos, supuesto el desgaste colosal que sufren los grandes partidos por causa de la corrupción y de las pruebas contundentes de su financiación irregular. En ese escenario, UPyD y Ciudadanos debían ser emisores de un mensaje simple pero difícil: avanzar en la construcción de un orden constitucional renovado, basado en la moderación, en el estudio sereno de los problemas sociales y económicos así como en la búsqueda de soluciones lúcidas y sensatas, “esas -decía- que saben aventar con un cortés corte de manga todo aquello que ronde a la superficialidad o busque el parentesco con la extravagancia”.

No me atribuyo virtud alguna pues, si la tuviere, en todo caso, sería como la de Montaigne, “inocente, accidental y fortuita”.

Lo cierto es que el calendario siguió marcando su ritmo implacable y, un buen día, la señora presidenta de la Comunidad autónoma de Andalucía decidió convocar elecciones en aquel territorio. Preciso era poner a punto las candidaturas y la campaña y pronto empezaron a publicarse las encuestas relativas a estos comicios. En ellas, sin discrepancia alguna, se advertía la magnitud del descalabro que se avecinaba para UPyD; poco antes, el diputado asturiano Nacho Prendes había abandonado el Consejo de dirección del partido; los parlamentarios europeos Fernando Maura y Enrique Calvet declaraban un día detrás de otro que era necesario cambiar de rumbo; y muchos afiliados se hacían oír tímidamente apuntando, con los medios a su alcance, críticas a la dirección nacional de UPyD.

Nadie les hizo caso y cuando las urnas se abrieron el pasado domingo las caras de los autores del desaguisado debieron de convertirse en una contorsión de asombro.

Pero ello no ha impedido que Rosa Díez, en rueda de prensa, haya anunciado que aquí no ha pasado nada y que se sigue tocando la misma partitura. Ya veremos lo que ocurre estos días pues hay convocado un Consejo político y es imposible que no continúen los movimientos de dirigentes y afiliados.

Mi previsión es que los territorios donde está presente UPyD, que son todos los de España, se irán distanciando poco a poco de la dirección del partido de suerte que, en poco tiempo, es probable que los directivos nacionales se conviertan en generales sin oficiales ni soldados. Es decir, se declararán “independientes” y tratarán de salvar los muebles como puedan: bien formando candidaturas propias, bien uniéndose a las de Ciudadanos. En tal caso, lo que queda de la dirección nacional del partido, podría adelantarse -para evitar mayormente el ridículo- y declarar la autocefalia de las agrupaciones territoriales de UPyD al modo como hacen en las iglesias orientales cristianas los patriarcas que deciden liberar las provincias eclesiásticas del yugo de su autoridad.

Un consejo me permito dar aquí a los dirigentes de Ciudadanos en mi condición de viejo y de haber vivido la disolución del PSP de Tierno en el PSOE: los afiliados de UPyD que deseen integrarse en las filas de Ciudadanos deberán hacerlo uno a uno y superando un minucioso expediente de ‘desgorriarización’.

Y a Rosa Díez, cuyo papel relevante en la política española siempre deberá serle reconocido por todo español sensible así como su arrojo y valentía, me atrevo a recomendarle que relea la novela ‘Doña Perfecta’ de don Benito Pérez Galdós.

(Publicado en el periódico El Mundo el día 26 de marzo de 2015).

Publicado en Artículos de opinión, Blog
3 Comentarios en “Oración fúnebre por UPyD
  1. luis bosch gimenez dice:

    DOÑA PERFECTA HA DECIDIDO SUICIDARSE CONTRA LA MONTAÑA . NOSOTROS NOS BAJAMOS DEL AVION . MENOS MAL QUE NOS HA AVISADO ANTES DE INICIAR HOY SABADO 28 DE MARZO SU ULTIMO VUELO . ME TEMO QUE VA HA SER UN UN SIMPLE REVUELO ALICORTO Y MIOPE ….. LO DEJAMOS EN GALLINACEO…

    PARA LOS QUE DESEEN CASA DE ACOGIDA TIENEN UN ABANICO DE POSIBILIDADES. YO ME INCLINARIA POR LA PUERTA QUE DEJO TEMBLANDO AL SALIRSE DE LOS BRAZOS DE BONO Y ZAPATERO. PODEMOS EXAMIRAR SI SON VERDEDERA OPOSICION O COMPARSAS–MARIACHIS DE LA FROILAN Y EL SR. REGISTRADOR DE SANTA POLA. LBG

  2. viejecita dice:

    Sólo decirle que le sigo leyendo, y que le sigo deseando lo mejor ahora y en el futuro.
    Y que Muchas Gracias.

  3. Su artículo de agosto era algo más que una llamada de atención. Incluía una acusación pública de autoritarismo contra Rosa Díez y su partido (“envuelta en celofán”, eso sí) que no ha tenido respuesta.

    Visto desde fuera, como espectador atónito, no sé que me molestó más, si que se lanzase una acusación así en un diario público sin más explicaciones o que el partido, en lugar de pedirlas, reaccionase con un ataque furibundo contra su persona. Si autoritarismo había, entiendo que lo habría desde hacía tiempo, antes incluso de su elección como candidato a las Europeas. ¿O entonces no había autoritarismo y meses después sí lo había? En todo caso, desde el punto de vista del votante, preocupante, muy preocupante.

    Lo de los insultos y descalificaciones personales de sus excompañeros –como ya le escribí en otra ocasión– mejor olvidarlos. Lamentables de todas, todas. Penoso.

    Imagino que, aunque haya dejado de militar en UPyD, estará de acuerdo en que no tenemos partidos así en España. El proyecto de UPyD no es el mismo que el Ciudadanos aunque tengan puntos en común. Sería una muy mala noticia para todos que ese proyecto “muriese”. Ojalá lo recompogan y sigan adelante.

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