UPyD: texto y contexto

El diario El Mundo me publica este artículo de opinión:

Desde una modesta organización ciudadana, surgida en el País Vasco para luchar contra el terrorismo y desenmascarar a sus cómplices, nació el partido Unión, Progreso y Democracia, cuyas siglas UpyD forman parte del actual paisaje español y de nuestro vocabulario político. Gracias al valor y al esfuerzo personal de Rosa Díez esta formación está presente hoy en el Congreso de los diputados, en algunas Comunidades autónomas, en muchas Corporaciones locales, en el Parlamento europeo … Como expresivamente dijo la propia Rosa en alguna ocasión, Upyd era una frágil embarcación que se hacía un hueco entre los grandes paquebotes dominantes en la política española.

La empresa no ha sido fácil y los sinsabores que ha tenido que sufrir su fundadora ya están escritos con tinta dolorosa en las páginas de la historia de España. Es el precio que ha debido pagar por atreverse a desafiar, armada con el utillaje de sus argumentos, al sistema político nacido en la Transición y perforar el mundo hostil y compacto crecido a su amparo. Rosa ha querido ser ignorada por el paisaje pero ella, como ocurre con algunos actores de teatro, ha sabido sacar la cabeza por un rincón del escenario para hacerse visible.

Su creación, Upyd, se identifica con el partido que la ciudadanía liga a la lucha contra el peligro que los nacionalismos suponen para la estabilidad de España y del Estado, también contra los excesos y despilfarros que ha propiciado y propicia el sistema autonómico y, en general, con el intento de regeneración de una democracia, la magnitud de cuyas manchas ahora estamos comprobando con calambres de cólera.

Pero Upyd ha sabido además, y en pocos años, fabricar una respuesta convincente a los problemas generales de la sociedad y así en sus publicaciones, en las actividades de sus grupos de trabajo y en los acuerdos de sus Congresos se pueden hallar las ideas que sus afiliados han tejido sobre la educación, la energía, el campo o la ganadería, la gestión forestal, la sanidad, la economía y las finanzas, la defensa, el urbanismo etc. Lo digo y lo escribo con conocimiento de causa y con la conciencia, que quiero dejar bien clara, de que mi participación en toda esa vasta obra ha sido muy modesta.

La pequeña odisea de Upyd es así, en su humildad concentrada en el tiempo reciente de esta España desgreñada, una odisea nimbada por el éxito.

La historia sin embargo está buscando siempre mármoles flamantes en los que escribir sus planes y por eso se impone meditar acerca de los ritmos nuevos que se avecinan.

En este sentido, me limito a coincidir con muchos expertos al señalar que las pasadas elecciones europeas han significado un revulsivo inesperado de nuestro panorama político. Dijérase que, cuando afrontábamos una cita electoral de escaso atractivo y lo hacíamos con las legañas sin limpiar a conciencia y los ojos nublados por ellas, la vida que se ha asomado tras las urnas nos ha sacado del sopor y nos ha lanzado a un presente que tiene algo de abismático.

Para Upyd, pese a su aumento de diputados en Estrasburgo, ha supuesto un pequeño varapalo pues no ha sabido recoger votos de la masiva y un poco humillante pérdida de votos de los grandes paquebotes, pero es que además ha germinado un movimiento que, gracias a sus habilidades, a su respuesta sencilla a problemas complejos y a la atención atolondrada que le prestan algunos medios, puede acabar estrellándolos contra el acantilado.

Eso no es malo en sí porque la democracia se diferencia de los sistemas autoritarios en que en ella existen ventanas que, de vez en cuando, se abren y airean el ambiente. El problema se halla en la baja calidad de las propuestas nuevas y en el aire demagógico que las hincha como a un globo de feria. Y en el efecto que sobre otras formaciones políticas está teniendo, a alguna de las cuales la vemos ya dando tumbos a la espera de que algún milagro le haga recuperar la mesura perdida.

Upyd cuenta además con la entrada en escena de un competidor en su mismo espacio, ocupado por votantes muy próximos, que es el partido de los Ciudadanos de Cataluña. Nacido en aquella región ha tenido la valentía de presentarse en el ruedo nacional cosechando un éxito estimable pues son dos los diputados que se sientan en los escaños europeos.

