Escenas históricas X: el motín

EL MOTIN

1

-No puedo creer lo que me dice Su Caridad.

-Como lo oye, Sor Angela.

-Pero el Señor no lo permitirá. ¿A donde hemos llegado,Virgen del Amor Misericordioso?

-Son como bárbaros. Peor que bárbaros. Me ha dicho el Padre que todos los rezos deben hacerse con la intención de que Dios nuestro Señor tuerza la voluntad de estos herejes.

 

El claustro estaba iluminado por una luz pálida que convertía las piedras hieráticas en símbolos de pureza. La frase musical la ponía el bisbiseo de las religiosas y el suave cimbreo de los cipreses, muy altos porque en realidad eran flechas que señalaban el camino de la vida eterna. En las tumbas, cerradas con lápidas de mármol rojizo, descansaban glorias antiguas y se paseaban lagartijas modernas.Trascendía la tufarada del cercano establo cenobial.

Apareció la lúgubre estameña del vicario, la ponzoña hepática asomada al semblante, amarillo como trigal agostado.

 

-He sabido de muy buena tinta que el Padre Confesor va a intervenir. Los masones tienen cercado el Trono, hermanas.Pero estamos seguros de que Nuestro Señor acabará llevando la luz a la regia voluntad.

 

La noticia corrió apaciguando los ánimos exaltados de los de la cogulla. Una bonanza expectante se apoderó de los cabildos, las clausuras y los noviciados. Las cábalas y suposiciones triscaron de abadía en abadía, de priorato en priorato. En muchos refectorios quedó suspendido el silencio para poder comentar la última noticia.  Al cielo llegó una interminable melodía de oraciones, preces, jaculatorias, relaciones y fervorines. Se establecieron guardias y turnos para rezar rosarios y salterios.Se impetró la celestial ayuda para la católica majestad y la condenación eterna de los impíos en las preces de las misas conventuales. Se hicieron ejercicios de mortificación destinados a gobernar los sentidos alterados, a vencer la ira, a reprimir la impaciencia. Cundió, como disciplina, el beso de pies, se ciñeron cilicios y se vistieron trajes aflictivos.

 

2

 

– Se dice, Ilustrísima, que en el Retiro.

-¿En el Retiro? ¡Qué desvergüenza!

-Comprenderá su Ilustrísima que esto ha llegado demasiado lejos.

-Demasiado, reverendos padres, demasiado.

-Existe una indignación general que su Ilustrísima será el primero en entender. Hemos pasado por lo que hemos pasado y eso su Ilustrísima lo sabe mejor que nadie pero esto…esto es, como ofensa gratuita, la gota que colma el vaso. El vaso de nuestra paciencia y de nuestra mansedumbre que es infinita como nos impone Nuestro Señor. Pero ¡todo tiene un límite!

-La francmasonería está infiltrada en los aledaños del Gobierno. Se lo he dicho a O’Donnell pero cree que son figuraciones mías.

-La causa de este último e incalificable atropello radica en que circulan por el regio Palacio las obras de Voltaire y que hay ministros que leen a Dupuis y a Volney.

-Así lo creo yo también, reverendos padres.

-Es urgente dar aviso a Su Eminencia, el nuncio.

-¡Y al Santo Padre,si es preciso!

-Nos consta que Su Ilustrísima tiene muy buena mano con ellos.

 

Se inclinaron con respeto las cabezas, nimbadas por resplandores evangélicos, de los reverendos priores, rectores y abades.

El regio confesor, don Antonio María Claret, acreditada careta eclesiástica, austero, trapacista, ríspido y mandón se pasó la mano derecha por la cabeza para acabar poniéndola sobre la boca. Pensaba la manera de impedir aquella ofensa. Juntó las manos ante el pecho, rezó unas oraciones, se vistió el manteo, se ajustó el sombrero de canal y salió.

3

 

Abandonaba el despacho de su regia penitente el ministro de la Gobernación, don José Posada Herrera, anguloso asturiano, apaciguado por honores y prebendas pero de conocida estirpe librepensadora. Con regalado arrumaco besó la venosa y virtuosa mano de don Antonio María por cuya tonsurada cabeza pasó el alarmante pensamiento de si no estaría don José entre quienes holgaban en el real aposento.

Cuando doña Isabel II vió entrar a don Antonio María su corazón zozobrante se alegró:

-Los políticos me aburren, Padre.Me piden decisiones, nombramientos, deshacer enredos…Su presencia, sin embargo, me conforta, me tranquiliza.

-Preocupada debería estar su Majestad y no aburrida.

-¿Qué ocurre,Padre?

-La francmasonería está alojada en Palacio y ahora aspira a un acto afrentoso que, de consumarse, llevará a su Majestad a la condenación eterna.

-Pues ¿qué es?

-Se intenta levantar en el Retiro una estatua a Mendizábal. ¡A Mendizábal,Majestad! Al rufián que despojó a los religiosos y malversó sus bienes. ¡Al impío, al volteriano y francmasón de Mendizábal! Y todo eso ante los ojos de su Majestad.

-No tenía noticias…

-Están todas las casas de religiosos y religiosas en pie de guerra, si así se puede decir, ante la ignominia que se avecina de no mediar su Majestad e impedirlo.

-Nada sabía. En realidad, Mendizábal…

-Mendizábal era un Satanás con frac. Consta que estaba endemoniado…

-¡Jesús!

-He hablado con el Nuncio y con muy enérgicas palabras me ha preguntado por las irregulares expansiones de Su Majestad…

-¡Es secreto de confesión!

-…y me ha comunicado la seráfica irritación de Su Santidad y su paternal determinación de imponer a Su Majestad severísimas penas canónicas.

-¡Qué crueldad!

 

Bailaban en la mente de la regia dama espectrales demonios e imaginaba sus hermosos ojos azules heridos por luces satánicas cuando, entre sollozos que hacían balancear su cumplido pecho, prohibió que se erigiera la estatua.

En acción de gracias, se sucedieron las misas, las novenas y los trisagios que subían al cielo dibujando laureles de victoria.

 

 

Publicado en: Blog, Soserías
Un comentario sobre “Escenas históricas X: el motín
  1. -Con la Iglesia hemos topado.
    -Frase histórica.
    -Viene a cuento porque aún la Iglesia tiene gran influencia.
    -Sinceramente creo que ahora no tanto.
    -Habita en el subconsciente colectivo….
    -Entonces cuidado sí tiene influencia.
    -Cuanto trabajo le cuenta abrirse camino al pensamiento libre.
    -Demasiado diría yo.

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