Adviértase que, de resultas de todo ello, hoy tenemos básicamente: dos partidos políticos grandes (PP y PSOE) y dos pequeños (Upyd y Ciudadanos) que están a favor del orden constitucional y de la democracia representativa y son defensores -críticos pero defensores- del legado de la Transición; dos partidos nacionalistas que están, como siempre, por la destrucción del Estado e incluso por la separación de España de los territorios en que obtienen sus votos; y dos partidos -comunista y Podemos- cuyas ilusiones políticas acampan claramente extramuros de la Constitución y aun de la citada democracia representativa.

Las aflicciones que padece el pueblo español son tan acuciantes que la estrategia, vista desde los partidos pequeños constitucionales aludidos y desde los mensajes de las encuestas de opinión, resulta clara: es preciso unir esfuerzos y lograr un acuerdo entre ellos para acudir a las próximas elecciones locales y autonómicas y, después, a las generales. Como dijo Fernando Savater, con justicia el maître à penser de Upyd, con ocasión del segundo congreso de esta formación política (noviembre de 2013), “precisamente por la madurez y fortaleza alcanzada por Upyd es llegado el momento de acercarse a alguna otra formación política emparentada con nosotros”.

Es verdad que se trata de dos partidos distintos pero existen los suficientes puntos de encuentro entre ellos para pensar en la redacción, por expertos capitaneados por Rosa Díez y Albert Rivera, de un “compromiso electoral común” basado en diez o doce acuerdos primordiales. Upyd, conviene recordarlo, ha tenido como emblemas de sus campañas “Lo que nos une” o “La unión hace la fuerza”: pues bien es hora de demostrar que se cree en ellos y que no han sido puros embelecos electorales.

Sabiendo por supuesto que ambas organizaciones padecen defectos y carencias: Ciudadanos no cuenta con una respuesta propia, elaborada en congresos democráticos, a los problemas sociales en su conjunto; y Upyd debería liberarse de las prácticas autoritarias que anidan en su seno, prácticas que desembocan en la expulsión constante de afiliados o en su sepultura en vida cuando deciden permanecer en sus filas acogidos a un ominoso silencio.

Porque lo que está en juego es algo que a muchos nos convoca con premura: la necesidad de reforzar la alternativa política representada por estas dos organizaciones, respetando la singularidad de cada una de ellas, para avanzar en la construcción de un orden constitucional renovado, basado en la moderación, en el estudio sereno de los problemas sociales y económicos así como en la búsqueda de soluciones lúcidas, esas que saben aventar con un cortés corte de manga todo aquello que ronde a la superficialidad o busque el parentesco con la extravagancia.

Se impone pues actuar libres de ridículos y obstinados sectarismos, extemporáneos en la grave hora presente.

Creer en la unión y en el progreso desposados con una ciudadanía movida por las turbinas de la razón es acaso una ingenuidad pero es una ingenuidad fecunda. Es más: solo un ejército de ingenuidades como esta será capaz de traernos una España en la que habite el menor número posible de venenos.

 

Publicado en Artículos de opinión, Blog
8 Comentarios en “UPyD: texto y contexto
  1. Ezequiel Cala dice:

    gran articulo. opino igual que ud. un abrazo y saludos desde Navarra.

  2. -Sabes UPyD fue una Gran idea y ha apuntado problemas que nadie apuntaba.
    -Es verdad pero nada ni ninguna organización es perfecta y ¿ cómo mejorar las imperfecciones?.
    -La mejor manera es no hacer oídos sordos a quién apunta a ellas.
    -La Democracia es eso ¿no?.
    -Sí.
    -¿Qué piensas de la unión con Ciudadanos?.
    -Habría que pensarlo porque por encima de UPyD y su pureza idearia están los problema urgentes de España y sus ciudadanos.
    -Viva la Democracia y la Razón.
    -Viva.

  3. Entiendo por “sectarismos” actitudes intransigentes en la forma de pensar de los miembros del partido. No sería demasiado grave. La intransigencia se puede trabajar y superar.

    Habría que aclarar si con “prácticas autoritarias” se refiere también a actitudes o a formas sistemáticas de trabajar dentro del partido. Entiendo con se refiere también a actitudes. De lo contrario, si sería algo realmente problemático.

    Un saludo desde Málaga.

  4. Antonio Valverde dice:

    Soy afiliado no seguidor de flautistas. No comparto las reacciones públicas de algunos de nuestro ilustres. Más que por lo de C’s se han molestado por “las prácticas autoritarias que anidan en su seno” demostrando con ello que algo hay cuando el río suena. No es el primero que lo dice y no somos ciegos ni sordos aunque abundan los mudos. Espero que aguante este chaparrón a la intemperie siguiendo entre nosotros con la libertad de que presumen, y que los que manejan el tinglado abran pronto un canal en el “área privada” de la web para que afiliados inteligentes, que somos todos, podamos tratar temas internos sin necesidad de cortar la tela y aventar los trapos a la vista ajena. Un cordial saludo de uno del 36.

  5. San Andrés del Rabanedo (León) dice:

    comparto lo que dice el eurodiputado de UPyD y paisano mio. en esta localidad sufrimos mucho sin entrar en detalles y la verdad no nos lo mereciamos porque trabajamos mucho y muchos ahora upyd trabajo nada y sin nadie. el tiempo pone a cada uno en su sitio. a buen entendedor con pocas palabras basata.

  6. Su artículo ha provocado mucha polémica y reacciones enfrentadas. La respuesta de Irene Lozano creo que no fue la más adecuada, por cuanto alude demasiado a cuestiones personales. Mejor olvidarla y no seguir por ese camino. Ha habido otras reacciones demasiado personales y virulentas pero, lo dicho, mejor olvidarlas también. Sus últimas puntualizaciones me han parecido correctas.

    Polémicas al margen, me parece intuir que existe en algunos miembros del partido el temor justificado de que un pacto electoral con Ciudadanos podría desvirtuar los principios originarios sobre los que se asienta UPyD. Como usted dice en su blog, ha costado mucho llegar hasta donde han llegado, por lo que son comprensibles el celo y la prudencia.

    De todas formas, aunque quizás UPyD y Ciudadanos no presenten las condiciones apropiadas hoy por hoy para llegar a un compromiso electoral viable y respetuoso con sus militantes y sus respectivos programas, personalmente vería con buenos ojos que se explorasen las posibilidades a medio o largo plazo. Ambos partidos, pese a sus diferencias, comparten un nicho electoral común de ciudadanos preocupados por la regeneración democrática de España.

  7. Consuelo dice:

    Le conocí a usted en el rectorado de bilbao, en la calle Simón Bolívar, siempre al lado de nuestro Martín Mateo. Sería por el 79 u 80, creo recordar. Yo trabajaba allí al tiempo que iniciaba mis estudios universitarios. Y allí aprendí de Ramón Martín Mateo algo muy estimable sobre el trato digno a los administrados,

    En horas extrañas en las que se leen cosas desenfocadas y algo infames solo quería decirle que siempre le tuve por alguien elegante, en el sentido moral.
    Con respeto.

  8. ¡Vaya historia ha traído este artículo, Francisco! Lamento que el desenlace no haya sido (supongo) el más deseable por ambas partes.

    Personalmente me encuentro muy alejado de la polémica interna de su partido (o ex-partido), así que puedo opinar con cierto desapego y sin sentimentalismos. Visto desde fuera, toda esta historia me ha parecido verdaderamente tristísima. Creo que lo que realmente molestó a sus compañeros no fue que sugiriese un acercamiento a Ciudadanos, sino su insinuación (o acusación) de prácticas autoritarias dentro de UPyD.

    Hasta cierto punto resulta natural que se molestasen, es una acusación muy grave. Pero deberían haberle pedido explicaciones por su pública insinuación y no dedicarse a menospreciarle a nivel personal. Esto, sin duda, me ha parecido lo más triste y lamentable. Especialmente porque los representantes de UPyD siempre me han parecido (todavía me lo parecen) personas muy razonables y que defienden sus ideas con fundamento. El ataque personal está fuera de lugar y es algo peor que miserable. Diría que resulta hasta pueril.

    Le deseo lo mejor en su nueva etapa fuera de la política. Seguiré leyendo su blog. La política puede ser importante, muy importante, pero no lo es todo ni lo fundamental. ¡Buena suerte!

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